Un día sonó el teléfono de Richard Dean Anderson y le dijeron: "Hay que grabar en Colombia, hermanolo". MacGyver pensaba que la cosa iba a ser fácil: la imagen de un par de locaciones en Acapulco para simular nuestro país y la hechura de letreros para describir lugares en Sudamérica como "El Bar" o "El hotel", así como una carramanada de extras malolientes que acababan de cruzar la frontera por "El hueco" era lo único que tendría que sortear.

Pero no: a Mac Gyver le tocaba ir en realidad a Colombia a grabar un capítulo que hoy es objeto de culto entre los coleccionistas porque justamente en sus tres intentos de salvar la misión, fracasa.

La tarea encargada por Dana Elcar, el jefe de MacGyver en la Fundación Phoenix, fue la de rescatar a Judy y Jacqueline Henríquez, quienes, al igual que Patti y Zelma (las hermanas de Marge Simpson), sentían devoción religiosa por su figura. Ambas fueron raptadas por un temido matón llamado Megateo que, después de quedar desempleado tras la finalización de la novela La viuda de blanco, empezó a secuestrar a figuras de la farándula conducido por el resentimiento de jamás haber vuelto a ganar un casting.

MacGyver se dio a la tarea de rescatarlas de la guarida armada por Megateo en las instalaciones del Royal Racquet Center de Bogotá. Pensó hacer un explosivo a base de crema de baba de caracol y cincuenta fósforos. Cumplió su cometido: derribó la puerta, pero a los cinco minutos fue capturado por dos policías bachilleres, quienes lo recluyeron en una UPJ, para después trasladarlo a la estación de Los Mártires porque, como le dijo el agente Duarte, amo y señor de la comandancia: "¿Es que el civil no sabe que la pólvora está prohibida a menos de que alguien experto en el manejo de este elemento la manipule?". MacGyver pudo volarse de la prisión pocas horas después gracias a forzar la chapa de su celda con una lengüeta de unos tenis Troop gentilmente ofrecida por un caco, que segundos antes le había robado su navaja Victorinox.

Ya sabía que explosivos no. Decidió mejor armar un patín del diablo, para saltar la barricada, con un tablero de backgammon y cuatro cebollas cabezonas que funcionaban como ruedas. Iba enfurecido en su carrera libertaria cuando un "chupa" de los azules detuvo su raudo andar.

—¿A ver, y ese qué modelito es? Para manejar autos hechizos le toca sacar una licencia de conducción especial, categoría 6. Y hoy es jueves. Tiene Pico y Placa, me toca inmovilizarle el vehículo.

Tras mamarse seis horas de filas en la Secretaría de Tránsito sacando el patín del diablo de los patios y de reunir la plata de las multas y seguro obligatorio a punta de vender caleidoscopios hechos con rollos de papel higiénico y pesebres miniatura confeccionados con pedazos de sus uñas, quiso hacer un último intento por salvar a las bellas doncellas.

Ideó la manera de derretir las paredes del lugar con un simulador de ácido muriático, hecho con Pedyalite de Coco, tres Lomotiles molidos y violeta de bensiana. Alguna vez él había hecho este experimento en un jamboree y fue premiado por los boy scouts (membresía a la que estaba inscrito, pero que negaba sistemáticamente) como "Gran lobato".

El hombre estaba untando las paredes con el mágico barniz y de nuevo entró en problemas con la justicia: un grupo de policías cívicos, de Volkswagen Golf engallado y litros de gomina en la testa, lo cascaron porque lo confundieron con un pegador de carteles nocturno. Mientras iba siendo conducido a la Cárcel de Picaleña en Ibagué (no le encontraron cupo en La Distrital y la Modelo), MacGyver apenas atinaba a gritar enloquecido: "Pero si yo también soy ley".

MacGyver fue deportado y fue necesario parar las grabaciones de este famoso show mientras que el actor se recuperaba de sus traumas. Antes de volver a escena se dedicó a hacer origami con elementos radiactivos y como jefe de diseño de la empresa "Mundial de tornillos". MacGyver entendió que existía algo que le producía más miedo que las serpientes. Era grabar en Colombia.

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