1. El tronco con plata. Es el que nunca falta: guayos Adidas torsión Beckham serie especial 8654793, y uniforme de la selección de Inglaterra (Umbro original con el nombre en la espalda de Gary Lineker o Paul Gascoigne), que se la pasa corriendo por todo el campo de juego sin saber qué hacer. Tiene una colección de camisetas originales que nadie más tiene. Pero así se "vista de seda, mono se queda". Por más camiseta del Manchester, su condición de tronco es inevitable.

2. El tronco que se cree técnico. Es otro caso muy común en el fútbol amateur. Este hombre es el que organiza todas las reuniones para definir el color del uniforme que se va a usar en los torneos, coordina los "entrenamientos" de siete de la mañana en plenas vacaciones, el calentamiento, es el dueño del balón y llama a todos el día del partido, mediante chiflidos, teléfono celular (en su defecto el fijo y pide el debido permiso a las respectivas mamás y esposas). Su intensidad —por razones obvias— se nota en la cancha: engola la voz y le dice qué hacer a cada jugador, así él tampoco tenga idea de lo que habla. Es el popularmente conocido ‘paquete‘.

3. El tronco desprevenido. ¿Quién no se ha topado en un campo de fútbol con un tipo flaco, desgarbado con medias bastante largas (tipo ‘Pachequito‘ color verde pálido) y pantaloneta con bolsillos? ¿A algún desubicado que con sus piernas blancas demuestran que no tiene ni la menor idea de jugar y que orondo se pasea con guayos rotos —regalo de la tía en su primera comunión—, unas medias de rombos y un reloj, elemento contundente que revela la condición de tronco?

4. El tronco ‘gambeteadorcito‘. Este es el que le saca la piedra a todo el mundo. Sus dribles son maravillosos pero, a la hora de anotar aunque el arco esté solo, el balón generalmente termina rompiendo un vidrio de un carro mal parqueado cerca al parque en el que se disputa el popular ‘picado‘. Como si fuera poco, él afirma que casi llega a la primera de Millonarios de no ser por un técnico que le pidió favores non sanctos. Al final, sus crímenes futbolísticos no quedan impunes: algún zaguero del otro conjunto se quiere sacar la espina y lo revolea por los aires. Sin duda, esa acción, a uno le provoca una paz interior total.

5. El tronco playboy. Es el personaje que no tiene ni idea de qué se trata este deporte, pero sus atributos físicos y encanto hacen que al final del partido obtenga todos los teléfonos de las niñas que hacen barra. Sus piernas tipo Óscar Córdoba y su cara tipo Beckham opacan su mal desempeño, genera una revolución entre las espectadoras que, sin dudarlo dos veces, le crean un club de fans y hasta lo llaman ‘Batistuta‘ —se perdona un poco el desatino ya que claramente están flechadas por cupido.

6. El tronco sabelotodo. Es el que se sabe el nombre de todos los equipos habidos y por haber, pero que es el más terrible futbolista que se haya parado en un terreno. Es una estadística andante, es el Google del fútbol, se sabe todas las fechas, todos los promedios, las tablas de los goleadores de hasta la liga rumana. Pero su sabiduría es inversamente proporcional a su talento. Siempre, en el tradicional pico y pala, es al que se rifan al final de la repartición de jugadores. El hombre sí es bueno pero en el PlayStation, X Box 360, Wii y demás juegos de video.

7. El ‘eterno suplente‘. Es uno de los más queridos por la afición amateur por su ingenuidad, nobleza y don de gentes. Como su remoquete lo indica: nunca juega. Va a todos los partidos, hace los ejercicios de estiramiento, le patea un par de balones al portero, calienta durante más de 20 minutos, ‘brilla la banca‘, y cuando el D.T. decide que entre a jugar, el árbitro designado determina que el juego ha culminado. Él es quien compra los refrigerios de medio tiempo —‘Aguatero‘— y quien guarda el balón del equipo, ese con el que espera anotar un gol, ¡claro, si algún día lo dejan jugar!

8. El ‘Gordito‘. Este hombre con gran carisma, además de peso, puede terminar siendo la piedra angular de cualquier equipo de fútbol de barrio. En los pleitos nadie se mete con él, y a pesar de su pobre estado físico puede sorprender a más de uno ya que no le dan la importancia que merece, en muchos de los casos gritan: "¡Déjenlo, el gordo se marca solo!". Es ahí donde saca todo lo que tiene y hace lo impensado: patea un balón con la punta del pie, el esférico comienza a irse para las nubes, pero de repente se incrusta en el ángulo superior del improvisado arco, todo un golazo, que por milésimas de segundo lo transportan al Camp Nou.

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