¡Tranquilo! Si tiene un millennial cerca, ¡cálmese!: no llame a la policía ni a los cazadores de ovnis de History Channel, no vaya a la tienda por Baygón. Un millennial es un semi-adulto-peterpanesco nacido entre 1981 y 1995; alguien cuya edad oscila entre los 20 y los 35 años y que a pesar de haber llegado a la mayoría de edad en épocas del Y2K, se niega a ser adulto porque seguramente quedó marcado por programas de televisión noventeros como Renegado y/o Aventuras en pañales.

Como son la futura generación de consumidores, los millennials se han convertido en objetivo militar de todas las empresas y agencias de publicidad, que los persiguen como felino malgeniado a ñu carnudo.

Estos nuevos antropoides reguetoneros son gente de bien, que no es clasista, a la que le queda fácil hacer amigos, optimista, crítica, que cuida la naturaleza, que tiene espíritu como de hippie setentero. También conocidos como la Generación Y, crecieron rodeados de computadores, internet, celulares y un Michael Jackson blanco. Por eso, es mejor no perder el tiempo hablándoles de máquinas de escribir o de ponerle rollo a una cámara fotográfica para luego mandarlo a revelar.

Las subespecies millénnicas

El millennial casero

Este espécimen solo sueña con viajar, se resiste a comprar casa, a casarse o a generar un capital. Su hogar es su guarida, seguramente para vivir de sus papás hasta que sus hijos puedan mantenerlo.

Sus moradas son Facebook, Twitter, WhatsApp, Boomerang, YouTube, Deezer, Pinterest, Snapchat, Skype e Instagram. Y aunque está comprobado que el ser humano es un animal incapaz de hacer bien varias tareas simultáneas, usted podrá ver a este millennial encerrado en su madriguera, frente a un computador, moviendo el mouse con la mano derecha, chateando con el celular en la mano izquierda, mirando un Vine con el ojo derecho, leyendo Facebook con el izquierdo, oyendo una canción en Spotify con ambos oídos, pero, sobre todo, dando papaya en internet que es su talón de Aquiles; si quiere sacarlo de ese mundo irreal o si necesita lograr su atención porque le va a meter una vaciada, bájele los tacos de la luz para que se desconecte. Luego, tráigalo al mundo real, donde lo puede motivar con actividades físicas extrañas para él, como sacar la ropa de la lavadora o ir a la tienda por un Axion para lavar la loza.

El millennial callejero o transmillennial

Este personaje tampoco sueña con carro propio. Por eso, se le verá en las estaciones de vehículos de transporte público caminando con auriculares blancos que le advierten a cualquier delincuente que dentro de su bolsillo podrá encontrar un hermoso teléfono celular de alta gama, un poco más inteligente que el dueño. Muchos lucen unos audífonos gigantescos que hacen pensar a quienes los rodean que los millennials en cuestión están ayudando a parquear un avión.

El millennial laboral

Esta es una especie en vías de extinción. Este millennial dice que cumplió su ciclo en una compañía cuando apenas lleva un par de meses. Sus ciclos son parecidos a los de una lavadora. Para él, no es prioridad generar un capital que le permita tener un buen futuro. Sin embargo, en algún momento, quizá a los 51 años, se preocupe por empezar a cotizar semanas y a rogarle a la ciencia que prolongue la vida para que pueda disfrutar de su pensión a los 89 años. Y esto ocurre porque el millennial sufre del síndrome de Héctor Mora: quiere irse de viaje varias veces al año y con poco dinero.

Si usted es jefe de un millennial, tenga cuidado, no le dé vacaciones, ni siquiera le dé el chance de dejarlo hacer maletas, porque lo más seguro es que huya hacia el aeropuerto más cercano y en mitad del paseo lo llame para renunciar. Todo parece indicar que los millennials se ven más como lancheros de hotel o como koalas, porque casi todos quieren irse para Australia. Los que se quedan son creadores de startups o emprendedores, e inventan nuevos modelos de negocio; es decir, son los futuros jefes de esos otros millennials que llegan bronceados cada tres meses.

El millennial bicicletero

Como nunca le ha interesado tener carro, este millennial desconoce absolutamente todas las normas de tránsito. Anda en bicicleta y piensa que las señales de reglamentación hacen parte de la decoración de la ciudad.

Por eso, usted lo verá pasándose los semáforos en rojo, metiéndose en contravía y cerrando camiones hasta de nueve ejes, ya que le gusta chatear mientras conduce su velocípedo. En un desafío a la inteligencia y a la lógica, algunos millennials machos y hembras siguen la moda de montar en sus bicicletas con el casco que les debería proteger la cabeza amarrado al morral que tienen colgado en la espalda. Afortunadamente, si ocurre un accidente que genere un golpe definitivo a sus cerebros, las pérdidas no serán significativas.

El millennial reproductor

Este millennial afirma no tener intenciones de dejar descendencia. En el momento de quitarle la ropa, usted podría quedar sorpendido, ya que debajo de cada prenda encontrará un sufre de una adicción a ponerse textos, diseñ jeroglíficos, direcciones, listas de mercado y nombres de quienes patrocinan su vida, como si fueran carros de Nascar. Le advertimos que cuando esté propinando coito, usted podría tener la sensación de estar dándole arremetidas pélvicas a un jarrón chino.

El #LenguajeMillénnico

Así como hace años lo hizo la Real Academia, ahora el hashtag es el que hace válida cualquier #palabra, #frase o #idea. Lo que se gastan en viajes, los millennials se lo ahorran en palabras. Es común que para entenderlos haya que completar mentalmente palabras cojas como: bici, peli, info, celu, Transmi o compu. Tenga paciencia, sobre todo con la muletilla preguntona “¿sabes?”. El millennial hembra del altiplano cundiboyacense la suele utilizar cada 50 segundos para finalizar las frases… ¿sabes? Lo más probable es que, pasados tres minutos, a usted le den ganas de responderle: “Sí, ya sé, tú me ‘sabes’ a…”.

Al saludarse, chocan las palmas y luego golpean los puños. Muchos hablan en mexicanopaisa: qué chafa, ¿k onda? ¿toes k, güey? Y se dicen “parce”, así no hayan nacido en Antioquia sino en Buesaco, Nariño. Como han sido tan mimados, se tratan de “bebé”, y así haya algo que no amen sino que simplemente les agrade, dicen “amé”. Ejemplo: amé ir a cine contigo, amé que me dijeras te odio, amé que me ayudaras a vomitar. En los chats, usan emoticones revueltos con espanglish para expresar sus sentimientos.

Conclusión

Recuerde, usted también fue joven y le pidió a la gente de otras generaciones que respetara lo que hacía y decía. Lo mejor, entonces, será que haga un esfuercito y #EntiendaAlMillennial.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.