1. Las millonarias campañas cívicas en comerciales que heredó la Autoridad Nacional de Televisión de la Comisión Nacional de Televisión.
  2. Las parcelitas de Pretelt.
  3. Que con lo que vale un puñado de pasajes aéreos Bogotá-Villavicencio uno pueda pensar en comprarse una parcelita como las de Pretelt.
  4. La asombrosa facilidad con que cambiamos de smartphone, siempre pagando el triple de lo que costaba el viejo.
  5. Las finas corbatas de los abogados mediáticos.
  6. Comprarles a los policías de Bogotá motos eléctricas para que las arrumen.
  7. Mamarnos 20.000 millones de pesos en las consultas internas de nuestros Alí Babás.
  8. Los parqueaderos.
  9. Lo que cobran por un vino chimbo en los restaurantes del norte de Bogotá.
  10. La multiplicación del negocio de pasear perros ajenos.
  11. La cantidad de caras hinchadas de bótox con las que uno se cruza en un día.
  12. Ver atestadas las salas VIP de los aeropuertos.
  13. El precio de un capuchino fuera de esas salas VIP.
  14. El billete de 100.000, que pronto habrá que ofrecer en las aplicaciones de celular para conseguir un taxi.
  15. Las ediciones regionales de revistas o separatas de periódico, generosas en páginas y dedicadas a destacar las bondades de un departamento que todos sabemos está en la olla.
  16. Ver a personas acomodadas y con todas las posibilidades económicas, como Gustavo Petro, fustigando a los pudientes. Y recordar a Juan Manuel Santos prometiendo ser el traidor de su clase.
  17. La lucha encarnizada de la gente por hacerse a un puesto en las juntas directivas de las cámaras de comercio, cuando por esa dignidad dizque no se recibe sueldo. 
  18. Los dirigentes deportivos, que logran vender la Selección Colombia a varios poderosos anunciantes a la vez.
  19. Un pan de Jacques, en Bogotá.
  20. La pauta incesante de Tío Nacho, Redu Fat-Fast y Anuice. 
  21. Que cosas tan cotidianas como un rollo de papel higiénico o un cuaderno alienten el nacimiento de carteles delictivos.
  22. Lo que pagamos por ver en escena a cantantes que brillaron hace 40 años.
  23. La proliferación de carruseles turbios, fondos de inversión amañados, edificios hechos con materiales de segunda y asquerosos negocios judiciales que aguantamos, uno tras otro, sin que se desplome el país.
  24. Los voluminosos libros (pasta dura y papel satinado) que publicitan la responsabilidad social de las empresas.
  25. La buena vida que se da nuestra delincuencia en Cuba.
  26. El Audi del rector de la UIS (y la camioneta Mercedes Benz Sprinter que el excontralor Turbay Quintero cree que se nos olvidó).
  27. Que hayamos pasado del agua tónica criolla a la Fever-Tree.
  28. Regalar Isagén.
  29. El florecimiento de los community managers.
  30. Que en Bogotá, habida cuenta del “exceso” de obras exitosas y funcionales, la Bogotá Humana haya tomado la determinación de que las políticas viales giren alrededor de pintar carriles en las calles rebosantes de ¿reductores de velocidad?

@gusgomez1701

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