Pequeña ave de corral, cincuentona, incapaz de volar: Gallus gallus. Lo que caracteriza a la gallina bogotana común es que fue abandonada por su gallo y nunca lo superó. Recordará con ardor y amargura en cada frase a su macho, que desarrolló alas y huyó del corral: “Es que Edmundo tenía unos tragos muy malucos…”, les advierte a todos mientras sirve una copa de vino dulce. “Es que Orlando nunca aportó un peso a esta casa…”, le refriega a su hija que vive en Miami. Pero su verdadero amor secreto es ese gallo que ahora vive con pollita, loba o gata de corta edad e intenta felizmente, desplumado, alevoso y cacareando, fertilizar unos huevos sobre los que ni siquiera puede encaramarse. Es esta la imagen que más deplora la gallina en sus noches, cuando, ardiente de pasión, se detiene a considerar su canal oviconductor como algo distinto a un mero vehículo para poner huevos. Ama en secreto a Sean Connery. Como no ha sido pisada hace años, desborda toda su pasión en interminables bingos, en los que se gasta la plata que Orlando le pasa. Es su borrachera, su locura, un vicio peor que el de Edmundo.

El hábitat natural de la gallina es Rosales y una vez al año se reúne con todas las de su especie en el parque El Virrey a intentar conseguir gallo. Pero es infructuoso; este gusta de ocultarse. Entrará en feroces competencias con otras gallinas a ver quién está más enferma o quién tiene más frío, destellará una mano lustrosa de joyas retorcida por la artritis, un pelo corto saltón y emplumado, y peleará porque todo se lo den más pequeño, porque la gallina es una criatura marcada por la tacañería. Y es este un rasgo sobresaliente suyo; no puede pensar en nadie que no sea ella misma. El extremo y enfermo cuidado que tiene con las cópulas de su hija solo son pretextos para asegurar la viabilidad de los huevos que ella misma ya no puede poner. La gallina más amada en Colombia es, sin duda, Yolandita Pulecio.

Breve apéndice - El gallo: El macho de la gallina, especie poco comentada a pesar de su abundancia. También Gallus gallus. Esta criatura de vivos colores y perfumado fularcito, gusta de cacarear. Su edad ya no le permite pisar pollita alguna, y debe tomar unas pastillas especiales solo para poder orinar. El gallo sufre por lo general de impotencia, pero ama a las gallinitas en flor, nunca a la vieja gallina que no tiene cocción ni en varias aguas. Natura ya le ha negado el recordado “polvorete”, por lo cual se limitará a pellizcar con fruición las plumas de las colas pasajeras.

El gallo es un ser solitario. Se viste temprano, sale de punta en bola y se para en la caseta de chance a bolear un llavero intentando cópula imposible con la coloreteada loba del chance. Muchos gallos son lagartos del tipo YoJoséCoctelopterix, que próximamente tematizaremos, pero no todos alcanzan la dignidad del güisqui y deben contentarse con ‘el Chorrito’.

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