Sé que veremos muchas cosas increíbles en Londres 2012: marcas sorprendentes, victorias épicas y gestas que ennoblecen al género humano. En resumen, cosas que identifican a una franquicia de tarjeta de crédito. Pero lo que no puedo creer, y acabo de constatar, es que volveremos a ver como disciplina olímpica un juego que parece inventado por un profesor de Educación Física de colegio para los alumnos que no logran controlar un balón de fútbol con los pies: el balonmano. ¿Qué hacemos con Restrepo, Botero, Vivas y Suárez, que nadie los quiere en su equipo?, se preguntó en el almuerzo, silbato al cuello, el profesor Duarte. “Pues muchachos, van a jugar algo igualito al fútbol, pero pueden coger el balón con la mano”, y santo remedio: nació el balonmano.

Por culpa del balonmano hay movimientos sociales a lo largo del mundo para que se acepte el baloncesto caminado (donde además el aro está a 1,60 metros del piso) y el voleibol con saltarín (me refiero al aparato que usan los niños para brincar, nunca me referiría así a un voleibolista). Los niños del mundo que no logran destacarse en tenis están a pocos meses de que el Comité Olímpico Internacional avale un deporte idéntico, pero en el cual una bomba de fiesta infantil ocupa el lugar de la pelota. Sin embargo, el hecho de que el único partido oficial que se ha disputado de este nuevo deporte no haya podido terminarse, a pesar de que empezó en marzo de 2010, ha despertado las dudas entre los miembros del Comité Olímpico.
Con el fin de no traumatizar a los niños rechazados, solo en los países ricos hay tiempo de inventarse este tipo de prácticas y, naturalmente, participarán en el torneo masculino de balonmano de los próximos Juegos Olímpicos: Dinamarca, Suecia, Islandia, Gran Bretaña, Francia, España, Corea del Sur… De América Latina hay un solo representante: Argentina, lo que me lleva a matizar mi afirmación inicial para ser exacto: son los países ricos, o que se creen ricos. Parece que no aprendieran: de patrocinar deportes como el balonmano se pasa a dar pensiones a los 40 años de edad, y ahora están quebrados, viendo quién les presta para pagar sus deudas y para los tiquetes de avión del equipo de balonmano. 
Lamentablemente, a pesar de los dólares y los euros invertidos, la opinión pública mundial nunca ha prestado la menor atención al balonmano. No hablo de seguir por radio la transmisión de un partido de mitad de tabla de la liga islandesa, pero sí de conocer los datos que cualquier ciudadano de este siglo sabe sobre fútbol, tenis, baloncesto o pisingaña. Usted, que se ve hasta la Telepolémica, debería poder responder cuál es el actual campeón mundial de balonmano. Bueno, una menos coyuntural: ¿cuál ha sido el jugador más grande de la historia del balonmano? Está bien, una básica: ¿cuál es un marcador típico de un partido de balonmano?
Sin embargo, cabe preguntarse por qué si estos países lograron imponer en todo el mundo, en su momento, cosas tan horrorosas como el Aserejé español y tan difíciles de entender como la Bjork islandesa, no han logrado imponer la moda del balonmano. La respuesta se encuentra después de ver cinco minutos de un partido de este deporte. Todas las jugadas son idénticas y finalizan con el mismo salto emocionado del jugador que se decide a acribillar miserablemente al pobre arquero contrario. Revisen todo un partido de balonmano, si realmente no tienen absolutamente nada más que hacer, y verán que no pasa nada distinto. 
Propongo que los países pobres nos unamos en una cruzada para exigir que nuestra propia derivación del fútbol, el micro, que al menos surgió de la falta de recursos y no de talento, sea aceptado como deporte olímpico. Ahí sí los quiero ver: a los suecos, a los islandeses, a los daneses echando gambeta sobre piso de cemento con tenis Croydon. Los que se aburran de correr detrás del balón inútilmente, bien pueden reunir a sus demás amigos burlados por los micreros de Colombia, México o Paraguay y exigir la creación de un nuevo deporte olímpico: el balondemicromano. 

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