Ese sobrenombre me lo puso Alfonso Lizarazo. Fue en 1977, porque yo le hacía promoción al primer centenario de la Fundación de Marulanda, población en la que nací.

Desde la televisión yo invitaba a los paisanos residentes en Bogotá, el Valle del Cauca, Bucaramanga, Medellín… para que "fuéramos a celebrar el primer centenario del pueblo que nos vio nacer. Vamos y reencontrémonos, porque al segundo centenario no nos dejan ir".

Pero esto no fue gratis, porque un día Alfonso me invitó a una pequeña finca que tenía en Guasca, Cundinamarca, donde tenía un perro que se llamaba ‘Príncipe‘. Ahí quedó armado el apodo.

Aunque nací en Marulanda, me crié en Sevilla, Valle del Cauca. Allí estudié, y los sevillanos hoy en día me honran al llamarme ‘Marqués de Sevilla‘, cosa que me enaltece.

En el Concejo de Bogotá me llaman de varias formas, como ‘Honorable Príncipe‘ y ‘Honorable Concejal‘. Otros concejales como ‘la Chiva‘ Cortés, Germán García Zacipa, el doctor Villate o el doctor Galán me dicen ‘Príncipe‘ a secas.

Nunca he tenido otro apodo y en las giras que hacíamos con algunos integrantes del elenco de Sábados felices siempre me anunciaban en los carteles como ‘el Príncipe de Marulanda‘.

Lo malo de este apodo es que siempre debo andar bien vestidito, pero por fortuna tengo un amigo que es dueño de una prendería y me da ropita para asolear.

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