Conducir en Bogotá es una proeza. Cualquiera que lo haya experimentado podrá constatarlo. Por ello, el turista que intente competir con nosotros en medio de la jungla vial colombiana debe tener en cuenta ciertos códigos de supervivencia cuyo desconocimiento puede poner en peligro su integridad física y moral.

En nuestra ciudad, el carro es un símbolo de estatus y poder. Dime en qué te movilizas y te diré quién eres; motos, tractomulas, mezcladoras de cemento, zorras, bicicletas, buses, taxis y automóviles particulares luchan entre sí por un espacio. Manejar en Bogotá exige decisión, astucia y nervios de acero. Competir por un lugar en la vía requiere además de una gran habilidad. Ante todo, es necesario saber que nunca se debe mirar a los ojos a los demás conductores, pues es percibido como un acto de debilidad. Para hacerse a un lugar en la vía hay que proceder con una mezcla de naturalidad y agresividad. El espacio no se solicita, se lucha y se gana; y una vez ganado, debe defenderse a toda costa. Las bocinas, los chiflidos de los ciclistas y los insultos de los peatones son la música ambiental del tráfico bogotano. Para no amilanarse se recomienda sintonizar la radio o hablar por celular, ya que eso permite aislarse de la contaminación auditiva.

La siguiente regla que debe tener en cuenta el novato turista-conductor es que los peatones son sus enemigos declarados. Pasar una calle a pie se considera una insolente invasión del espacio vial y quien se atreva a hacerlo debe ser amedrentado por la osadía de inmiscuirse en las vías que han sido construidas para uso exclusivo de los usuarios automovilísticos.

Esperar con paciencia a que un peatón termine de cruzar la calle una vez el semáforo ha cambiado de rojo a verde es considerado síntoma de debilidad y genera indignación por parte de los demás conductores. Por ello, al reiniciar el recorrido es imperativo expresar el rechazo con una embestida vehicular acompañada de un insulto verbal o digital. En caso de transitar por vías despejadas, si algún ignorante peatón se atreve a cruzar la calle aprovechando que no hay coches a la vista, el conductor que venga por la vía debe acelerar su vehículo con el fin de recordarle al transeúnte que está invadiendo un espacio que no le pertenece y obligarlo a salir despavorido.

El turista que se aventure a manejar en Colombia debe saber que entre nosotros no existe señalización vial. Es por esto que es apenas normal que la indicación de salida de una vía se encuentre situada varios metros después; sorprender a alguien que intente dar marcha atrás en una glorieta o en una vía arteria no debe extrañar al visitante. También es común encontrar una valla que anuncie “Unicentro” sin ninguna indicación de cómo acceder a este centro comercial o divisar en alguna esquina de Bogotá un lacónico e inútil aviso que advierta “Tunja 138 km”.

Un turista que se encuentre en Los Héroes, por ejemplo, y decida desplazarse al centro de la ciudad utilizando como guía la señalización urbana puede acabar en Fusagasugá.

En Bogotá, al igual que en otras ciudades latinoamericanas, padecemos atascos de tráfico y somos acosados por vendedores ambulantes. Pero además de bienes de consumo se ofrecen servicios muy particulares. Puede aparecer alguien que golpea las llantas del carro con un palo de escoba para verificar que se encuentran en buen estado, o que se acerca a los conductores de buses con una libreta en la mano para informarles qué tan lejos o cerca se encuentran sus competidores de ruta.

En Bogotá, las reglas y prohibiciones de tráfico no rigen para automóviles lujosos ni para funcionarios públicos que utilicen escoltas o vidrios polarizados. El turista debe saber que las camionetas 4X4, los vehículos oficiales y los ciudadanos que tienen conductor están exentos de su cumplimiento. Estacionar en la vía pública, sacar dinero de un cajero automático o esperar al jefe a la salida de un restaurante es una actividad lícita para estas personas.

Las motocicletas son piezas claves del tráfico bogotano. Para tener licencia de conducción es obligatorio utilizar un chaleco fluorescente y casco protector con el número de placa y contar con la destreza suficiente para desplazarse por entre el torrente vehicular, esquivar los espejos retrovisores de los automóviles, frenar en seco, sobrepasar buses y taxis, y mantener al mismo tiempo el equilibrio con el acompañante.

Finalmente, es conveniente recordar que nuestro sistema de nomenclatura vial utiliza dos versiones: la antigua y la nueva. Por tanto, si intenta llegar por sí solo a algún lugar tendrá que buscar dos direcciones y deberá conocer la diferencia entre transversal, diagonal, paralela, carrera, avenida, calle, park way, circunvalar y otras denominaciones. Mucha suerte.

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