¿Es usted, querido lector, una de esas personas que están llegando a los 40 y súbitamente se visten con un ímpetu juvenil al que jamás habían acudido? ¿Está renovando el ropero con tenis Converse? ¿Tiene más de 45 años y quiere seguir rumbeando en Sayaka? ¿No sabe, acaso, que Sayaka lo cerraron hace varios años? ¿Acaba de separarse y le está cayendo a una niña que tiene la edad de su hija? ¿Tiene la repentina obsesión de disimular la papada, de luchar contra la calvicie?
Querido amigo: usted necesita de nosotros. El departamento de responsabilidad social de esta revista ha diseñado para usted este breve manual con el único fin de que no se ponga nervioso por culpa del inclemente paso de los años. Envejezca tranquilo. Pierda los bríos de la juventud, sí, pero no el decoro. Bote el pote de tintura y anímese a leer estas pequeñas recomendaciones, escritas de una manera tan ágil —y tan breve— que ya no digamos Valerie Domínguez sino hasta Simón Gaviria estaría en capacidad de terminarlas. Buena suerte.

¿Cómo saber si uno está envejeciendo sin dignidad?
Si al cumplir 40 años usted siente un súbito impulso por regresar a los jeans, a los tenis Converse rojos y a las pulseritas de hilo, y comienza a vestirse con colores vivos, no lo dude: su pataleo contra el paso del tiempo lo está transformando en una especie de Ricardo Montaner. Deténgase. No hace falta someterse a todo tipo de dietas, salir a trotar con un entusiasmo desenfrenado, parecido al de Forrest Gump; subir a Patios en bicicleta. Deje que las últimas briznas de juventud se pierdan sin ponerse licras o bicicleteros. De todos modos va a envejecer. Hágalo ahora, pero sin que amanezca con dolor en la espalda.
¿Es normal que a uno le salgan pelos gruesos en extrañas partes de la cara?
Sí, querido Fidel. Sabemos que eres tú. No suele ser normal que broten de las cejas, como anchas escobillas de alambre, eso es cierto. Pero después de los 40 años, el vello púbico alcanza su máximo ascenso social y aparece súbitamente en lugares en que nunca lo habíamos visto: las orejas, las fosas nasales, los pómulos. No lo dude un instante: córteselos. Devástese las cejas, arránquese los pelos nasales, corte con hacha, si es preciso, el grueso chilindrín que repentinamente nace en las orejas o en el pómulo. Que nadie pueda decir que envejecer es abandonarse. Y las únicas fosas en que los pelos no se ven horribles son las de los cementerios.
¿Cuáles tratamientos son eficaces contra la calvicie?
Tome nota de este principio básico: no es grave quedarse calvo, lo grave es tratar de que no se note. Diga no al implante de pelo tipo Carlos Alberto, el de Padres e hijos. Diga no al doloroso tratamiento con inyecciones para que rebroten los folículos perdidos. Si sufre mucho con la calvicie, sométase a tratamientos de prevención, no de reacción, porque pelo que se va no vuelve. Lo que nace de nuevo no es pelo como tal, sino un extraño chilindrín que viaja internamente por el cuerpo desde el fondo de la pelvis hasta la coronilla.

¿A qué sitios puede salir uno de rumba después de los 40 sin quedar mal?
De rumba pesada: a Piccolo Café o, máximo, a Di Lucca. De rumba suave, al restaurante Picaflor, en Unicentro, o a Yanuba, donde venden una rica crema de tomate a la que vale la pena no echarle sal en exceso para que no tengamos después problemas de hipertensión.
¿Cómo debe relacionarse uno con personas menores?
Con las mujeres, fácil: si usted es de aquellos hombres divorciados que deciden caerle a una mujer dos décadas menor que usted, correrá el riesgo de conquistarla y así lo queríamos ver, en ese sufrimiento: yendo, a los 60 años, a paseos de finca con los amigos universitarios de ella; calentando el carro con el clutch para sacarlos a todos a La Calera; pagándoles a todos el perro caliente en Alonsín y, ay, yendo a Alonsín. Se lo merece. Ahora bien: si hablamos de relacionarse con personas menores que usted pero de su mismo sexo, desatienda todos los consejos de esta guía salvo este: nunca, suceda lo que suceda, se convierta en “el tío bacán”. No termine bebiendo en la tienda de la esquina con los adolescentes amigos de su sobrino. No diga “qué chimba ese carro, uón” para congraciarse con ellos. Meterse con la juventud no lo hará rejuvenecer sino despertar todo tipo de dudas sobre sus gustos sexuales.

¿Cómo se debe bailar después de los 40 si, llegado el caso, toca hacerlo?
De por sí, está demostrado que si uno ya es papá es mejor no volver a bailar sino hasta que su hija se case. Pero, llegado el caso, baile como Stephen Hawking: con suavidad, sin excesos, con un ritmo casi imperceptible. A partir de los 45, procure bailar boleros, únicamente. No crea en la memoria corporal, no oiga los llamados del cuerpo: es mejor que permanezca sentado a que suene Technotronic y usted intente hacer “la caída de la hoja” o se ponga a caminar de manera robótica, tal y como lo hacía en las minitecas de The Best. No baile merengue, y si lo hace, al menos no haga el ocho. Y, tenga la edad que tenga, diga no al baile grupal: no baile El meneíto, no baile El baile del gorila. No baile el Aserejé, a menos que usted sea Álvaro Uribe y esté de campaña con Enrique Peñalosa. En ese caso ya no importa lo que haga.

¿Hay una edad para dejar de asistir a fiestas electrónicas?
Pero claro que sí, amigo querido: si después de los 25 usted sigue yendo a fiestas electrónicas, corre el riesgo de convertirse en empresario de conciertos. Se lo advertimos. Ahora bien: dejar de asistir a fiestas electrónicas no significa, necesariamente, que uno deba abandonar las pepas. Al contrario: consuma más pepas que nunca, en especial las que ayuden a controlar los triglicéridos.
Hablemos de la sudadera: ¿es cierto que después de los 38 ponerse sudadera es de mal gusto?
No, si usted nació en Colombia. En ese caso comprenderá que la sudadera es la prenda nacional por excelencia, siempre y cuando no sea utilizada para realizar ejercicio físico: con sudadera, el colombiano recoge a sus hijos en las fiestas nocturnas; hace mercado los domingos; va a misa. Ahora bien: cuando a uno le nacen canas, debe ponerse la sudadera únicamente para ir a chequeos médicos, tal y como lo hace, con elegancia y distinción, el vicepresidente Angelino Garzón. Amigo: seamos francos y reconozcamos de una vez que lo único peor que un niño con corbata es un anciano en sudadera. Evite la sudadera en la tercera edad. Evite los pompones, la gimnasia pasiva, los aeróbicos en piscina. Ríndase con dignidad en una mecedora, o haga gimnasia sin perder la elegancia. Hoy por hoy venden cómodos pantalones de paño lo suficientemente holgados para que salga a correr una maratón entera sin perder el estilo. Recuerde que no por ser de color gris ratón, de la Selección Colombia o del material aquel que produce sonido al caminar, la sudadera lo salva del ridículo: después de los 50 años, sudadera es sudadera, sea de la marca y del color que sea. Si insiste, busque una sudadera que no parezca sudadera.

¿Hasta cuándo es permitido el pelo largo?
No hay nada peor que una cola de caballo canosa, solo le decimos eso. Si acaso, una cola de caballo canosa que además se esconda detrás de una oreja con arete. Amigo mayor de 30 años: evite el piercing, evite el tatuaje. Y evite la cola de caballo para no parecerse a William Ospina, dilecto columnista de El Espectador que escribe unos artículos larguísimos y tiene más de 50 años, cola de caballo y topito de diamante. Pobre hombre.

¿Es correcto usar Crocs?
Sí y solo si usted es chef, médico cirujano o cuenta con menos de cinco años de existencia. Atienda esta máxima general: más vale ser digno que sentirse confortable. Diga no al zapato cómodo del adulto mayor; no al sueco a los 50 años; no al tenis nuevo, blanco y reluciente para combinarlo de manera informal con unos jeans que, a todas luces, se nota que son nuevos. Esa pinta de índigos azules oscuros y tenis nuevos, con camiseta y visera, digamos, no lo hará ver como un tipo informal al que no le pasan los años, sino como un papá que va a salir madrugado para la finca.

¿Es de adultos usar chaquetas de cuero?
Así como la sudadera lo puede hacer ver como un manteco, desfasado de la edad a la que corresponde, la chaqueta de cuero puede hacerlo ver como un atracador. Hay chaquetas de chaquetas, y algunas pueden verse bien, pero cuidado: no caiga en esa dramática tendencia de creer que rejuvenecer es utilizar la moda de cuando usted era joven. No se cuelgue sacos del cuello. Diga no a la chaqueta tipo Top Gun; diga no al blazer de cuero, a menos que usted sea Alfonso Lizarazo y quiera presentar de nuevo Baila de rumba, aquel programa bautizado sin ningún respeto por la sintaxis.

¿Qué puede hacer un cuarentón para estar actualizado en materia de moda?
No bote su ropa. Ya verá cómo la moda es cíclica y sus hijos terminarán desvalijándole el armario porque súbitamente volvieron a ponerse de moda las camisas de amebas, los apaches y demás prendas de vestir que usted estaba a punto de empacar en cajas y guardar en el depósito entre bolitas de naftalina porque consideraba anacrónicas.

¿A qué edad se debe reemplazar el cinturón por las calzonarias?
Es una bonita pregunta. En términos generales, es importante advertir que no es de personas de bien utilizar el cinturón como si fuera una reata militar y colgar en él todo tipo de estuches. Después de los 40, hay un deseo irrefrenable de andar con estuche para esferos, estuche para navaja y estuche para celular, sostenidos todos por una correa que empieza a ceder. Evite eso. Evite ser papá. Evite guardar o sacar las gafas oscuras de un estuche lateral, como si fuera un revólver. Y si no lo puede evitar, póngase las calzonarias para que el cinturón recargado no se le caiga.

¿Qué observación vale la pena hacer sobre las gafas?
Es paradójico hacer observaciones sobre las gafas, justamente cuando uno comienza a dejar de observar. No obstante, diga no a la gafa de marco grueso, tipo hipster, a menos que vaya a una película de 3D o quiera disfrazarse —hay gente para todo— de Gina Parody. Procure no correr los lentes hasta la punta de la nariz al leer el menú de un restaurante. Antes de los 50, evite los anteojos con cadenita. Después de los 50, también, por favor. Y sea tajante en no comprarse unas de esas gafas de contacto imantado que se unen en el ceño cuando uno las junta. Respétese, por favor.
¿Hasta qué edad está bien viajar como mochilero?
Primero, contextualicemos: llámese “viajar como mochilero” a aquellos desplazamientos de bajo costo en los que el intrépido ?viajero opta por comer sobras, no bañarse, dormir incómodamente y someterse a todo tipo de inclemencias e incomodidades por culpa de las cuales en doce días adquirirá el aspecto físico de un hippie que vende artesanías en Cartagena o, incluso, de un concejal del Polo. Pero después de los 25 años, quien siga viajando como un mochilero, aun teniendo un empleo estable, aun teniendo cualquier tipo de ingresos, merece el desprecio colectivo y corre el riesgo de enfermarse: hay una edad en que las hamburguesas pueden producir peritonitis, y dormir con un sleeping bag sobre un risco daña el disco de la espalda. El éxito de todo hombre consiste en no ser mochilero: comer caliente, bañarse a diario, dormir en cama grande con edredones tibios y acudir al excusado sin sentirse incómodo y sin incomodar a nadie. Tenga en cuenta que la última persona mayor de 25 años que se hizo famosa por avanzar echando dedo fue Olvido Hormigos Carpio, concejala de Toledo, de quien circuló en la red un video en que aparecía masturbándose. Menos mal que no era del Polo.
¿Qué posiciones se deben abandonar con el paso del tiempo?
Con el paso del tiempo, para empezar, se debe abandonar toda posición radical. Eso en términos generales. En asuntos de cama, a partir de los 40 años, uno debe ir dejando de hacer posiciones que comprometan la salud física. Digámoslo así: a los 30 conviene tirar para tener sexo. A los 40 conviene estirar antes de tener sexo. A los 50 se recomienda resguardarse en la plácida posición del misionero, que no solo pone a salvo los músculos en general, sino que permite tomar placenteras siestas durante el coito. A partir de los 60, la mejor posición es la de flor de loto, que se debe adoptar para meditar. Estudios demuestran que a los 69 años conviene dejar de practicar el 69 so riesgo de perder la caja de dientes, y que a los 70 años, la posición suele confundirse con la desposesión, y en ese caso es mejor olvidarse del sexo, cosa que efectivamente sucede a los 80 años por asuntos de demencia senil o alzhéimer.

¿Las mujeres agradecen que uno no tenga barriga y ojalá un abdomen plano después de los 40 e incluso los 50?
Según un sondeo adelantado por SoHo entre 20 mujeres de menos de 40 años, nos complace informarle que la barriga no importa, como tampoco importa que tenga el cuerpo de James Bond a los 50. Puede seguir comiendo tranquilo, y más bien produzca mucha platica, trabaje duro y vuélvase importante haciendo algo. ¿El poder para qué? Para levantar…

¿Hay una edad en que uno no deba ponerse tanga?
A ninguna, papito, si no quiere parecerse a Gregorio Pernía o gentecita semejante. Y mucho menos después de los 60, cuando debemos discutir ya no marcas de tangas sino de pañales.
¿En qué momento uno debe dejar de ponerse camisetas?
A partir de los 50 años, todo hombre de bien sabe que ha madurado y permite que la camiseta se convierta en franela: solo se pone camisetas blancas y siempre debajo de una sobria camisa de botones. La franela, dicho sea de paso, merece ser reivindicada. Nada más atractivo para una mujer que ver a un hombre maduro, aun a un adulto mayor, vestir esa franela de esqueleto cuya tetilla se adivina debajo de la textura. No dude en hacerlo.
Hay gente mayor de 50 años que se viste con camisetas —incluso de rayas horizontales, como de marineros— y blazer: ¿qué se puede decir sobre eso?
Que hay asuntos peores: gente menor de 50 años que también se los pone. Es muy importante decir no a esa pinta. Evite tener más de 40 años y vestirse con blazer y camiseta. Evite la gafa oscura trancera. Evite el jean raído a esa edad. Evite, en fin, narcotraficar.
¿Qué se debe hacer para no estar desactualizado en términos musicales?
Tómeselo así: es más digno estar desactualizado que oír emisoras juveniles y soportar el humor de esos DJ que uno ya superó desde la época en que oía a don Fulgencio. Es normal, no es un drama no saber qué música suena ni quién es Lady Gaga, en caso de que sea una cantante —o un ser humano—: asuntos ambos que no se han podido confirmar del todo. Déjese ir, aférrese a la música que amó en soportes diferentes de mp3: Sabrina, que fue nuestra Lady Gaga y que cantaba su éxito Boys, boys, boys, o Miguel Mateos, que es para uno lo que Armando Manzanero fue para los papás. Por regla general, la gente que se sabe la letra del último reggaetón o qué álbumes ha sacado Bruno Mars es sospechosa.

¿Cómo actualizarse en términos de tecnología?
No nos engañemos: uno ya no maneja la pantalla táctil con la misma habilidad que los niños, así como los papás de uno se volvían un ocho conectando el VHS al televisor. Pida ayuda y deje el ansia. No se compre el último gadget, que no los han acabado de inventar. El truquito se lo encuentran los jóvenes; uno debe ir ahí, en el lote tecnológico, defendiéndose con el chapoteo que le permite sobreaguar. Pero uno ha visto llegar y caducar ya suficientes aparatos, como para entrar en histeria cuando sacan la versión 2.0 de cualquier vaina. Sin embargo, ponga mucha atención al lenguaje, mucho ojo a los artículos: ojo a decir “la internet” o “el Twitter”; ojo a poner la fecha y la ciudad en el encabezado de los mails, tipo “Santafé de Bogotá, 12 de diciembre de 2012”. Y ojo a seguir guardando las películas de VHS o el betamax.
¿Cómo se debe manejar el envejecimiento dental?
Todos sabemos que desde la segunda parte de la treintena se ennegrecen las calzas, los dientes se amarillean: a esa edad, además, con los tratamientos de conductos que uno suele tener, no conviene comer chicharrón, turrón o panderito de carretera. Por eso, vaya al odontólogo cuando las emergencias, que serán múltiples, se presenten, y no caiga en el exceso de vanidad de someterse a una de esas reconstrucciones dentales hiperblancas y luminosas que cualquiera puede notar. Ya deje así. Hágase blanqueamientos en láser, si quiere. Trate de que le enderecen lo que tiene chueco de la manera menos notoria posible. Pero no se ponga brackets a estas alturas de la vida, a menos que no le importe parecerse al padre Chucho. Y no se someta a uno de esos diseños de sonrisa que parecen pintados con Liquid Paper.

¿Cómo se deben manejar los sentimientos en la edad adulta?
Gran pregunta. De manera global, diríamos que sin salirse de la pauta que esta guía le ha venido dando en diferentes aspectos: con discreción, sin estridencias que llamen la atención. Tenga en cuenta que desde que uno tiene hijos tiende a sentir ganas de llorar por todo. Hay hombres que han llorado en las rondas eliminatorias de La voz Colombia, para que sepan de qué estamos hablando. Cástrese en términos emocionales y no se le ocurra recomendar películas sobre romances en la tercera edad que vienen con la moraleja “uno de viejo tiene derecho a amar”, porque eso no es cierto. Uno de viejo tiene derecho a envejecer con la esposa, pero no a redescubrir la vida con un romance nuevo que brote en el lugar más inesperado: en el curso de manualidades al que lo matricularon los hijos en La Fontana, por ejemplo, o en la sala de espera del ortopedista que le está tratando la lesión de cadera.
¿Qué actividades físicas debe evitar una persona de 40 años cuando sale a un parque público?
Todas las que no sean trotar, como jugar frisby, bailar capoeira o hacer aeróbicos grupales frente a una tarima de las que instalan en la ciclovía. Ampliando el espectro de esta misma inquietud, vale la pena decir que también es importante evitar cualquier deseo de hacer aquello que siempre soñó hacer y no se había atrevido. El listado de “las cosas que debo hacer antes de morir” suele alborotarse una vez uno abandona la treintena de años, y es vital resistir a la tentación de llevarlo a cabo. Ya no bucee si no buceó; ya no haga bungee jumping. Al revés: lo invitamos a que consuma calcio y cuide los huesos con Calcibón y leche deslactosada, porque no queremos problemas de colon; a que consuma Omega 3 y a que ingiera el suplemento vitamínico que ayuda a no tener vacíos de memoria, y cuyo nombre acabamos de olvidar, desgraciadamente.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.