Quisiera que los ecologistas dejaran de destruir el planeta como lo han venido haciendo en las últimas décadas. Con sus advertencias apocalípticas me convencieron de que empezara a separar los desechos orgánicos de los inorgánicos. Para hacerlo, en la cocina de mi casa en vez de usar una sola caneca plástica, tuve que comprar dos canecas que todavía tengo y que no se han querido degradar. Y dentro de ese par de canecas tuve la necesidad de usar semanalmente dos bolsas plásticas y no una sola bolsa como, ecológicamente, lo venía haciendo. Ahora bien, si uno tiene mascota y sale por la noche en el popular plan "perro al parque", y recoge sus desechos orgánicos en una bolsa inorgánica, después cuando uno llega a la casa surge la pregunta: ¿cuál de las dos canecas debo utilizar? Y ahí ya hay algo que está marchando mal: dos canecas en vez de una, dos bolsas plásticas en vez de una, y perro con problemas psicológicos porque se pone indeciso ya que no sabe cuál caneca escarbar cuando uno lo deja solo. Ahora me pregunto: ¿cuánta porquería innecesaria me han hecho los ecologistas aportarle al planeta? Seguramente una mugrera parecida a la campaña publicitaria que nunca les enseñó a los señores recolectores de basura que no debían mezclar unas bolsas con otras dentro del camión.

En mi ecosistema, su sistema no me produce eco. Hace unos años, nos salieron con el cuento ese de que montemos en bicicleta para ir a estudiar o trabajar. Y perdónenme pero cuando uno suda, no le queda otro remedio que volverse a bañar y eso hace que cada eco-ciclista, diariamente, consuma más agua, más jabón y más champú que va a terminar duplicando la contaminación de los pocos ríos que aún nos quedan limpios y eso sin contar la doble dosis de desodorante y de talquitos, después de…

Y del reciclaje prefiero hablar un día en el que esté en ayunas porque aquí la cochinada aumenta. Es que yo me niego a usar servilletas recicladas porque las mismas compañías que las fabrican son las que producen papel higiénico. Y no voy a tocar más ese tema porque no me gusta que la gente me vea como un comemierda. Prefiero ser la persona más antiecológica en el planeta. A propósito, ¿Los gerentes de marca de esos productos no se deprimen al pensar que trabajan de sol a sol y todos los consumidores prácticamente, nos limpiamos el culo con lo que ellos hacen?

Pero bueno. Volvamos al tema de los ecologistas. Ellos no se dan cuenta de que el ser humano es parte de la naturaleza. Cuando un león tiene hambre va y caza una gacela, no una astromelia. ¿A cuál animal se le ocurrió promover no alimentarnos de animales? Cuando uno tiene hambre, nuestro instinto nunca nos hará pasar saliva frente a una floristería ni mucho menos a ponernos en cuatro patas para olfatear y mordisquear las matas que ponen al lado del ascensor. Lo más seguro es que los ecologistas no crean en la reencarnación. Y si creen en ella, deben estar pensado que en la otra vida van a tener que golpearse en la columna para poder disfrutar de un mundo mucho más vegetal. No solo de poteca de auyama vive el hombre. Los seres humanos comemos con tres de nuestros cinco sentidos. Miramos, olemos y luego saboreamos. No hay nada más delicioso que un pollo, bien cerdo. No me vean la cara de marrano, yo no voy a pagar lo mismo por un Combo Corralísima… sin carne. No voy a ir a un restaurante llamado Andrés carve otra vez a preguntar si hay brochetas de cebolla, pimentones y papa, o en vez de una punta de anca, a pedir una penca sin punta.

Promueven ellos que para ahorrar energía en la casa cambiemos las luces incandescentes que alumbran bonito por esos bombillos fluorescentes ahorradores de energía que emiten esa luz de tono de hospital y que tiene forma de chupo de vidrio. Vistos desde la calle, en los cuartos de las casas donde usan ese tipo de luces parece que estuvieran cuidando enfermos terminales. Esa luz debe volverle a uno el pelo amarillo, la piel verde y el alma negra. Y creo que tratar de acabar con la vida de un ser humano de esta manera, me parece algo bastante antiecológico.

Reciclando el tema del reciclaje, me enteré de que a los ecologistas ahora les dio porque uno debe andar con el mismo vaso para servirse cualquier líquido. No entiendo por qué en la década pasada duraron tantos años mostrándonos una imagen de un vaso blanco de plástico con la palabra "destrúyelo" si ahora todos dicen "guárdelo". Me preocupa lo que nos van a sugerir que hagamos en un par de días con los condones. Según ellos, todo es reutilizable, todo puede volver a tener una segunda oportunidad. Lo que alguien usó le puede servir a alguien después. Y así las cosas, pues podemos empezar a sospechar quiénes son los que forman esa sociedad secreta que pega chicles debajo de bancas de las iglesias.

Dicen todos ellos que hay que disminuir la venta de automóviles particulares y cuidar los árboles y los pajaritos. ¿Y todo para qué? Para que crezcan los árboles, los pajaritos coman sus frutos y luego se paren en su ramitas a hacer sus necesidades sobre los carros particulares que están parqueados debajo obligando a sus dueños a lavarlos una y otra vez, gastando esa agua necesaria para que crezcan los arbolitos donde se piensan cagar los pájaros más adelante. Es un círculo vicioso. Y hablando del tema, los ecologistas dicen "armemos patrullas verdes" pero esa debe ser una clave que tienen para irse a armar y a fumarse aquellas montañas que tanto defienden.

Otra de sus instrucciones locas consiste en promover el aumento de las tarifas del agua y eso generaría un nuevo conflicto mundial. Si aumentan las tarifas, se vuelve una mafia. Los traquetos empezarían a comprarla barata y a venderla cara. Con eso, arrancaría un nuevo conflicto armado. Si suben los precios del agua, empezará otra guerra. En los aeropuertos gringos pasarían perros por encima de las maletas para que huelan a ver si uno lleva por ahí una botella de agua aunque sea oxigenada. Saldrían en el noticiero aguateros de equipos de fútbol, esposados y con el escudo de la Policía Nacional detrás. Así mismo veríamos desmantelamientos de laboratorios clandestinos en la selva donde se destilan orines o una noticia mucho más grave para el colombiano promedio: el cierre de Piscilago.

Así que si algún ecologista piensa que lo que escribo es una completa basura, perfecto, porque le va a tocar reciclar estas ideas, una y otra vez. Y ahí me voy a quedar, como un ser de neurona plástica que nunca se va a biodegradar. Pero eso sí, que alguien me diga, ¿quién nos va a motivar de verdad, para que por fin empecemos a cuidar la Tierra? Tarea difícil porque mientras los hombres somos de Marte y las mujeres son de Venus, los ecologistas son… inmamables.

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