En la azotea de un viejo edificio sobre la 85 queda Armando Records. Se dice que es el mejor bar de Bogotá, el más cool, el más play, el que salió reseñado en una revista neoyorquina por su originalidad, según un mito urbano que corre por ahí. Para ver si tanta maravilla es cierta pasé por allá un sábado por la noche con una amiga, Juanita. En nuestro primer encuentro con los bouncers, tal vez los personajes más memorables del sitio, nos dijeron que no podíamos entrar, que todo estaba reservado. Hicimos caritas, "pero, señor, somos dos niñas". Eso seguido de pucheros, los conmovió y nos dejaron pasar.

A medida que se acercaba la medianoche el sitio empezó a llenarse. La música tiene un volumen decente y se puede hablar, eso es vital porque aquí la gente quiere mostrarse; en el sitio pulula la farsándula publicitaria, que son como los únicos del gremio de carreras creativas que pueden pagar un cover de 15.000 pesos no consumible. Hay que decir que Armando es caro, y es un bar que pide que uno se emborrache, en parte, para que el discurso publicitario coja sentido y los chicos que invitan a tragos parezcan encantadores, y así poder ofrecer una sonrisa sincera al agradecer el refill de whisky.

Los que nos invitaron a tragos se alegran de que todo sea terraza, pues se puede fumar, y se quejan de que no haya datáfono. ¿Y qué es lo malo? Que a la entrada queda La Trampa Vallenata, nos dicen. De salida preguntamos a los bouncers de Armando, nuestros viejos amigos, que ya estaban dejando entrar a gente sin reserva, cuál era el criterio para negar o permitir la entrada. Después de insistir un rato uno confesó el secreto y es que a Armando no entra gente que entre a La Trampa Vallenata. Claro, es que en Armando, como en Bogotá, se está más cerca de las estrellas.

En La Trampa Vallenata, que queda un piso más abajo en el mismo edificio de Armando, no hay cover, y la gente baila pechito con pechito. Parecen felices. Las paredes sudan por el vaho propio de todo sitio de chucu chucu. La mayoría del personal es bien camisiabierto, y también nos invitan a tragos. En realidad nos dan la misma lora que los manes de Armando, con la ventaja de que si aceptas bailar con ellos, se callan.

La Trampa es consecuente y sincera con su propio concepto: un lupanar de vallenato en una calle poblada de menesterosos, ladrones y prostitutas de una ciudad desbaratada y sucia del tercer mundo. Con un bar play en el piso de encima.

Concluyo entonces que el nombre de los chuzos es intercambiable. En La Trampa, casi invariablemente se arma verguero, y Armando es una trampa, en la que cae incauto todo el que quiera inflar pecho, reafirmarse como un clásico de la fauna nocturna bogotana, a cambio de pagar un cover caro que no se justifica con ningún espectáculo más allá de la comedia de jóvenes sibaritas que se sienten en la terraza del mundo cuando bailan lo que estaba de moda hace dos años en Nueva York.armando en cuatro tragos.

Las instalaciones

El sitio es bonito, la terraza es amplia, tiene muchas chimeneas que lo mantienen calientito, acaso demasiado cuando el dancing está en su apogeo. Los baños están limpios y tienen papel, y no hay una señora mirándolo a uno sospechosamente, como en InVitro.

La música

Esta noche el DJ es Armando Gonzales, Armandito digámosle para no confundirnos. Nos contó que la idea de los dueños es que en Armando se ponga rock, en el set de Armandito hay mucho Yeah Yeah Yeas, The Ting Tings, The Killers, MGMT y algunos clásicos de los ochenta. El trago

Pedimos whisky, no había Sello Rojo y nos dieron Something. Al parecer ese es el trago más pedido, o al menos eso dijo la barman. Además del cucaracho, que es un shot de ron, licor de café y brandy, flameados. Un martini vale 16.000 pesos y una cerveza nacional, 7.000.

La gente

Recuerde bañarse y acicalarse. No lleve sombrero vueltiao ni camisa de flores. Cargue tarjetas de presentación, plata y tenga a mano una buena historia de cómo tuvo que decirle a un portero "¿Usted no sabe quién soy yo?" para camuflarse entre la pasarela.

Dirección: Cl. 85 N.O 14- 46, piso 4

Teléfono: 300 552 5430

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