¿Saben qué hay en un clóset? Todo aquello que queremos no sea visto por personas indiscretas y mojigatas. Es un armario empotrado, según la Real Academia. Los hay walking-closets por comodidad y para dejar ver al visitante todos aquellos zapatos y camisas que abundan como parte del ropero. Y los hay de pared, siempre cerrados, ocultando varios de nuestros secretos: este es el verdadero clóset.

Estoy con Magdalena y con Ana en mi casa quemando pico y placa con un par de jugos de fresa en la mano, hablando de sexo, de qué más. Ana no ha opinado, es más, está un poco molesta porque los temas siempre terminan en la cama. Después de que describo explícitamente mi último polvo con Jose se para Ana con su barrigota por delante ?está a punto de dar a luz?. Va a la cocina, abre una lata de Águila y con el sorbo en la boca dice sin respirar: "Mi esposo se dejó de excitar".

Dejamos el jugo a un lado y destapamos una cerveza. Las últimas tres veces Ana le bajó los pantalones y casi se atora tratando de ponérselo erecto. Yo pensé que después de diez años de matrimonio las relaciones sexuales bajaban, pero, ¿en apenas dos años de matrimonio? No puede ser.

"Hacele un streap tease. Yo tengo unos calzones rojos de encaje fuerte que se lo para a cualquier man".

"¿Cómo me voy a desnudar? Con esta barriga se lo bajo de una", dijo Ana.

Siempre pensé que la técnica del blow-job era mágica, pero parece que con bebé a bordo no. Le dijimos que se tocara en frente de él, que alquilara películas porno. Pero esto en vez de animarla la deprimió más, agarró su cartera y se fue.

Hubo un silencio total. ¿Qué estaría pensando Magdalena? ¿Lo mismo que yo? ¿Se acaba el sexo después de mucho sexo?

Llamé por teléfono a Jose y le dije que estaba en la cama desnuda, con la luz roja prendida y la cama casi mojada; apenas me dijo que ya venía para acá le dije que no, que estaba de salida. Sólo quería reafirmar que todavía me deseaba. Oí por ahí a Magdalena en el teléfono hablando con su novio Javier.

Semanas después, estoy en una fiesta vallenata donde mi amigo Guillo, y llegan Ana y su esposo Juan. No pude sino pensar en Ana, no ha hecho el amor en meses, se va arrugar, le va a dar la malparidez y se va a volver como esas señoras depresivas amigas de mi mamá. Me tomé tres aguardientes y me senté al lado de Juan. "¿Cómo va todo?", le pregunté. "Bien", respondió. "¿Y el trabajo?". "Ahí vamos". Me tomé otro aguardiente y le dije: "A las mujeres nos gusta tirar pero, sobre todo, que nos hagan el amor". "A los hombres nos gusta tirar", respondió. "Bien", le dije, "pues tire con su mujer". "Ya estás borracha", me dijo. Lo agarré del brazo y le solté mi angustia: "Las mujeres embarazadas fueron las diosas entre nuestros indígenas, a ellas se las admiraba y las deseaban con el corazón, con las uñas. Llévese a su mujer al baño, bájele los pantalones, súbale la camisa y ámela. Lámala hasta quedar seco, déjese hacer un blow-job, búsquele el misterio a la noche? si le da temor, intente por detrás, sálgase del clóset, empelótese, corra por las calles desnudo". Así fue, Ana llegó sonriendo al próximo pico y placa caminando distinto: nunca se imaginó hacerlo por detrás. Le dolió hasta el alma pero descubrió otra forma de amar con placer.

Y usted, si no lo ha hecho, llegue a su casa y saque todos esos guardados que tiene en el armario, quémelos con pasión, camine en la casa sin ropa, mastúrbese delante de su mujer y haga el amor con fuerza, es un sexo-amor. Cuando cierre los ojos no se imagine a nadie, vea a la mujer que está enfrente de usted y véngase con el alma. ¡Hagamos una revolución! Quitémonos la ropa y besemos desde el cuello hasta la punta de los pies.

Después de la fiesta, llegué a casa y Jose de la borrachera se volteó en posición cucharita dejando su cola al aire, me le acerqué, le besé hasta el último hueco, lo miré a los ojos y le hice el amor. Me vine más de tres veces, oral, verbal y anal. Abramos ese clóset, amemos y dejémonos llevar por el sentido del placer, es la suma de los otros cinco y nos da una razón para vivir.

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