Estamos a finales de los ochenta. La flota de radiopatrullas brasileñas compradas por la Policía comienza a dar problemas. Se varan cada tres días, pasan aceite todo el tiempo y los repuestos salen tan caros, que después de un par de años de uso resulta mejor chatarrizarlas que hacerlas reparar. El gobierno expide una partida presupuestal para resolver el problema con tecnología local. El dueño de la empresa Tisca TSS, el rey del transporte en Bogotá, se entera y hace un chancuco con el Ministro de Transporte: le asignan el presupuesto a un sobrino suyo que estudió tres semestres de Ingeniería Mecánica antes de que lo echaran de la universidad por copiar en un parcial de cálculo. Yeison, así se llama el muchacho, se arma su combo de mecánicos y monta en el siete de agosto un taller con cafetería y juego de rana, solo para que le sirva de fachada durante el desarrollo de un prototipo conocido como YeTis.

Luego de una evaluación concienzuda, deciden que el prototipo tiene que ser un carro de repuestos baratos y que además se ensamble en Colombia, lo que no deja muchas opciones: el YeTis será un Renault 4. Después de meses de arduo trabajo, está listo el prototipo cuyos principales avances tecnológicos son los siguientes:

1. Kárdex en la guantera en donde se pueden consultar los números de cédula de profesores, estudiantes y empleados de todas las universidades públicas, junto con otros sospechosos de ser simpatizantes de izquierda.

2. Mataburros desplegable. Se convierte en escudo antibalas.

3. Unidad interactiva de inteligencia artificial. Habla con voz de abuelita, la mitad de su léxico está constituida por refranes que nadie más conoce y es una experta en localizar chuzos de comida callejera. Está instalada debajo del radio, aunque por las lucecitas que se prenden y se apagan, se confunde con él. Obviamente es extraíble, no vaya y sea que se la roben.

4. Set de lucecitas móviles abajo de la parrilla. Originalmente eran parte del radar, pero como Yeison no había visto ni Física IV ni Electromagnetismo, no pudo entender las instrucciones de calibración que venían en la caja. Sin embargo se dejaron instaladas para engallar la nave.

5. Boquillas para disparar tinta y gas lacrimógeno.

Una vez construido el prototipo se necesita un conductor intrépido, amante de la velocidad y el peligro, dispuesto a todo con tal de abrirse paso en medio de las terribles calles bogotanas. Yeison habla con su tío y este lo contacta con Máicol, un chofer de Tisca TSS, suspendido por haber acumulado más de veinte millones de pesos en multas de tránsito, y con un largo historial de comparendos por peleas callejeras y embriaguez escandalosa. Juntos, Yeison, YeTis y Máicol, protagonizarán las aventuras de El carro bacano. Un capítulo típico podría ser más o menos así:

Máicol llega sin bañarse al taller y Yeison lo saluda "tosqué, mijo, ¿y esa carita?". Máicol dice "nada, papá, que ayer me pegué una rasca ni la hijuemadre y estoy enguayabado". Se sube a YeTis, que también lo saluda "hola, Máicol, qué tufo tan terrible tienes. Lo mejor pa‘la resaca es no tomar como vaca". Indignado, Máicol dice "no me joda, YeTis, y no me tutee que eso es de maricas. Más bien camine que tengo que ir a desayunar".

Máicol está comiendo lechona en San Andresito. Pide una cerveza y cuando se la están destapando, YeTis lo llama por el radio "Máicol, Máicol, me acaban de robar un espejo". Máicol tira la comida y maldice mientras sale corriendo detrás del ladrón. Pero es tal la aglomeración que está a punto de perderlo y pide ayuda a YeTis quien lanza nubes de gas lacrimógeno para dispersar a los espectadores. Avanzan, pero el chorro se ha metido en una bodega estrecha. Sin ningún esfuerzo (y violando las leyes de la física) YeTis se para en las dos ruedas del lado izquierdo y entra en la bodega, destruyendo todos los locales que se le atraviesan. En medio del estruendo de la cristalería rota, el delincuente queda atrapado en un rincón. Máicol se baja con la cruceta en la mano y lo castiga sin piedad hasta que aparece la novia del ladrón y le suplica que no lo mate. Máicol deja la cruceta, se arregla el pelo y recupera el espejo, todo esto sin dejar de mirarla con lujuria. La nena mira el carro y dice "huy, qué chimba esas lucecitas". Máicol dice "¿Le gustan, mi amor? Si me acompaña al taller un momentico a que le arreglen el espejo al carro luego la llevo a dar una vueltica". Ella salta emocionada, le dice "de una, papi", lo besa y se sube al carro. Arrancan, pero en vez de ir al Siete de Agosto, cogen por la 26 hacia el aeropuerto. Se oye la voz de YeTis diciendo "Máicol, este taller está como raro, ¿por qué le dijiste al encargado que querías un turno de tres horas?".

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