Conocemos a una mujer. Parecemos hechos el uno para el otro. Almas gemelas. Nos reímos juntos y no nos despegamos ni por un segundo; nos enviamos mensajes de texto comentando cada evento a nuestro alrededor; hablamos hasta altas horas de la noche y compartimos historias del pasado que no le hemos contado a nadie. Ella nos gusta… ¡Qué va… nos encanta, y algo nos dice que ella siente lo mismo! No podemos dejar de pensar en ella ni un segundo: es la mujer perfecta. Empezamos a salir, nos entusiasmamos, nos emocionamos y nos ilusionamos, pero en un instante el mundo se nos viene abajo porque una tarde cualquiera y de la nada ella nos presenta como “el amigo”.

—Hola, Carlos, te presento a Antonio, mi superamigo… ¡Ay, Antonio, cuéntale a Carlos que hoy me acompañaste toda la tarde a hacer shopping. No, es que no te imaginas cómo pasamos: nos reímos, comimos helado y hasta me ayudó a escoger esta falda… ¿No es divina? ¿Cuándo la estrenamos?

Y uno desde lejos observando cómo ella le bate la cola a un imbécil que lo único que quiere es acostarse con ella y que jamás la valorará como nosotros lo hacemos. ¿Qué pasó? ¿Desde cuándo pasé de ser la alternativa más cerca de un romance a un lacayo que se gangrena los dedos llevándole los paquetes? ¿Por qué no se da cuenta de que lo que tenemos los dos es increíble? ¿Por qué no me ve como yo la veo a ella?

Cuando uno como hombre entra a la Zona R4 no hay quién lo salve. Ya no hay nada que hacer. Lo que uno no entiende es: ¿cómo entré ahí si todas las señales indicaban el camino correcto hacia el amor?

Pues le cuento que usted no está solo. A todos nos ha pasado.

Me atrevería a decir que el 99 % de los hombres que hemos caído en el peligroso limbo de “amigos” viviremos un pequeño infierno silente de dolor profundo que solo conocerá nuestra almohada en noches de ahogados suspiros mientras oímos cantar a Alejandro Sanz el himno de los hombres que solo vamos a ser “amigos”.

Amiga mía, princesa de un cuento infinito.
Amiga mía, tan solo pretendo que cuentes conmigo.
Amiga mía, a ver si uno de estos días,
por fin aprendo a hablar
sin tener que dar tantos rodeos,
que toda esta historia me importa
porque eres mi amiga.
Amiga mía...

Sí. Hasta este ibérico tierno de voz carrasposa ha sido alguna vez en su vida hacinado a la tenebrosa Zona R4. Y eso que él toca guitarra, llena estadios con su música y tiene yate en Miami.

Bueno, pero dejemos de quejarnos como niñas (o más bien como amigo de la que nos gusta… que es lo mismo) y busquémosle solución al asunto. Evitar entrar a la Zona R4 es un reto, pero aquí les tengo cómo nos ven las mujeres cuando nos pasan de amigos a “eunucos”, las señales para estar atentos y secretos para salirnos de esa arena movediza de la que pocos han salido.

Senales para saber que estamos en la Zona R4:

*Se cambia frente a usted sin la mínima preocupación de que usted está haciendo todo el esfuerzo para disimular que la está viendo.

*Le habla de otras mujeres como posibilidades para usted y cuando las mujeres que le recomienda son un poco inferiores a ella.

*Cuando están en un bar está en actitud de levantárselos a todos menos a usted.

*Usted es el que le cuida las borracheras… pero nunca aprovecha.

*Le habla de hombres que están rondando su vida y le pide consejos como si usted fuera la mejor amiga.

*Cuando va a salir con usted nunca hace un esfuerzo por arreglarse. Por el contrario, aparece con sudadera, tenis, cara desmaquillada y el pelo en moño. Lo más patético es que usted la ve divina.

*Constantemente le está pidiendo favores. ¿Me llevas? ¿Me recoges?

*No pierde la oportunidad de presentarlo como amigo a todo su universo. Además utiliza la palabra “amigo” más de lo necesario a tal punto que usted piensa: “¡Bueno, ya! Ya me quedó claro… ¡somos amigos!”.

*No es muy pudorosa con usted cuando va al baño. Es más, a veces le pide que la acompañe.

Como evitar entrar a la Zona R4

*No esté ahí siempre para ella. La ausencia crea intriga. Lo obvio y fácil aburre a una mujer.

*No le lleve la corriente en todo. A una mujer le gusta un hombre que tenga opinión propia.

*No pida excusas por derechos lógicos que usted tiene. Nunca diga cosas como: “Perdón por molestarte, pero quería llamar a preguntar cómo estabas”.

*Muéstrele interés sexual desde el primer momento. Haga que ella no lo vea como un ser asexual, pues así se quedará.

*Proponga planes que no sean de amigos. Evite el café a media tarde y mucho menos los desayunos en grupo. Si usted quiere que ella sienta que va tras ella, dedíquese las primeras semanas a salir exclusivamente de noche.

*No pase de la tercera sin intentar besarla. Si ella ha salido con usted por lo menos dos veces es porque hay alguna probabilidad de que ella haya empezado a verlo como algo más que amigo, pero solo depende de usted que ella siga viéndolo de esa manera.

*Demuéstrele que usted es un tipo seguro de sí mismo… aunque usted no lo crea. En las primeras citas es mejor que ella lo vea como un arrogante que como un indeciso inseguro.

Así evitará que le digan lo que siempre hemos temido: “Tú eres mi mejor amigo… jamás podría poner en riesgo algo tan bonito como lo que tenemos”.

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