PLAZA DE TOROS EL TOBOSO

Ubicación: Vía Cajicá.

Dice la leyenda: Hace más de 20 años que la plaza está abandonada, y de ella se cuentan múltiples historias. Doña Alicia, la señora de la tienda vecina, asegura que allá se reúnen grupos satánicos a celebrar sus ceremonias, y que lo han llenado de presencias traídas del más allá. Otros dicen que en las noches se siguen celebrando corridas de toros, y que se oyen los olés" y los cascos del toro contra el ruedo.

Esa noche: Esperando asistir a una corrida digna de Las Ventas, llegué al lugar a las 10:00 p.m. No pasaron ni cinco minutos antes del primer susto cuando vi el estado del lugar y me imaginé cayendo en una de las grietas, atrapado toda la noche en la oscuridad, con un pie fracturado. Me senté a esperar hasta la madrugada, y no pasó nada. De pronto no alcancé a llegar en temporada taurina. ?

CAFÉ-BAR EL ALJIBE

Ubicación: Calle 13 con carrera quinta, barrio La Candelaria.

Dice la leyenda: Durante la colonia, la dueña de la casa concibió un bebé fuera del matrimonio, y decidió ahogarlo en el aljibe. Desde entonces, Baltasar ronda por la casa moviendo las cosas y prendiendo las luces. Además, ha dejado sus huellas grabadas en las baldosas. Dicen que a Baltasar no le gustan las fotos, y que molesta a quienes tratan de tomarlas.

Esa noche: La idea era joder a Baltasar toda la noche. Pero fue él quien nos jodió. Después de la primera foto, la cámara se enloqueció; la memoria aparecía llena y el flash no funcionaba. Tocó formatearla, cambiar la memoria, y ni por esas. Después, ya resignado a pasar sin fotos esa noche, revivió sola. Ahí empecé a tentar a Baltasar asomándome al aljibe, llamándolo, dejando cosas por ahí. Por lo visto, la energía le duró solo para jugar un rato y después se fue a dormir. Claro, es un bebé.
 
MANSIÓN DE LEO KOPP

Ubicación: Carrera 17 con calle 5.a.

Dice la leyenda: Como en casi todas las casas viejas, en la mansión de don Leo Kopp, fundador de la actual cervecería Bavaria, se han formado historias de fantasmas. La más difundida habla de uno de los celadores que, agobiado por las deudas, decidió ahorcarse en algún lugar de la casa. Los actuales vigilantes del lugar oyen ruidos de pasos en la noche y ven sombras en las ventanas.

Esa noche: Instalado en la biblioteca principal de la casa, esperé a la medianoche para empezar a recorrerla. Estuve en el comedor, en el patio exterior, en el primer piso, en el segundo, deambulando por los cuartos y los pasillos. Solo se oían mis pasos y el crujir de la madera que recubre el techo y el piso. Cansado de buscar al celador endeudado con la intención de prestarle algunos pesos, volví a la biblioteca, esperé el amanecer y me largué.

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