Cuando supe de tus peripecias, hablaban de ti como el ‘Niño del millón de dólares‘, apodo que te persiguió hasta hace poco. Menos mal te lo quitaste de encima porque ese señalamiento hoy le puede sentar mal a cualquiera. No es bueno ser el ‘Niño del millón de dólares‘ cuando ya andas por los 33 y sabiendo que el dólar anda en 1950 pesos.

No estoy diciendo que tu talento esté devaluado. Para nada. Más bien sí debería decir, y sin temor a estar equivocado, que has sido sobrevaluado. Sufrí de tortícolis intentando emular ese pase tan característico tuyo de mirar hacia la derecha y lanzar la pelota hacia la izquierda. Y haciendo tal carantoña supe que la manera más sencilla de no equivocarse es haciéndolo hacia atrás, hacia la defensa, como lo sueles hacer tú. Uno no se compromete y queda como un crack.

Es buenísimo porque arranqué aplausos de la tribuna y fui hasta tildado de lírico por las mujeres que me hacían barra en las graderías. Bajé a la realidad apenas se acabó el juego (perdimos 3-0). Por alguna extraña razón los delanteros de mi equipo me querían matar. Uno de ellos, el ‘Guajiro‘ Peñaloza, me dijo al final del juego, no sin antes encuellarme en el camerino y provocarme la mencionada tortícolis, una frase que hizo que me meara: "Si va a hacer maricaditas, mejor hágalas en su casa y con su mamita".

Curiosamente, cuando tengo que ver partidos de la Selección Colombia veo que los que están a mi lado te gritan lo mismo que el ‘Guajiro‘ Peñaloza me dijo en el vestuario mientras me levantaba por los aires.

Y hablo de la camiseta amarilla, porque es allí, en el equipo de todos, en el que te han acusado de "patiamarillo", de hombre al que le sobra el rojo sangre de nuestra bandera, porque carece de ella. Yo salté a defenderte: "¡Si le hizo en la Copa Confederaciones goles a Nueva Zelanda y Japón!". Internamente pensé que era como ufanarse por hacerle un gol a Cocodrilo Dundee y otro a la Orquesta La Luz, entonces saqué de la manga el as más poderoso ante el ‘Loco‘ Arango, un amigo que refutaba tus virtudes. "No se olvide del golazo contra Perú en la Copa América". Arango me contestó: "Era más fuerte el Perú que perdió 6-0 contra Argentina en el 78. Y no hable de Copa América que hasta Eudalio Arriaga la ganó". Cogí el balón, hice el amague cara a la izquierda-pase a la derecha y hui despavorido del lugar.

No sé si tus virtudes son incomprendidas acá: en Chile hiciste olvidar al ‘Mati‘ Fernández en Colo Colo, y al ‘Chivo‘ Di Meola en Colón de Santa Fe (un mérito relativo si se quiere, porque ¿quién era Edgardo Di Meola

). Pensé que era cuestión de nombres: Colo Colo, Colón… Ese fue mi siguiente argumento: "Es que Giovanni solamente triunfa en equipos que comiencen con la partícula colo. Esperen que se ponga la camiseta del Colonia de Alemania. ¡Dios va a saber lo que juega este señor!". Mi interlocutor, el ‘Flaco‘ Patiño, me dejó listo para una colostomía: "¿Y es que le ha ido muy bien con Colombia o qué?".

Mi defensa se hizo todavía más estéril el instante en el que me enteré de que trataste de ignorante a Iván Mejía Álvarez en una entrevista por el apodo que te puso: ‘Angustias‘. Giovanni, lo siento: es el mejor bautizo de la historia. Además, pinta de alguna forma tu carrera con la de tu opuesto, Ronaldinho. Mientras tú, a los 33, levantas las cejas en permanente amago lacrimógeno, el brasileño no ha hecho sino reírse y con esa receta se ha colgado encima Liga de Campeones, Mundial de Fútbol, Balón de Oro…

Hace poco cambiaste de piel. Ya no quisiste ser más el ‘Niño del millón de dólares‘. No soportabas ser el niño genio (ya existía Christian Vega) ni mucho menos el médico Doggie Howser del fútbol colombiano. Ahora te iban a llamar ‘Príncipe‘. Hoy lo eres. Así te dicen y es bien ganado el mote. ¿Pero te has preguntado por qué nunca has decidido ser rey?

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