Los uribistas y los antiuribistas. Empecinados en defender su causa, ambos bandos son igual de obtusos. Mientras unos tratan de ponerlo como el Mesías, otros lo pintan más malo que Hitler. Ninguno tiene razón y no se dan cuenta de que estar tan separados los unos de los otros los pone en el mismo bando; el bando de los insoportables.



La gente que le dice a uno que se alimente bien, que no coma comida chatarra y la que en general da consejos de vida. Me fui de la casa hace rato para que no me jodieran y ya estoy grande como para que me digan qué hacer. Si la gaseosa da anemia, celulitis, diabetes y estreñimiento, pues lo asumo. No me recomienden tomar jugo de arándano ni un batido de vitaminas, déjenme consumir mis calorías en paz. Además, mucha de esa gente que le da a uno ese tipo de consejos suele fumar como loco, o ir a fiestas y emborracharse como si no hubiera un mañana, o tener sexo casual sin condón. Así que primero pongan en orden su casa y luego sí ocúpense de la del vecino. Es más, mejor que sigan fumando y bebiendo, a ver si se mueren de un enfisema o una cirrosis, que lo que le sobra a este mundo es gente.



Los que creen que lo que produce su tierra es lo mejor de lo mejor y dicen defenderla por encima de todo. (¿Estamos en guerra? ¿Quién la está atacando?). Para empezar, les tocó nacer ahí por accidente, así que ser de aquí o de allá no es ningún mérito. Segundo, toda Colombia es un roto indefendible y de cualquier región se pueden decir cosas buenas y malas por igual. Ni la costa atlántica es mejor que el Valle, ni Bogotá está por encima de Antioquia. Así como el grupo que le tocó a Colombia en el Mundial de Brasil, este país está nivelado por lo bajo.



Los criollos que celebran Thanksgiving, Día de San Valentín en febrero y hacen compras de Black Friday y Cibermonday. Malditos engendros del demonio sin visa gringa. Y ojo, que no soy de los que dicen que uno no debe adoptar costumbres extranjeras, la globalización existe desde antes de que se hablara de ella. Ya celebramos Halloween y Navidad, tomamos Coca-Cola y somos hinchas del Bayern Munich. Eso no es problema, pero cada vez que nace una costumbre de esas, los pioneros son dignos de ser odiados, por imbéciles.



Otra costumbre que está ganando adeptos y no sabe uno por qué: los que hacen un corazón con los dedos índice y gordo de ambas manos, que es la forma en que celebran los goles Gareth Bale y Arturo Vidal. Mientras más gente hace eso, en teoría para expresar su amor a alguien, más hecho mierda y lleno de odio está el mundo.



Los hipsters. Malditos hipsters de bigotico y gafas de marco grueso que creen que esto es Nueva York. Yo quise ser uno, pero no tengo el cuerpo porque soy caderón. Se creen la verga y se comen a las mejores hembras. Porque eso sí, lo único que yo les envidio a los hipsters, además del cuerpo, son las hembras. No deseo ni su ropa, ni sus trabajos, ni sus costumbres, ni su modo de pensar, ni las bicicletas esas panaderas, pero remodeladas todas gomelas por las que andan como si viviéramos al lado del Sena. Ojalá los atraquen a todos.



La gente que hace reservaciones. De cine, de avión, de hotel, de lo que sea. Esa gente es generadora de desigualdad, que es lo que suele engendrar violencia. Ya no puede uno ir por la calle y antojarse de ver una película porque todas las sillas están reservadas.



Los que pagan sus compras con tarjeta. Otros generadores de violencia. Arman trancones en la filas del supermercado y complican todo porque la línea se cayó o la banda de la tarjeta está gastada. Anden con efectivo, tarados, que un billete lo recibe cualquiera.



Los que se indignan por todo, que en realidad se indignan es por huevonadas. Matan a medio pueblo en una toma guerrillera en el Cauca y todo bien, pero Andrés Jaramillo habla de las minifaldas y le arman marcha.



Los que se la montan a uno por no votar, cuando la culpa la tienen ellos, que votan. Que nadie salga a la calle en día de elecciones a ver qué pasa. Y además votan y a los seis meses están criticando al que eligieron o armando firmatón para revocarle el mandato. ¿Por qué más bien no nos dejan en paz a los que no votamos y aprenden ellos a votar?

Las tribus urbanas o cualquier cosa que sea agrupación. Los millennials, los gamers, los emos, los candy. Perdedores todos. Al mundo llegamos solos, cuando nos ponemos la piyama para dormir en la noche estamos solos y nos van a enterrar solos. Cojan huevas y dejen de buscar rasgos comunes en los otros, que las únicas excusas que tiene uno para juntarse con otra gente es follar o armar un equipo de fútbol.



Los que se casan en Cartagena. Creen que uno tiene dos millones de pesos reservados en la cuenta bancaria para cumplirles el sueño fofo de casarse junto al mar en ese roto invivible que es esa ciudad. Sean originales y sencillos, hagan una piyamaza, un piscinazo. Se pasa mejor y es más barato.



Los restaurantes donde le abren a uno la gaseosa. No lo hacen de queridos, sino para poder cobrar esos precios de robo que manejan. Déjemela cerrada, ¿no ve que se le va el gas? Yo puedo abrirla solito y además es mía y me la tomo cuando se me dé la gana.



Los que usan el servicio de valet parking de los restaurantes. Si no pueden hacerse cargo del carro que compraron, mejor anden en bus. Además, con estas vías del siglo antepasado que tenemos en este país, el valet parking implica que por unos idiotas a los que les da jartera parquear el carro, las personas que vienen atrás se tienen que mamar el trancón.



Los conductores que se quedan parados en la X cuando el semáforo está en verde y bloquean la intersección. Son tan brutos que creen que porque tienen la vía están en su derecho de bloquear el cruce y no entienden que cuando la vía está llena lo indicado es quedarse detrás de la cebra. A esa gente habría que matarla; literalmente, sobran en este mundo.



La sobreinformación de los medios. No queremos saber el recorrido del bus de Colombia del hotel al estadio, ni qué desayunó Santos la mañana de las elecciones. Cuanto más se informa uno, menos conoce el mundo.



Los católicos que dicen sentirse perseguidos y acorralados por los ateos que se la montan por su fe. Tan tiernos, no aguantan un chiste, cuando siglos atrás ellos quemaban vivos a los que pensaban diferente a ellos.



Las actrices y modelos que se vuelven diseñadoras de joyas y accesorios o trajes de baño. ¿Por qué más bien no hacen cosas útiles y difíciles?



La superioridad moral no manifiesta de los que andan en bicicleta o de los que dicen que no ven televisión o no tienen cuenta en Facebook.



Los que dicen “10K” para referirse a una carrera de aficionados. Primero, no sean tan hijueputas y digan “10 kilómetros”. Se demoran más pero se ven mejor. Segundo, no sean mediocres y corran 42 kilómetros como Dios y la historia mandan. Todos los fines de semana hay una carrera de esas: por el cáncer de seno, por las foquitas bebé, por los costeños. Mi sugerencia es que la próxima vez que participen en una vaina de esas, salgan corriendo hasta la puta mierda y no vuelvan.

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