No sé a quién se le ocurrió que era buena idea mezclar caballos alquilados con guaro (eso para los recatados, porque también está la narcocabalgata, con arma de fuego y lluvia de whisky). En la última a la que tuve la osadía de ir, el más animoso era un sujeto con pinta de Mario Cimarro pobre, ansioso por mostrar sus habilidades. Pidió el caballo más bravo sin oír recomendaciones y en el arranque nos dejó tirados. Lo encontramos segundos después, tirado en la primera curva, lleno de polvo, con la chaqueta rota y la frente abierta. Más tarde supe que era el mismo que había alquilado a $100.000 c/u las rangas miserables en las que andábamos.
Yo, que había asistido casi contra mi voluntad, me mantuve entre los últimos del lote, entre otras porque pese a ser el más alto me tocó el caballo más chiquito y flaco, que no se movía ni a fuete si los otros no andaban y además no hizo sino mear, comer pasto y cagar. Traté de luchar, "muéstrele quién es el amo", me gritaban. ¡Pues el amo era él! Otro jinete no tuvo mi paciencia y ya desesperado empezó a mentarle la equina madre a su caballo mientras lo agarraba a golpes con el puño cerrado. Solo paró porque se le luxó la mano. Más atrás, una pareja de novios, indignados por el espectáculo, decidió devolverse, no sin antes exigir que les reembolsaran la plata de la vaca porque no habíamos andado ni dos kilómetros. Vaya ironía, hablar de vacas en una cabalgata.
Como yo no mostraba mucho entusiasmo, me tocó lidiar con una vieja que había ido convencida por su novio pese a tenerles pavor a los caballos. Y mientras este lideraba la cabalgata y marcaba el ritmo de consumo de aguardiente, la dejó a su suerte, teniendo yo que ocuparme de menesteres como arreglarle el estribo y limpiar al caballo cada vez que hacía sus necesidades.
En esas cayó al suelo una de tetas operadas, a la que se llevaron al puesto de salud de la vereda. Ella, no sé si por efecto del alcohol, el golpe o la silicona en sus mamas, preguntaba si de casualidad tendrían allá un implante de repuesto.
Me desentendí del accidente, aceptando de mala gana un trago de vez en cuando. Recuerdo que había un tipo "simpatiquísimo", que totalmente borracho hacía malabares sobre su caballo, mientras yo rogaba que se cayera a ver si dejaba de joder. Nunca tocó el piso. Luego de un breve descanso, mientras todos nos montábamos al caballo por donde tocaba, el señor lo hizo a la carrera y por detrás, y en lugar de caer sobre la silla lo hizo sobre el lomo del animal. Así anduvo las dos horas restantes sin importarle si terminaba con el culo pelado.
El paroxismo ya se había tomado la cabalgata y una borracha a la que le dejaron la cincha suelta cayó en cámara lenta, tan despacio que alcanzó a pedir auxilio varias veces antes de llegar al suelo. Ninguno de los que estaban cerca fueron capaces de ayudarla. Yo sí hubiera podido, pero sencillamente no se me dio la gana.
Al final de la tarde y pese a haber andado por escarpadas colinas, un caballo tuvo fuerza para desbocarse y mandar a su jinete contra una cerca de alambre de púas. Mientras mi amigo sangraba, el animal yacía echado, inmóvil, haciendo pensar lo peor, es decir, que se había fracturado y tocaba sacrificarlo. Todos nos miramos ¿Quién era el machito que iba a darle la noticia al dueño?
Ocurrieron más desgracias, como que un camión papero nos detuvo por 30 minutos y en medio del "trancón" un caballo me pateó la canilla, pero estoy de muy mal genio para seguir con la historia. Ahora creo más que nunca que en cuestiones de animales no hay nada mejor que meterse con burras.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.