Perro caliente
Se trata de la versión más rococó del clásico hot-dog norteamericano. Mientras este viene acompañado de una sobria raya de salsa de tomate y otra de mostaza, y acaso un poco de pepinillos, el perro caliente nacional contiene unas siete salsas, entre ellas —¡horror de horrores!— mermelada de piña. Por si fuera poco, tiene papitas molidas, picadillo de cebolla fermentado a la intemperie, jamón verde, queso costeño rancio, tocineta y huevos de codorniz, todo ello en precario equilibrio sobre una salchicha mínima de color violáceo, probablemente confeccionada a partir de algún jumento, can o felino.

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