Me vibra

Uno la invita a almorzar porque le tiene ganas desde hace como un año. Es muy buen público porque se ríe de todas las bobadas que uno le dice. Así que en el restaurante se pide traguito, se come rico y poco a poco uno busca la manera de tergiversar absolutamente toda la conversación para que como embudo, cualquier tema que ella trate de poner sobre la mesa fluya sutilmente hacia el sexo. Después de muchos sorbitos de trago y después de que uno dice frases que lo sorprenden más a uno que a ella por la capacidad inventiva, la cosa va por buen camino. Ya estamos hablando concretamente de ese tema guardado desde hace 365 días. Ella ya no está dudando tanto. Así que uno le plantea la logística para hacerle todo más fácil. A ella le preocupa no volver a la oficina por la tarde. Pero los argumentos que uno tiene merodean la ridiculez con frases como: "Vida no hay sino una", "La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella" o "Nadie sabe para quién se baña". Finalmente, ella dice que bueno pero sin jacuzzi porque se le moja el pelo y después eso es para problemas. De manera espontánea-inducida, ella acepta. Así que uno no pide postre porque esto lo que quiere es sal. Socio, ¿nos regala la cuenta? Y en medio de una etílica sonrisa entre los dos, a ella le vibra el Blackberry porque le entra un correo electrónico de la oficina en el que le preguntan si todavía tiene tarjetas de presentación con el logo viejo. Ella les responde agradeciendo que le hagan 500, de las nuevas. El mesero trae una cuenta más larga que los argumentos de uno. Tarjeta, espera, datáfono, espera, firma, nos fuimos. Pero, después de que ella acaba de escribir el mail, hace cara de: ya me dieron ganitas de devolverme juiciosa para la oficina… ¿me llevas? Delete.

Me pita

Cuando veo gente usando un Blackberry creo que se autoperciben como seres privilegiados, como la parte más alta de la cadena alimenticia, pero en realidad son esclavos que de lunes a domingo cargan un híbrido entre celular y minimáquina de escribir que mediante pitos les ordena todo el tiempo qué es lo que tienen que hacer. ¿Quiere tener un empleado trabajando 24 horas y que solo le cobre ocho? ¡Póngale un Blackberry! Van en sus carros haciendo zapping entre el panorámico y una minipantalla sin darse cuenta de que son otros los que les manejan sus vidas. Tienen síndrome de secretarias. Les parece una maravilla que les entren mensajes de sus jefes y de sus subalternos todos los días del año. Les fascina andar dando respuesta inmediata a lo que les preguntan. Creen que se ven muy interesantes redactando mensajes con los pulgares, mientras intentan enfocar letricas. Y ni hablemos de los que fueron a comprarse un Blackberry por convicción, porque una cosa es querer que los negocios estén en sus manos y otra muy diferente es dejarse meter el dedito. Send.

Me emputa

Pero ahí no para todo. Creo que lo que más me molesta de los Blackberry es que son aparatos muy buenos para conocer los malos modales de la inmensa minoría. No hay nada más patán que uno esté en una oficina pidiéndole permiso al jefe para faltar unos días ya que la mamá de uno se mató en un accidente aéreo y de repente al doctor se le empiece a escurrir la mirada. Uno se queda callado porque piensa que se está quedando dormido por la historia aburrida pero uno se levanta un poquito de la silla y descubre que tenía un Blackberry en la mano, que reposaba sobre su regazo y que necesitaba echarle un vistazo a la pantalla. Ante el pequeño silencio y sin mirar a los ojos, él le dice a uno: Siga… Siga… Acabe de contar. Pero la verdad, preferiría que en vez de revisar su Blackberry, de manera sutil me dijera: ¿Sabe qué? Su historia me importa un culo. Si su mamá estuviera viva y buena, yo mismo la entierro. Lo mejor que puede hacer es salirse ya mismo de mi oficina y largarse a sepultar a esa vieja asquerosa antes de que empiece a oler feo y luego si quiere, tómese unos días libres para ver cuánto billete le puede sacar a esa hijueputa aerolínea, ¡Huérfano de mierda! Spam.

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