“Cuando ha dejado el cigarrillo y vuelve a fumar, una persona se demora en promedio seis años para volver a tener la suficiente confianza como para intentar dejarlo otra vez”. Quien dice esto se llama Felipe Sanint. Es el 8 de febrero de 2013. Estoy en un salón del hotel B.O.G. al lado de tres tipos por encima de los 40 años que, como yo, quieren dejar de fumar. Nos hemos inscrito en un taller para ensayar el método Allen Carr’s Easy Way To Stop Smoking. Sanint es el instructor.

El método no usa hipnosis, parches, chicles, láser, acupuntura. No usa nada. Se trata de unas charlas, un taller. Lo desarrolló Allen Carr, un contador inglés que llegó a fumarse cinco cajetillas de cigarrillos al día, y pudo dejar de fumar cuando estudió la adicción a la nicotina. Formalizó un método y escribió un libro, Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo. Desde entonces, más de diez millones de personas han dejado de fumar con su método.

El taller está dividido en charlas de 45 minutos. Comenzamos a las 9:30, y entre charla y charla, nos dice Sanint, podremos fumar y tomar café. Al final, hacia las 2:00 p.m., saldremos de allí sin ganas de fumarnos un cigarrillo, nos dice. También nos dice que si seguimos fumando podremos tomar dos talleres de refuerzo, uno dentro de 30 días y el otro 30 días después. Si tomado el curso y los refuerzos uno sigue fumando, le devuelven la plata.

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A lo largo de la mañana, el instructor insiste en unos principios simples y claros. El primero es que la idea no es entender por qué debemos dejar de fumar, sino por qué seguimos fumando. Es un cambio de perspectiva a primera vista insignificante, pero trascendental para mirar el asunto de una manera completamente nueva. ¿Y la respuesta? Lo dice Sanint esta mañana de febrero de 2013 y lo dice Allen Carr en su libro: “Es el lavado de cerebro. La idea errónea de que el cigarrillo constituye algún tipo de ayuda o recompensa, y que la vida nunca podría ser igual sin él”. Repetirá también que al dejar de fumar no estamos renunciando a nada, todo lo contrario. Dejar de fumar es un motivo de alegría, no una tortura. Cuando un fumador entiende esto la cosa se hace fácil y el método funciona.

Antes de la última sesión, Sanint nos invita a fumarnos el último cigarrillo de nuestra vida. Estoy tan ansioso como por la mañana. Y, la verdad, no siento que nada haya cambiado hasta ahora: me fumaré este Lucky Strike y luego de la última charla estoy seguro de que encenderé otro. ¿Cómo puedo dejar una adicción de casi 30 años con unas cuantas charlas alrededor de la nicotina, la adicción, el estrés y la industria tabacalera?

Sin embargo, salgo del hotel y me siento un poco confuso, pero no prendo ese cigarrillo. Camino un rato hacia mi casa. De pronto siento el impulso de botar a una caneca la cajetilla de cigarros, y lo hago. Me digo que ya veremos. Tomo un taxi y en casa sigo inquieto, aunque sin ganas de fumar. Intento leer y no puedo, pongo una película en el DVD y no me concentro. Me duermo temprano.

Comenzando el día siguiente viene la primera prueba: el café. Recuerdo que en el tercer cajón de mi escritorio hay dos cajetillas sin abrir. Pienso que destaparé una y encenderé un pitillo con el primer sorbo de café. Lo pruebo y me sabe sensacional, como no recordaba que sabía el café. Así que no enciendo ningún cigarrillo. Cuando salgo al mediodía le regalo las cajetillas al portero de mi edificio.

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Hoy es 3 de julio de 2014 y no fumo desde esa mañana de febrero del año pasado. Los primeros días tuve un par de ataques de mal genio, sentí algunos momentos de ansiedad que pasaron rápido, y punto. Subí de peso, bajé, volví a subir, volví a bajar. Por periodos salgo a caminar o a correr, por periodos me puede la pereza. Pero ya puedo caminar dos o tres horas sin asfixiarme. Ya casi supero el tiempo que he pasado antes sin fumar. No pienso en el cigarrillo. Nunca había sentido tanta tranquilidad, creo que la decisión es definitiva. Ya veremos. Por ahora, puedo decir que el método de Allen Carr funciona.

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