Si algo ha caracterizado a la especie LuceriCortexim es que al ser llamada no responde, dato que muchos han tomado por signo de autonomía. Nada más contrario a la verdad porque lo que define a la gata es su dependencia de un amo. Peleará con uñas y dientes por su macho de turno contra otras gatas, lo cual excita en extremo a otros machos que esperan que las felinas terminen apareándose en medio de una furrusca callejera o al menos desprendiendo sus vestimentas. Las uñas de la gata son su vida, aunque el investigador Antonio Montaña aclara que lo que define a la gata es su propensión a cagar en los rincones. Creo que es extrema la observación; LuceriCortexim por lo general se limitará a marcar su territorio con chorritos de feromonas urinarias, a veces para nunca reclamarlo. Se distingue de la loba dispuesta a adoptar la pose cuadrúpeda en que es diestra calentadora de huevos a pesar de no ser ovípara. Sin embargo, no son estos dos grupos excluyentes, porque mientras toda gata es loba no toda loba es gata; hay la loba pesada, callejera, que arrastra sus botines blancos sin la seducción de los movimientos gatunos.

No es extraño encontrar en la gata rasgos sinuosos, ajustados talles, manos lustrosas, tacones altos y ojos azules, todos productos de genes mal habidos en la calle o en gorreos incontenibles a los machos. Si el lagarto logra su cometido con la lengua, la gata lo logra con el ronroneo y es experta en despojar a los machos de sus posesiones. Ama las tapias donde maúlla en las noches por sus calenturas inaguantables y jaquecas inducidas de su voluptuosidad y busca escaramuza con sus congéneres gatas. Tal vez la gata más famosa haya sido Gatúbela, quien fracasó en su intento de seducir a Batman por la sencilla razón de que este era homosexual, travestista nocturno y tenía comercio sexual con Robin. Ella simplemente no lo sabía.

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