Hay personas que para combatir el insomnio cuentan ovejas o toman pastillas homeopáticas. Nosotros proponemos otra opción: imagine que está en una chimenea. Porque no hay plan que invite más al sueño que una de esas dizque fiestas que se desarrollan en torno al fuego y la música protesta. ¿Qué mejor lugar para echarse un motoso —puede ser tan motoso como el saco de lana del organizador de la reunión— que el cojín donde lo sientan a uno?

¿Qué da más modorra que un par de tragos de un licor dulce y vaporoso, llámese vino caliente o canelazo? ¿Qué puede ser más arrullador que una canción suave y lenta de Silvio Rodríguez o Mercedes Sosa, cantada con voz aguardentosa? ¿Y qué más somnoliento que un mamerto, típico personaje de chimenea, que le da lora sobre la viabilidad de la Revolución cubana mientras canta ‘Ojalá‘? Haga las matemáticas: cojín, más trago, más Agua caliente (la canción), más fuego, más mamerto charlador… Resultado: una siesta plácida.

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