Lo que realmente odio del mundo según Facebook es el concepto de amistad que logró introducir. Casi que su eslogan debería ser "con amigos así, para qué enemigos". Porque la amistad solía ser una hermandad de pocas personas en las que uno confiaba a ciegas. No que agregaba a ciegas. "Tener un amigo no es cosa de la que pueda ufanarse todo el mundo", decía Antoine de Saint-Exupéry, el autor de El Principito. Pues bien, mi querido Antoine, dile al enano ese que habita tu planeta de mentiras que se baje de esa nube porque hoy, gracias a Facebook, es posible tener más amigos que una pinche rosa, un baobab y tres volcanes. Gracias a Facebook, la amistad es justamente todo lo contrario a tu teoría: es la posibilidad de tener de amigos a aquellos que no son tus amigos. A esos que nunca quisiste que fueran, a esos que jamás lo serán y, sin embargo, lo son ahora.

Hace algunos años a nadie le interesaba tener tantos amigos. ¿Quién, salvo Roberto Carlos, hubiera querido tener un millón de amigos en 1974? Y como si fuera poco "para así más fuerte poder cantar". Hoy, gracias al sampling no es necesario contratar corales del tamaño de Armenia. Y gracias a Facebook, el millón de amigos no es un sueño sino una espantosa realidad en la que muchos trabajan arduamente. Basta ver el numerito que hay encima de la sección de amigos para darse cuenta de cuántos se tienen. En el mundo según Facebook, mientras más amigos, más popular se es. El escritor español Pío Baroja solía decir que "solo los tontos tienen muchas amistades. El mayor número de amigos marca el grado máximo en el dinamómetro de la estupidez". Aunque la frase es sabia, Baroja murió en 1956. Hoy no hay ni dinamómetros, ni gente que lea a Pío Baroja.

¿De dónde apareció este nuevo concepto de amistad? Es posible que venga de finales de los ochenta, cuando sonaban esas canciones de la movida madrileña como la de Objetivo Birmania que decía "los amigos de mis amigas son mis amigos". Aun así, en ese entonces había que poner la cara, no la foto. Ahora no es necesario el contacto visual con los amigos, que a veces tiene sus ventajas. Ni se necesita reconocer su voz o haber compartido algún momento de la vida. Hoy, gracias a Facebook, no se necesita ser amigo para ser amigo. El poeta Ralph Waldo Emerson aseguraba que "la única manera de hacer un amigo, era serlo". Error, mi querido Waldo. La única manera de hacer un amigo es adherirlo. ¿Quieres ser mi amigo? ¡Oprime aquí! La adhesión suena a campaña política. Tal vez por eso, la amistad en Facebook sea tan sólida, sincera y transparente como la política misma. Y tal vez por esa misma razón Armando Benedetti tenga 4700 amigos, aunque dudo que le alcancen.

La otra posibilidad es que este tipo de amistad virtual esté basada en esos afiches y libros de Ediciones Paulinas que promueven el concepto de que "Jesús es tu amigo". ¿Amigo? ¿Amigo como para ir a tomar cerveza y hablar de viejas? Hace años era difícil entender cómo una persona que no existía más que en el ciberespacio, a la cual nunca habíamos oído hablar y cuyo único referente visual era una foto donde salía un tipo con barba y una corona de espinas, pudiera ser amigo de uno. Pero he entendido que Jesús siempre fue mi amigo. De hecho fue mi primer amigo virtual. Mi primer amigo tipo Facebook. De no haber sido crucificado, con solo ver su perfil habría sabido que quería ser su amigo. Jesús is… en todas partes; Ciudad de origen: Galilea; Situación sentimental: en una relación abierta; Busco: amistad, contactos profesionales; Creencias religiosas: creo en mí; Actividades: curar enfermos, hacer milagros; Libros favoritos: La Biblia; Citas favoritas: "Padre, ¿por qué me has abandonado?" y "Perdónalos porque no saben lo que hacen". A través de él habría podido adherir a los 12 apóstoles y las once mil vírgenes. Pilatos is… lavándose las manos; Nerón is… decapitando niños. Y Judas no habría tenido que venderlo por 30 monedas. Le habría bastado hacer clic en "Denunciar a esta persona" o en hacerle una solicitud de beso. María Magdalena, ¿situación sentimental? .

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