Colombia ha sobrestimado y malintrepretado a sus traquetos. No es verdad, amigo foráneo, como tal vez le han dicho, que el estilo de vida de ellos sea la norma en Colombia. ¿O es que ha visto gente sacando al parque a un león o a señoras con un enano de mascota? ¿Acaso los colombianos cavamos huecos en nuestros jardines para depositar ahí la prima navideña, jardín del que, además, son habitués los Rolling Stones?

Lo que pasa es que el traqueto es un líder de opinión en Colombia. No entiendo por qué los expertos en mercadeo a través de redes sociales no los han reclutado. Porque, aceptémoslo, es gracias a ellos que el anhelo de un día tener una burbuja 4x4 une a los colombianos incluso más que el juego-ritual del amigo secreto. Gracias a ellos las quinceañeras ya no piden anillos de oro sino tetas de última generación y el vocablo ‘gonorrea’ pide a gritos ser aceptado en la Real Academia.

Pero muy pocos colombianos logran su estilo de vida. Déjeme y le cuento, gringo, que un buen porcentaje de mis compatriotas se gastan sus días pedaleando cuentas de cobro, batiéndose contra insensibles operarios de call centers o insolados dentro de un carro en el trancón de la operación retorno. ¿Cuándo, pregunto, se ha visto a un traqueto en estas?

Y también han sido malinterpretados. Se dice que son insensibles. Falso. El traqueto es un tipo muy sensible, a la luz, por ejemplo. No la soporta y por eso alterna siempre entre gafas negras y vidrios polarizados. Insisten que son burdos, que no tienen temperamento artístico. Injurias. El verdadero traqueto es creativo. Por ejemplo: cuando llega la hora de escribirles epístolas a sus enemigos: prefiere la técnica collage con letras recortadas de revistas. Y ha trabajado como ningún otro artista el tema de las figuras geométricas dando pie a una nueva escuela de la plástica contemporánea: el neocubismo tropical; camas redondas, piscinas en forma de corazón y apropiación de la luz mediante atrevidos juegos de espejos. Sabe llevar al límite las posibilidades del vidrio negro, del estuco veneciano y el mármol de Carrara. Es, sorpréndase, heredero de Magritte. Así como este sostuvo que “ceci n’est pas une pipe”, ellos tienen cómo demostrar que “ceci n’est pas un homme, c’est une mule”.

No es cierto tampoco que vivan apegados a los bienes materiales. Adeptos a la línea espiritual Osho-Duque Linares, viven el aquí y el ahora. Basta ver sus hogares: neveras con apenas un limón —una vez fue alias ‘Limón’ el que se escondió ahí— y una colombiana de cuatro litros; colchones con solo una sábana arrugada y clóset con apenas una camiseta manga sisa y un par de chanclas. Y es que el traqueto no ha dejado morir su niño interior. Compra cuatrimotos, molesta a las gatas y juega a las escondidas americanas con desafortunados desenlaces en ocasiones. Adicto a la adrenalina, es ante todo un hombre del siglo XXI, cultor de deportes extremos como el aterrizaje de avionetas sobre pendientes con vacas o regatas nocturnas en lanchas go fast.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.