Una de las principales dificultades que ofrece el aprendizaje de un idioma extranjero es que, si este no se vive en el país, termina siendo un idioma ajeno, extraño, artificial.

Recordaban unas estudiantes de un colegio bilingüe de Bogotá que, al llegar a París, no entendían una gran cantidad de términos de la jerga cotidiana y que a sus amigos franceses les divertía la manera como se expresaban:  “Ustedes hablan como Voltaire”, les decían.

Por ese motivo, al estudiante avanzado de castellano que quiera poner a prueba sus conocimientos del idioma de Cervantes en territorio colombiano, muy seguramente le servirán estas recomendaciones. También pueden servirles a quienes tengan el castellano como lengua materna pero hayan nacido y crecido en otras latitudes.

Ajá

Extraña expresión esta, de asentimiento. En su escritura (mas no pronunciación) recuerda el ja (sí, en alemán). Pero como en griego la ‘a’ niega lo que sigue, sería un sí pero no, que es, en últimas, lo que uno siente cuando le responden ajá. Igual efecto provocan en el visitante los leves dejos irónicos de afirmaciones similares como “Sí, cómo no”, “claro”, “cualquiera le cree” y la abajo citada “Ya voy, Toño”.

Arrecho

El término castizo tiene tres acepciones: erguido, brioso o arrogante, y excitado por el apetito sexual. Sin embargo, en Colombia el término también significa que la persona está furiosa, mejor dicho, emberracada. Si el que está arrecho es un santandereano, la arrechera puede llegar a ser con machete incluido.

Barájemela más despacio
Desconcertante modismo para aquel que, en el nivel de Conversación de su curso académico de Castellano, conoció el verbo ‘barajar’ en el contexto de los juegos de salón y los casinos. Le será muy difícil deducir que esta expresión se utiliza cuando alguien requiere de una explicación más detallada.

Caifás con el Villegas

No se refiere a una alianza estratégica entre un oscuro personaje de la historia sagrada y un gamonal turbayista del viejo Caldas con miras a las próximas elecciones de alcaldes y gobernadores. La expresión es un llamado vehemente a un deudor para que desembolse la suma acordada en una transacción comercial.

CVY
Amigo visitante, no le dé más vueltas. CVY no es la sigla de una corporación financiera ni de un grupo paramilitar dedicado a la limpieza social. CVY es la sigla de la expresión “cómo voy yo”. Es una unidad de medida de la corrupción que varía de acuerdo con lo que pacten los encargados de llevar a cabo el torcido, o sea, el acto de corrupción. CVY se refiere al porcentaje de la tajada del dinero que será robado que le corresponde a quien pregunta “¿CVY?”.

Malicia indígena
Es importante explicarle al visitante que esta expresión se refiere a todos los vicios que trajeron los españoles a estas tierras (mentir, cultura del atajo, el todo vale, aprovecharse del prójimo) y que se los endilgaron a los indígenas.

Me quedé sin minutos

Si esta frase se toma en sentido literal, pondría a temblar los cimientos de la física clásica, así como de la teoría de la relatividad general e incluso de la mecánica cuántica. En realidad no es más que la angustia que le genera a quien ha gastado el cupo de llamadas de su teléfono móvil.

¿Me recuerda su nombre?
Esta extraña pregunta se ha vuelto moneda corriente en las recepciones de los edificios y en los call centers, conmutadores y sistemas de atención al cliente y puede ser motivo de desconcierto para aquel que no viva en estas tierras. Podría generarse un diálogo de este tenor:
—Señor, ¿me recuerda su nombre?
—Perdóneme, señorita… ¿Pero acaso la conozco yo a usted? No tengo presente el momento o la circunstancia en que nos hayan presentado o nos hayamos conocido. ¿Cuál es su nombre, dónde la conocí? Discúlpeme si parezco grosero, pero honestamente no la recuerdo.

¿Me regala un documento?
El visitante debe ser advertido en el mismo puerto o aeropuerto de entrada al país que las autoridades lo recibirán con esa desconcertante exigencia. Explíquele que el verbo ‘regalar’ se utiliza en este caso como sinónimo de mostrar o de dejar en portería a cambio de un carné que debe colgarse en un lugar visible durante la permanencia del visitante en el inmueble.

Mi amor
Otra advertencia que debe hacérsele al visitante es que si en ciertas regiones del país o cierto tipo de almacenes (Only, por ejemplo) les dicen “mi amor”, no se alarmen ni se sientan halagados.

No busque lo que no se le ha perdido

A primera vista parece un acertijo propio de filósofos sofistas o un consejo para alcanzar la trascendencia espiritual. En realidad no es más que una simple y llana advertencia que se le hace a quien se expone a un riesgo innecesario.

Perdóneme su educación
Este formalismo para interpelar de manera educada a un contertulio puede confundir en gran medida a un extranjero que la oiga de sopetón.

Puntocón
La eme es, sin lugar a dudas, una de las consonantes que más problemas de dicción les genera a los habitantes de Colombia y por ese motivo es un obstáculo para que alguien que haya aprendido a hablar de manera correcta el castellano entienda ciertas palabras terminadas en ‘eme’. Usted muy frecuentemente escuchará ‘tanden’, ‘toten’, ‘iden’… Por ese motivo, la universalmente aceptada punto com (.com), en Colombia adquiere la curiosa y confusa pronunciación puntocón.?Nota: como excepción a la regla, en los departamentos de Valle y Cauca usted se sorprenderá con palabras como ‘pam’ , ‘capitam’ y ‘Popayam’.

Regáleme un tintico
La expresión ‘regáleme’ se presta a muchas confusiones. Para alguien que haya aprendido la lengua de Cervantes en una institución académica, pensará al llegar a Colombia que este es un país de mendigos y pedigüeños. Que todo lo quieren gratis: el tintico (un café), el tiempo (regálenme dos minuticos) o los servicios de telefonía móvil (regáleme su número de celular), por citar apenas tres ejemplos tomados al azar.

Rombói
A primera vista podría ser el apócope de una figura geométrica y el presente. Rombo hoy, rombói. Sin embargo, esta palabra es de tercera generación o, mejor, tercera degeneración de la palabra anglonormanda round point, que se transformó primero en ronpoin y, en tiempos recientes, ha pasado a ser rombói.

Tropipop
Si se tratara de adivinar el significado de este término, lo primero que viene a la cabeza es una marca de crispetas listas para preparar en el horno microondas. En realidad se trata del apócope de ‘tropical pop’, o ‘pop tropical’,  un género (o mejor, un genérico) musical que consiste en fusilar las canciones Déjame entrar y Carito me habla en inglés. Al igual que en la industria farmacéutica, el tropipop es el genérico barato de los temas de Carlos Vives arriba citados.

Voy a robarme una servilleta
Caso similar al de ‘regalar’, en el lenguaje coloquial ‘robar’ significa “tomar prestado” algo, en un contexto de cierta confianza y conchudez. También aplica en asuntos más abstractos como el tiempo (si acaso le robo una media horita).

Ya voy, Toño
Aparentemente se trata de la respuesta afirmativa y entusiasta que se le da a un tal Antonio, al que cariñosamente le decimos Toño, si este nos pide que vayamos a algún sitio o nos invita a estar a su lado. En realidad se trata de una rotunda negativa, en tono de sarcasmo, sinónimo de “cómo no”.

Bonus track:

Los diminutivos también son un factor de confusión para el visitante. El diminutivo se utiliza a manera de anestesia, para hacer que algo grande o grave no sea más que una minucia. Si a usted le dicen “si gusta esperar 10 minuticos mientras se desocupa el doctor”, saque de su maleta un libro, porque la espera será de unas dos horas, por barato. Si en una recepción le ofrecen un vodkita, sin lugar a dudas le servirán un vodka doble. Si el pediatra le dice que su hijo está enfermito, no se trata de cualquier enfermedad pasajera.

Papi, mami, mijo y similares
Una característica muy particular es el cambio de los roles de la estructura familiar en el lenguaje familiar. A los hijos se les dice ‘papi’ o ‘mami’. A la esposa se le dice ‘mija’, derivado de ‘mi hija’, así como al esposo ‘mijo’ (mi hijo). A una mujer atractiva se le dice ‘mamacita’.

A propósito de mamitas y papitos, las expresiones ‘papito rico’ y ‘mamita rica’ no significan que uno o ambos progenitores sean personas acaudaladas; se refieren al atractivo sexual que despiertan no un padre o una madre sino un amante o compañero sexual.

Expresiones varias del habla popular

“Para qué le digo que no si sí”, “Cualquier cosa que le diga es mentira”, “Ni sí ni no, sino todo lo contrario” y similares deben explicársele al visitante no como acertijos de lógica o paradojas sin solución, sino como maneras floridas de decir “no sé”.

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