1 A pesar del optimismo (comprensible) de los funcionarios de gobierno, resulta por lo menos exótico que digan cosas como “despegan las locomotoras” o “la locomotora de (…) va viento en popa”. No es que el idioma lo prohíba, pues despegar, a pesar de preferirse para cohetes y aviones, también quiere decir iniciar. Y viento en popa, que originalmente se refiere al viento que sopla a favor del destino del buque, también significa buena suerte. No, no es que no se pueda. Es más bien que cuando mucho se dice que una locomotora tiene viento en popa o despegó seguramente solo lo hizo en la lengua de quien así lo asegura.

2 El juicio de Colmenares, que tiene todo menos de juicioso o de ejercicio de la justicia. Y, de paso, reproducir en los medios cada tanto la foto en la que el desdichado muchacho estaba disfrazado para una fiesta.

3 La costumbre de hacer una fila de carros por las vías para acompañar las carrozas fúnebres. ¿Por qué tiene que llegar todo el mundo al mismo tiempo escoltando a un muerto y taponando las vías?

4 Todo informe de la Secretaría de Movilidad de Bogotá incluye al principio, en el intermedio o en la despedida la frase “fluye con normalidad”. A la gente hay que creerle. ¿O no?

5 Echarles a los encuestadores el agua sucia de las derrotas en urnas.

6 Los periodistas que preguntan a los padres de alguien asesinado si perdonan a los victimarios. ¿A qué es que están jugando? Primero, es de mal gusto y, segundo, es una presión indebida a una persona vulnerable.

7 Hablar de “nativos digitales”. La verdad es que los jóvenes de hoy lo que son es esclavos digitales: nada los despega de una pantalla, un teléfono o unos audífonos. Todo lo que dure más de un minuto o pase de dos párrafos no les interesa.

8 Aquello de pedirle a un entrevistado que cuente una anécdota.

9 Creer que una “victoria de la democracia” sea ver alcaldías y gobernaciones en manos de delincuentes.

10 Pagar más por leches que no saben a leche (o pensar que se le pueda sacar leche a una almendra).

11 Antecederle las palabras “con los” a algo tan sencillo y directo como “buenos días”.

12 Que Angelino no se resigne a un retiro digno.

13 Creer en la fuerza de una Bogotá Humana que no pudo garantizarle al Polo ni siquiera la segunda votación para preservarse al frente de Bogotá.

14 Los eufemismos para disimular las crisis y los fracasos… por ese camino hablamos de gente que se “reinventa”.

15 Quienes promueven el exótico método de la chocolaterapia para los pies.

16 Las ciclorrutas bogotanas: mal tenidas, sin continuidad y sembradas de obstáculos para el ciclista.

17 La cuña radial de la señora que averigua en una farmacia, sin equivocarse, por media docena de productos de Natural Freshly… ¡y luego le pregunta al dependiente para qué sirven!

18 No rendirles un homenaje setentero de admiración a los padres de aquel candidato que no llegó a los 200 votos para el concejo de Sogamoso, pero que nos emocionó con su nombre de indudable poder nuclear: Estiv Ostin Merchán Medina.

19 Seguir a Timochenko en Twitter y comenzar a sentirlo como parte de la vida de uno.

20 Natalia. Tiene nombre, pero no apellido.

21 Las iglesias católicas, cristianas y, en general, centros de reunión masiva para la fe a los que se permite funcionar sin ofrecer parqueaderos a sus fieles.

22 El show anual de la discusión del salario

mínimo.

23 Que el momento fulgurante de Raisbeck en su carrera política haya sido una pataleta por la edición de un video.

24 No poder combinar deporte y costumbre saludables sin usar la palabreja esa de fitness.

25 Los Avengers del ministro Luna (si no sabe qué son, ni averigüe porque se va a juagar de la risa).

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.