Yo quiero ponerme a hacer canciones porque no sé qué hacer por la mañana con los sonidos que he soñado en la noche.

Escribir ya no me basta. No se me da del todo mal si ando en la buena, pero mis palabras no tienen música de fondo y cuando las leo en voz alta me salen tartamudas. Cantadas, en cambio, suenan mejor porque cuando canto no me trabo, tampoco cuando rezo. El cura que me confesaba en el colegio me ponía a orar tres padrenuestros y dos avamerías para expiar mis pecados, y me salían de lo más de bien. Yo quiero que mis canciones suenen como mis plegarias de la infancia.

Desde niño quise hacer música, aunque entonces no lo sabia. Creía que mis gustos eran jugar fútbol y montar en bicicleta. Y lo eran, pero lo que más deseaba era inventar canciones. Mis padres nunca me metieron a lecciones de piano, a lecciones de nada en realidad. No eran como los otros papás que tenían a sus hijos en clases de karate, de natación, de pintura. Por eso busco tutoriales gratis en internet y pago de mi bolsillo clases particulares después de viejo.

Yo quiero aprender a tocar New coat of paint y componer canciones de ese estilo, que es lo que me sale. No me veo como Gloria Estefan, capaz de reunir a cincuenta mil personas en un estadio para decirles que se pongan a bailar la conga.

Tú que tocas piano sabes a qué me refiero. Te odio por eso, porque además de tener mucho de lo que yo busco eres también lo que yo no soy: una música, frustrada quizá, pero algo es algo. Yo, en cambio, soy un frustrado y punto.

Tal vez todo sería más fácil si supiera de música. Me tendrías haciendo cosas tan bonitas como cursis, tipo Somersault, porque aunque quisiera inventar para ti una The rain song de nuestros tiempos, debo aceptar que mi talento no da para tanto.

Intercambiaríamos canciones, propias y ajenas. Tú tocarías esa de Erik Satie que te sabes, o la de Coldplay que tiene un video que va todo el tiempo al revés. Yo trataría torpemente de sacar adelante Briony ante tu atenta mirada, o la versión que hace Don Henley de Come rain or come shine.

Algún día tendríamos una pelea -por mi culpa, seguro- y yo compondría una canción para que me perdonaras, justo como hizo Hendrix cuando le criticó a su mujer la forma en que cocinaba y la única forma de que lo aceptara de nuevo fue haciendo para ella The wind cries Mary. Al final de todo, ya redimido, te follaría como se folla Brad Pitt a Helena Bonham Carter en el Club de la pelea, corazón. Igual de salvaje, pero en una cama más limpia.


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