Los concursantes llegaron de uno en uno a la casa-estudio, descargaron sus pertenencias en los cuartos y se reunieron en la sala principal, donde el Gran Hermano les dio la bienvenida y se hicieron mutuas presentaciones. La estudiante play que quiere ser modelo, la deportista medio machorra que está buena, el gay, el desempleado buena gente, el ganadero costeño, una señora socióloga, un vago que estudió en diecisiete colegios y ahora es mecánico, una roquerita tatuada medio mariguanera, una enfermera pereirana, un taxista cucuteño, etcétera. El último en presentarse fue un gordo de bigote, con boina y camuflado, muy amable, que dijo "yo me llamo Jorge Briceño, pero de cariño me dicen Mono Jojoy".

Durante los primeros quince días del programa Jojoy se la llevaba bien con todos, hasta cuando el taxista cucuteño le reclamó que hubiera dejado el jabón del baño lleno de pelos. La respuesta fue contundente: "¡Qué le pasa, so gran hijuepuerca!, ¡si yo no me he bañado la primera vez!". Pese a la explicación, a todas luces comprobable por medio del olfato, la cosa estuvo tensa entre ellos durante un par de días, al cabo de los cuales el taxista salió a la huerta que había en el patio y no se volvió a saber de él.

El Gran Hermano lamentó lo sucedido. Dijo, muy extrañado, que sus cámaras no habían captado lo que pasó. A continuación les puso una prueba que consistía en jugar Monopolio para decidir a quién le tocaba lavar los platos durante toda la semana. Luego de varias rondas se hizo evidente que algo andaba mal, pues Jojoy no había comprado propiedad alguna y sin embargo seguía jugando y acumulando dinero. No tardaron en darse cuenta de que les cobraba vacuna a los propietarios de varios inmuebles y que el mecánico vago era testaferro suyo. Lo mandaron varias veces a la cárcel, pero él se escapó. Se apoderó de la esquina que tiene el estacionamiento gratuito y empezó a cobrar por él. Además, envenenó la Empresa de Acueducto y saqueó el Arca comunal. El Gran Hermano quiso intervenir para descalificarlo, pero en ese momento, misteriosamente, se fue la luz debido a un atentado contra varias torres de energía.

En otra ocasión, la enfermera, presa del aburrimiento, propuso que jugaran escondite americano. Todos estuvieron de acuerdo pero Jojoy los reprendió, aseverando que dicha práctica era un juego imperialista que se aprovechaba del pueblo. Propuso entonces que jugaran escondite venezolano. Ninguno entendió muy bien de qué se trataba, pero en vista de que Jojoy seguía perorando y la velada podía arruinarse del todo, le dijeron que tenía razón. Pronto descubrieron que Jojoy se estaba escondiendo en la casa de al lado —aunque el vecino siempre lo negó— y, a sus espaldas, el resto de integrantes del programa se dedicó al escondite americano, actividad mucho más amena que la defendida por Briceño. Nunca se supo si este hecho estuvo conectado con la repentina muerte de la concursante pereirana, cuando al otro día estalló la pipeta de gas que alimentaba la estufa, mientras ella estaba preparando un café con leche.

Dada la cantidad de incidentes que habían asolado a esta versión del programa, el canal que había comprado los derechos decidió sacarlo del aire, pero se arrepintió a última hora, pues Telesur lanzó el Gran Camarada Bolivariano para hacerles la competencia. El Gran Hermano reunió a los concursantes y les dijo que no iba a tolerar semejante desmadre y por eso iba a racionarles los insumos necesarios para vivir. Humberto, el concursante gay, culpó a Jojoy de todo lo que estaba sucediéndoles. A los pocos días estalló una bomba en su salón de belleza, atentado en el que pereció Poncho Rentería. No contento con esto, Jojoy raptó al pobre Humberto, le cortó el pelo al rape, le arrancó el arete de un manotazo y le dijo que si seguía mariquiando lo pasaba al papayo. Los demás concursantes votaron para expulsar al abusivo y homofóbico personaje, pero un inusitado y sospechoso conteo fraudulento de votos hizo que se salvara. El canal negó que esto se debiera a que los familiares de algunos editores, el productor general y un alto ejecutivo de ventas estuvieran secuestrados. Todo era, según se explicó, una desafortunada coincidencia.

Hubo una declaración de los concursantes que aún no habían muerto, desaparecido o sido expulsados, en la que decían que cortaban cualquier relación con tan infausto concursante. Jojoy se defendió y dijo que todo era un complot orquestado por los gringos, que al fin y al cabo eran los dueños de la franquicia. En ese entonces el presidente Uribe estaba haciendo campaña por su segunda reelección. Tenía planeado, como la primera vez, ir al programa para elogiar a los concursantes y ponerlos de ejemplo para toda Colombia, que eran un dechado de virtudes, que si él no fuera presidente concursaría en programas edificantes como ese, etcétera, pero su visita se canceló porque el Das descubrió un plan para asesinarlo. Jojoy negó cualquier participación. El ganadero costeño fue el que más lamentó la ausencia del mandatario.

Mientras tanto, todos languidecían de hambre menos Jojoy, a quien se le había descubierto hacía poco una caleta con elementos de aseo, material de intendencia y víveres. La señora socióloga, que hasta ese momento había sido imparcial, rompió el silencio y se pronunció en contra de los atropellos de Briceño. A los pocos días la señora perdió dos dedos cuando recibió por correo un libro bomba. Los ejecutivos del canal, desesperados, le dieron un ultimátum a Jojoy y decidieron introducir en la casa a Amparo Grisales. Santo remedio. Briceño era Amparito por aquí, Amparito por allá, qué quieres, mi reina, qué te provoca. La diva se aferraba a su perrito y trataba de disimular su desagrado. Jojoy se había convertido en otra persona: reunió a todos en la sala, les pidió perdón, dijo que él había sido siempre un desposeído y que cuando estaba chiquito había tenido que ver cómo le robaban unas gallinas a su familia. Prometió enmendar sus errores y los invitó a un asado que él mismo prepararía. La carne era poca, pero estaba deliciosa. Por un momento todo parecía marchar en armonía dentro de la casa-estudio, pero al poco tiempo se dieron cuenta de que Jojoy había asado el perrito de Amparo Grisales. Hubo una avalancha de indignación dentro y fuera de la casa. El suplemento MamerTV del periódico Voz sacó un artículo diciendo que nunca un reality había sido tan impredecible y que no se olvidaran de que eso se debía a Jojoy.

El crítico Omar Rincón, contrario a la permanencia de Jojoy en el programa, tuvo que salir del país por amenazas. Luego se supo que el mecánico vago era en realidad Grannobles, hermano de Jojoy, quien se había infiltrado en el programa gracias a un camarógrafo cubano que antes trabajaba en Pandillas, guerra y paz. Las autoridades, el canal y la sociedad civil llegaron al límite. El ejército, armado de tanques cascabel y cientos de efectivos, entró a sangre y fuego en la casa estudio. En la retoma desaparecieron varios operarios del programa que habían salido con vida. Los militares encargados negaron cualquier exceso de fuerza. Jojoy y Grannobles escaparon gracias a un túnel secreto que conducía a la casa de al lado, llevándose consigo a algunos concursantes que consideraba canjeables. Se exiliaron en Venezuela. La carrera de Jojoy se consolidó en Telesur gracias a su participación en Gran Camarada Bolivariano II. Luego protagonizó la telenovela Hasta que la fuerza de tarea Omega nos separe, pero, comparado con él, Jáider Villa era Al Pacino; después pasó sin pena ni gloria por un programa para descubrir nuevos talentos de la música protesta llamado El factor F y al final trató de reencaucharse con el programa de humor ¡Jo jo joy!, pero le fue muy mal y al poco tiempo salió del aire. A su hermano no le fue mejor: quebró estrepitosamente con su línea de repostería Grannobleas, pero esa es otra historia.

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