Hola, soy un pedo de Julián Arango que todavía no ha salido y, en nombre de toda la comunidad pedorra, aprovecho para poner una denuncia: resulta que el lunes pasado llegó a la casa de Julián un paquete que contenía unos parches de marca Flat-D (favor ‘googlear’), que se utilizan dizque para eliminar los olores asociados con la flatulencia y ayudar a que nuestro sonido no sea tan estruendoso. Absurdo, ¿no?

El artículo —fabricado en Cedar Rapids, Iowa, un pueblito de 126.326 habitantes con una tasa de desempleo del 23,4 %— es el típico producto creado en una cocina gringa por unos desempleados marihuaneros, que en un monchis bien berraco embadurnaron con Nutella un burrito de fríjoles negros y jalapeño, y, después de expulsarnos, olernos y reírse, se les ocurrió la brillante idea de crear unos parches para que no oliéramos. Lo peor es que han hecho que Julián se venga comportando muy raro.

Confieso que lo que más me extrañó fue verlo feliz mientras sacaba los parches, se bajaba los calzoncillos, ojeaba las instrucciones, se miraba las nalgas en el espejo, se ponía uno, se empinaba para ver si había quedado bien puesto (tapando el orificio, como dicen las instrucciones) y se subía los calzoncillos. Patético.

Ese no es el Julián que yo conocía: ahora se la pasa hablando de los parches, dando cátedra, diciendo que sí funcionan, que son lo mejor que se han inventado después de los pañitos húmedos; que cuál Steve Jobs, que esto sí va a revolucionar las comunicaciones, que no se cambia por nadie, que todos los pidan por Amazon; cómo será que hasta se los recomendó a sus amigos que sufren de diverticulitis.

El momento más duro fue cuando le dio por comer brócoli gratinado y crema de coliflor, lo que hizo que empezara a expulsar a mis compañeros, a detonar sin piedad en ascensores, en misa, en el carro de la suegra… Y nadie hacía caras, los parches parecían suavizar el olor ¡y hasta el sonido!

Julián en esas: traicionándonos después de todo lo que hemos vivido, de todo lo que nos hemos reído; después de salir airosos y culpar a los demás, de sacar sonrisas, de crear lazos de amistad, de ser cómplices; después de sacar corriendo a todo un salón de clases, de oír frases como “cuando coma león, péinelo” o “cuando coma culebra, quítele la cabeza”; después de ayudarle a Julián a ser un tipo de ambiente… va y nos sale con que ahora está decidido a usar ese parche, a echarse pedos sin incomodar.

Julián, ¡usted más que nadie sabe que nuestra razón de ser es precisamente esa: incomodar, generar conflicto! Por eso lo denunciamos públicamente, porque nos parece que esto es una falta de respeto con nosotros. ¿Acaso estamos hechos solo para sonar? Nooo, para eso están los ringtones.

Estoy decepcionado. Yo pensaba que Julián había entendido nuestra importancia en el desarrollo del ser humano como termómetro de salud, como motor de comunidad, de unión. Pero no, resulta que quiere privarnos del desarrollo de nuestra personalidad, cohibirnos para no sacar nuestro humor, quiere que muramos atrapados en la fibra de carbón de los Flat-D sin poder traer a este mundo risas o alaridos. No hay derecho.

Aprovecho para darle un ultimátum: si no deja de usarlos, le crearemos una oclusión intestinal y, en señal de protesta, varios de mis compañeros se atravesarán en su duodeno para impedir el paso de cualquier materia (física).

Julián, espero que no tenga que leer estas palabras en una clínica y que no se le olvide que entre usted y nosotros hay una relación fuerte y penetrante, que viene de atrás. ¿O ya se le olvido la vez que fue a dejar a la monita y, después de que ella se bajó del carro, usted (gracias a una Coca-Cola y una fondue de queso) detonó como un cosaco y dejó salir a mi abuelo, en uno de sus mejores performances registrados hasta el momento, haciéndose acreedor en 1989 al Pedo del Año? ¿Se acuerda? ¿Y se acuerda de cuando ella volvió porque se le había quedado la cartera y le golpeó en el vidrio? ¿Y se acuerda de los nervios cuando le abrió la puerta? ¿Se acuerda, se acuerda?

Esos momentos, Julián, son inolvidables. Hacen parte de su historia. Por las buenas, quítese como un pedo esos parches y permítanos ser esos individuos que nadie ve, pero que todos saben que están ahí. Además, una persona que usa ese tipo de productos termina comprando cerveza sin alcohol, y usted no es de esos. Así que permítanos salir, expresarnos y morir dignamente.

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