El punto ahora es saber si ella debe permanecer a nuestro lado porque hay que buscar el equilibrio, ese complemento, alguien que nos armonice y sobre todo nos reeduque. Por eso, se deben complementar la dama con el peón, el patán con la niña bien, la mujer decente con el patán y evitar apareamiento de patán con patana, guiso con guisa, mañé con mañana, caballo con alfil, del mismo modo y en el sentido contrario.

Lo cierto es que somos los únicos responsables de rodearnos de ese grupo de mujeres que usan jeans sin bolsillos atrás, que en Twitter le dan RT al padre Alberto Linero, que hacen pipí en cualquier baño… A ese tipo de mujeres hay que dejarlas ir porque si se les permite quedarse, más adelante nos tocará soportar que usen Crocs con su respectiva pecueca, que digan propaganda en vez de comercial, que canten absolutamente todas las canciones de todos los géneros musicales, pero que no les guste ni una sola canción de los Beatles. Que se coman el corazón de la piña, que no se les destemple ni un diente cuando le meten un mordisco a un helado, que se saquen fotos al frente de un avión o que a Facebook le digan “elfeis”.

En cualquier asomo de patanería, lo mejor es dejarla ir. Por ejemplo, si en la primera cita ella le pregunta “cuál es tu signo zodiacal”, hay que dejarla ir porque así uno sea piscis, ella lo va terminar ahogando en acuario. Si después de almorzar ella arruga la servilleta de papel y la pone encima del plato, lo mejor es que no permanezca más tiempo cerca, que se vaya antes de que traigan la cuenta. De no hacerlo a tiempo uno no se podrá quejar de haber pagado unas boletas para ir a teatro y oírla dando gracias por quedar tan cerca del “ecsenario”.

Tal vez uno podría estar en esa etapa de relación en la que todo es bello, pero ¡hay que despertar! Ese tipo de mujeres que a Uribe le decían “my president” merecen estar muy lejos de uno y de los puestos de votación. Ellas, generalmente, no saben quién es Jerry Seinfeld y creen que Lance Armstrong era el astronauta. Andan tan descalibradas que se toman foto con una amiga, la ponen como avatar de Twitter y nos confunden porque uno mira la foto y no sabe cuál de todas es la dueña de la cuenta. A esas hay que dejarlas ir. Son las mismas que se prestan ropa con la mamá y dicen: “Mi mejor amiga es mi mami”. Devuelven el bolígrafo mordido en la punta, confunden “a ver” con “haber”, a los textos en Word no les hacen copy/paste sino “copipeish” y dicen que donde más han aprendido es en la universidad de la vida. Se revisan el pelo a ver si tienen horquilla mientras uno les habla, piden que les sirvan gaseosa en el mismo vaso en el que estaban tomando jugo y usan ropa interior estilo bocadillo: brasier de un color y calzones de otro.

Hay que hacerlo a tiempo, hay que dejarlas ir si se saben la fecha de cumpleaños de todas las personas que trabajan con ellas. Ese estilo de mujeres son las mismas que organizan el jueguito ese del amigo secreto mientras pasan por los puestos de sus compañeros de trabajo con una bolsa llena de papelitos con los nombres de todos, afirmando que el Día del Amor y la Amistad son todos, pero lo que se dice absolutamente-todos-los-días-del-año.

Claro, no todo puede ser negativo. Si va por más trago, déjala ir. Si ya le llegó el taxi, déjala ir. Si va por otra amiga, déjala ir.

Ahora, si eres mujer y tu hombre se toma en serio cualquiera de mis estúpidas recomendaciones… ¡déjalo ir!

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