Antes de la apoteosis de unión temporal con Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat realizó los primeros conciertos de 100 x 100, gira con el simple acompañamiento de su guitarra y de su mano derecha, el pianista Ricardo Miralles. Fue una disculpa extraordinaria para cantar algunos clásicos de su repertorio, en teatros de poco aforo. Hoy, el catalán regresa a Colombia para dar dos recitales en ese formato íntimo.

¿Qué le queda de la gira a dúo con Sabina?

Un recuerdo fantástico del compañero y del público, la satisfacción de no haberme equivocado y el afianzamiento de una amistad.

En 2005, usted le concedió a Colombia el privilegio de ser el primer país latinoamericano en la gira 100 x 100. ¿Cómo recuerda ese estreno?

Fue en Medellín, durante un encuentro entre esa ciudad y Barcelona. Para mí, esos festejos fueron una bisagra de dos de mis cariños, Cataluña y Colombia.

¿Por qué decidió cantar solo con piano y guitarra?

Este es un regreso a un planteamiento musical de cuando Ricardo y yo éramos jóvenes. Yo empecé solo con la guitarra, luego vino a sumarse su piano. En 2005, tras trabajar una gira sinfónica con más de 70 orquestas alrededor del mundo, decidimos pasarnos al otro lado, en busca de la esencia de la canción, reduciéndolas a esta aparente sencillez.

¿Hubiera sido posible esta gira con algún otro de sus pianistas de cabecera, como Josep Mas 'Kitflus', o Manel Camp?

Sería otra gira totalmente diferente. Es más, se hubiera podido hacer con los tres, pues con ellos hay una relación más allá de lo artístico. Podemos gozar juntos sin pecar.

Últimamente también lo hemos visto concentrado en su viñedo. ¿Se parecen las canciones al vino?

Se parecen en que pretenden ser creaciones artísticas. Otra cosa es que lo consigan, pero tienen esa aspiración, porque se mueven alrededor de los sentimientos y las sensaciones.

¿Existe algún método a la hora de componer?

Si existe, lo desconozco. Ya no se sabe a quién se le atribuye la frase aquella que dice: "Si me llega la inspiración, que me encuentre trabajando". Yo prefiero tomar el sol que trabajar, pero así, con esfuerzo, es como nacen las canciones. El artista busca que lo que haga esté de acuerdo con lo que quiere y lo haga feliz.

¿Son muchas las canciones que deja de cantar? ¿El veredicto del público tiene que ver en eso?

Lo que más he hecho en la vida es desechar. Cuando una canción no me gusta, no entra al repertorio. El público no es homogéneo. Hay cosas en las que coincide, para bien o para mal, pero ya entrado en lo particular, cada quien se hace las canciones a su medida.

Mediterráneo, sin duda alguna, es la más importante canción de habla hispana. Pasado tanto tiempo, ¿qué tan propia la sigue sintiendo?

A Mediterráneo jamás la he sentido ajena. En cuanto a su valoración, todo es relativo y provisional. Así que lo que se dice de ella no hay que creérselo del todo.

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