El choque inicial cuando una empresa decide que llegó el momento de meterle planeación estratégica al asunto, esas reuniones "para pensar la empresa y su entorno" que hacen por igual compañías de diseño aeroespacial y casas de lenocinio, es que toca irse de la ciudad. Descubre uno que de la Nariz del Diablo para allá, en pleno Boquerón, reside el súmmum de la planeación estratégica. Primera razón para decir no a la planeación estratégica: el PPC de Melgar no puede ser la fuente de conocimiento de ninguna disciplina. No quiero imaginarme donde hizo en su momento la planeación estratégica ENRON: seguro no fue en Piscilago y así les fue.
Lo paradójico de todo este esfuerzo de desplazamiento, es que una vez instalados en clima cálido, hotel con piscina y meseros despachando margaritas, procedemos a replicar las condiciones de la ciudad de origen: nos metemos todos en una sala de reuniones igual a la oficina de Bogotá, con aire acondicionado para tener el mismo clima de Bogotá, y con proyector, papelógrafo y mesa con tinto, como el que reparte Rosita en Bogotá. Segunda razón para decir no a la planeación estratégica: nada bueno puede salir de un ejercicio que parte de semejante contradicción.
Sin embargo, el hecho de estar en tierra caliente saca a flote el aspecto que nunca hubiéramos querido conocer de nuestros compañeros de trabajo: la directora de ventas decide que es el momento de lucir las sandalias rosadas coronadas con una flor, el director administrativo asiste a toda la sesión feliz con su canguro al cinto y Mayerli, de servicio al cliente, se la juega por unos pantalones pescador que nos dejan ver que la depilación no se ha acabado de inventar. El estupor general llega cuando el atrevimiento toca las puertas de la subgerente general, que decide que es el momento (¿qué mejor lugar?, ¿qué escenario más propicio?) de lucir la blusa con transparencias en el escote y rosas rojas, que compró en las últimas vacaciones en Miami. Ese es el momento de lucidez que nos permite reconocer que el vestido y la corbata para los hombres, y el sastre para las mujeres, han salvado más empresas que la Ley 550. Entendemos, entonces, la tercera razón para decir no a la planeación estratégica: a uno en pinta de paseo sólo se lo aguanta la familia, y eso.
Todas estas vueltas nos conducen finalmente al superior destino de este viaje, la sesión de trabajo. Todos sentados en un salón vemos pasar cerca de 850 diapositivas (eslaids, según John, de mercadotecnia), que empiezan con la Visión y la Misión de la compañía: ese par de frases que resultan de mezclar sin mucho sentido palabras como lideres, futuro, sociedad, mercado, cliente, calidad, eficiente y valor.
Después, si tuvo la desgracia de contratar a un experto en planeación estratégica, se viene hora y media de masacre al idioma español que lo hace añorar a Eric Estrada, el chicano de Chips. La primera recomendación de un experto en planeación estratégica es "empoderar", faltaba más. Después, resalta lo importante que es tener un esquema de "acauntabilidad", siempre y cuando se dé en un entorno que estimule los "sinergismos". Cuarta razón para decir no a la planeación estratégica: ya es suficiente con Carlos Antonio Vélez que dice saltabilidad y el jugador que se verticaliza.
Como epílogo, saldrán las conclusiones de todo ejercicio de planeación estratégica: la mayor fortaleza de esta compañía es su gente (lo dice la planeación estratégica de Foncolpuertos), tenemos un gran potencial de crecimiento (de nuevo, acierto de la planeación estratégica de Foncolpuertos: mire los pensionados) y enfrentamos grandes retos (los de Foncolpuertos son visionarios: se han enfrentado a la Fiscalía, a la Contraloría, al DAS, etc.).
Se pregunta uno cómo hizo Dios la creación sin planeación estratégica: si aún no había creado a Melgar ¿a donde fue?, si el mercado de China estaba tomado por Buda, Confucio y similares ¿cómo proyectó el crecimiento de la compañía? y sobre todo ¿en que momento "empoderó" a San Pedro con las llaves del cielo? En cambio, para el Diablo la planeación estratégica es más fácil: ya sabemos que la mayor fortaleza del infierno es su gente.

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