Tomando aceite de oliva

Un líquido un poco menos denso que el aceite de motor resbaló por mi garganta y me dejó con una película grasa en las paredes de la boca. Dicen los expertos que el aceite de oliva ayuda a no caer tan pronto en ese estado festivo, cantarín, en el que solemos aterrizar quienes tendemos a las borracheras pertinaces. Después de 18 aguardientes (poco menos de tres cuartos de botella) ya estaba torciendo los ojos y cantando una canción que no me sabía. Al día siguiente, a pesar de acudir frecuentemente al baño, y no precisamente a lavarme las manos, el guayabo fue pasivo, sin dolor de cabeza ni debilidad.

Tomando agua

Seamos francos: me tomé una botella de aguardiente y dos litros de agua al tiempo, y ha sido el peor guayabo de toda mi vida. Los que dicen (que son muchos, me consta) que hidratarse mientras uno bebe previene el guayabo, nunca han probado el aguardiente. El problema está en que es un guayabo atípico. No hay sed, el estómago está medianamente receptivo a comidas ligeras, pero se siente como si toda el agua ingerida se hubiera ido a la cabeza.
 
Tomando leche

Poco tengo que decir del tal vaso de leche, salvo que me dio una gastritis que a nada estuvo de volverse úlcera. El guayabo, ni pasivo como el del aceite ni cabezón como el del agua, fue más bien normal. El estómago vuelto mierda (literalmente), la cabeza apagada y el cuerpo en letargo total. Lo de siempre.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.