¿Ya le ha pasado? Viernes de rumba. Usted quiere impresionar a una vieja, así que la lleva a Sayaka, en la 80 con 11 ¿Por qué? Porque en este momento es uno de los bares más exclusivos y famosos de Bogotá. Todo pinta bien: llegan al lugar cerca de las once de la noche. Pero el más serio de los cuatro gorilas de gabardina negra que están parados frente a la puerta le dice que no puede entrar. Usted no da la talla para Sayaka. Usted acaba de ser víctima de un 'filtro'; un procedimiento que consiste sencillamente en pararse en la puerta y no dejar entrar a las personas que puedan dañar el ambiente del lugar. Esa es la labor de los bouncers (rebotadores). Y los de la gabardina, los que no lo dejaron entrar, son bouncers. Hablé con los dueños de Sayaka para que me dejaran acompañar a sus bouncers durante una noche. Sayaka abre jueves y viernes. Yo fui el viernes, que es el día más fuerte. Todos, incluidos los dueños, están citados a las ocho y media de la noche para organizarse. A las diez y cuarto suena la primera canción, indicando que Sayaka está abierto. A las 11 ya hay una nube de gente frente a la puerta. El que no lo dejó entrar a usted se llama Jairo. Tiene 23 años y durante el día dirige con su familia el cine club El Muro. Estudió serigrafía en el Sena y, además de ser bouncer, peluquea perros a domicilio. Los otros tres gigantes, Ricardo, Leonardo y Daniel, son hermanos. Ricardo tiene 30 años, está casado y tiene tres hijos; y Daniel, el menor, está en noveno semestre de economía en la Universidad Católica. Las reglas son claras: entran los que causen una buena impresión a los 'filtros'. No entran grupos de hombres solos, ni gente mal vestida, ni traquetos, ni tipos que se las vengan a dar de nada. Jairo, respaldado por dos de los dueños de Sayaka, hace el filtro; Ricardo cobra el cover, Leonardo hace la requisa con Yayana, un churrito de 20 años encargada de las mujeres, y Daniel hace la vigilancia arriba, en la fiesta. El peor puesto es el de Jairo. A él le toca decir quién entra y quién no, y durante toda la noche tiene que soportar insultos, amenazas, las viejas que le coquetean para que las deje entrar, los famosos que creen que por ser famosos pueden entrar con quien quieran, como quieran y sin pagar. Es el único que no se puede mover de su puesto y cada noche recibe uno que otro vasado de ron en la cara. Los bouncers tienen que ser grandes, no pueden tomar trago, ni enrumbarse y, sobre todo, deben tener toda la paciencia del mundo para poder evitar las peleas a toda costa. Un bouncer promedio gana entre 13 y 24 mil pesos por noche. Ellos trabajan directamente para Sayaka; pero los bouncers suelen ser contratados por medio de empresas de logística como The Riddler y Open. A la una, cuando todo se normaliza, la noche comienza a pasar lentamente. El frío es atroz. Ricardo me dice que hemos tenido suerte. Que lo peor es cuando llueve porque les toca seguir en el mismo lugar con un paraguas y sin un toldo que los proteja. A las tres y media de la mañana yo ya estoy rezando por que todo termine. Pero no es sino hasta las cuatro o cinco de la mañana que se apaga la música y se encienden las luces. Mientras la gente sale y ellos se cambian, se va una hora más. Cuando todos salimos, ya está amaneciendo. Los tres hermanos se van a desayunar a la 82 con 14, y Jairo, el serio, el que no lo dejó entrar a usted, coge un taxi solo para su casa en Germania. "Yo sé que escoger quién entra y quién no es lo más injusto del mundo", me dice, "pero cuando uno ve a la gente salir feliz diciendo que lo mejor de Sayaka es el ambiente, usted siente que lo que hace está bien". Cuando Jairo llega a su casa, usted apenas se está levantando, porque hace rato que ya amaneció. Cero rumba, cero trago y, eso sí, toda la paciencia del mundo para lidiar con la gente. Todo por no más de $24.000 la noche.

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