Muchas veces las hemos visto sospechosamente ubicadas en la mesa del fondo con un trago en la mano, discutiendo siempre con fervor y al doble de revoluciones por minuto que el más audaz de los narradores deportivos y, sin embargo, aún es difícil adivinar sobre qué diablos pueden hablar cuatro amigas que se juntan durante horas en un bar de la ciudad. Algunos podrían intuir que todo aquello que gravite el mundo de las relaciones con los hombres es susceptible de pasar, con toda seguridad, al ruedo de sus conversaciones: los amantes —propios o ajenos—, las citas, los ‘ex’, el matrimonio, los celos y, principal e inevitablemente, el sexo.
No obstante —y como ocurre con la mayoría de los asuntos femeninos—, casi ninguno de nosotros alcanza a sospechar el voltaje que ellas manejan cuando están reunidas y nos vuelven blanco de sus discusiones. Nos es difícil imaginar cómo conspiran, cómo le describen a sus cómplices cada detalle de sus relaciones sexuales, cómo interpretan cada palabra que les decimos, cada experiencia y, en general, todo aquello que rodea sus relaciones con sus parejas.
Para nosotros ésta ha sido, durante años, quizás una de las caras más desconocidas del mundo femenino. Hasta hace poco, para descubrirla, hubiéramos tenido que llegar al punto de infiltrar un
micrófono en alguna de sus carteras. Pero la aparición y el éxito de la comedia Sex and the City —que recrea perfectamente las conversaciones de cuatro amigas solteras que se reúnen para hablar de sexo, hombres y citas— no sólo nos da pistas de esa faceta oculta del mundo femenino sino que también prueba que la realidad puede ser mucho más interesante que la ficción. Los comentarios favorables de la prensa norteamericana y los más de tres millones de televidentes cada semana son la muestra de que, cada cierto tiempo, aparece un programa de televisión que refleja el sentimiento y la identidad de un momento cultural, ya se trate de Seinfeld; Betty, la fea o Ally McBeal.
Ciertamente, esto es lo que ocurre con Sex and the City. Algunos opinan que se trata de una “comedia de antropología sexual”, que describe con honestidad las aventuras amorosas, los anhelos, las frustraciones y la neurosis que comparten muchas mujeres solteras que sienten correr su reloj biológico en una ciudad que rinde culto obsesivo e implacable a la juventud y a la belleza. En realidad, el show muestra el sexo desde el punto de vista femenino; un territorio muchas veces desconocido por los hombres y hasta ahora poco explorado por los medios. Nuestro espíritu aventurero nos debe llevar ahora a descubrirlo
—si es que queremos sobrevivir—, pues sin duda ellas seguirán siendo el eje del mundo masculino y nuestra fuente suprema de inspiración.

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