Este país, el país que “es pasión”, lleva décadas convenciéndose de que un colombiano es muy fácil de identificar en cualquier parte del mundo porque no se vara, es entrador, baila salsa y señala con la boca. Pero al mismo tiempo, y sin darnos cuenta, ha nacido dentro de nosotros un espécimen único, un biotipo cruzado entre querer estar en Miami pero vivir en Girardot y que sueña con oír su nombre pronunciado por la boca sensual de la Negra Candela: el miembro de la farándula criolla.

¿Cómo identificarlo? Le propongo siete preguntas básicas:

¿Le es imposible describir claramente a qué se dedica? Hace unos años la cosa era clara: Carlos Muñoz era actor; Isadora, cantante y Gloria Valencia, presentadora. Le pregunto al país: ¿qué es Sara Corrales? (señora lectora: es una pregunta retórica. Por favor, guárdese los insultos). Pregunto porque un día es modelo de ropa interior, al siguiente actúa en una novela y después saca una canción (señora lectora: la canción se llama Acaríciame. ¡Lo que dirán las amigas!).

¿Es, ante todo, muy espiritual? No hay entrevista en que estos muchachos de 20 años no nos recuerden que les aburren hasta el hastío la rumba y el licor y que prefieren quedarse en la casa leyendo, encontrándose a sí mismos y, ya estando en esas, creciendo como personas.

¿Utiliza mal la palabra ‘demasiado’? La farándula colombiana hizo suya la cruzada para utilizar ‘demasiado’ como forma de calificar la máxima expresión de un sentimiento. Y lo malo es que están triunfando. Si usted oye frases como “Recibir este premio fue demasiado emocionante”, “El público es demasiado lindo conmigo” o “Mi novio es demasiado” (así, sin adjetivo), está oyendo a una actriz colombiana. O a una modelo. O a una cantante. O a un estilista.

¿Nunca está desempleado? Invito a ese 10% de colombianos que, según el DANE, están desempleados a que la próxima vez que les pregunten por su situación laboral respondan, con la frente en alto y sin sonrojarse, “me estoy tomando un tiempo para crear”. Para el ánimo del país sería fundamental que a la pregunta “Héctor, supe que saliste del banco. ¿En qué andas?” el contador varado respondiera tranquilamente: “Pues creando”, y siguiera su camino orondo y feliz.

¿Miami, Miami, Miami? Nadie le informó a este gremio que hubo una recesión severa en Estados Unidos, que uno de los corazones fue la burbuja inmobiliaria de La Florida y que la cosa se ve cada vez peor. Todos insisten en arrancar a la primera oportunidad para Miami, ser descubiertos por los Estefan y hablar con Julito desde Collins Avenue.

¿Luce a como dé lugar cueritos? En una competencia abierta con Samuel Moreno, nuestros galanes lucen cueritos en ambas muñecas, de esas que van creciendo día a día brazo arriba amenazando con gangrenarlo definitivamente. Si cree que exagero, verifíquelo usted mismo en las secciones sociales de las revistas importantes de este país: no importa si llevan puesta guayabera en una fiesta de fin de año en Cartagena, esmoquin para un matrimonio en Bogotá o pinta de ‘rebelde sin causa’ en un lanzamiento de un producto de belleza, los cueritos siempre aparecen. Ahora bien, si a eso le sumamos pelo sin lavar, barba de tres días y bluyines rotos, está usted viendo al protagonista de la novela de las ocho de la noche.

¿Hace gala de una capacidad de recuperación anímica envidiable? Después de proclamar a los cuatro vientos que están “demasiado enamorados” de su pareja, de publicar fotos de las vacaciones, los niños y las fiestas juntos y de jurar amor eterno en las páginas de Elenco, usualmente todo se viene abajo. Entonces uno, como lector responsable y ciudadano comprometido, piensa en el dolor de esa pareja, en lo injusto que es el mundo y maldice porque el amor no triunfa sobre las dificultades. Todo, para luego darse cuenta de que a la semana a ella “se le vio muy acaramelada toda la noche” con el coprotagonista de la novela (texto estándar de TV y Novelas) y que él ya está de fiesta con una Chica Águila: “¿Serán algo más que amigos?”, sugiere siempre responsable el corresponsal de Sweet.

Como colombiano, advierto que no los critico: que es reconfortante saber que tenemos un gremio tan bien definido. Y no, señora, cuando digo “bien definido” no lo hago pensando en el cuerpo de Sara Corrales. Únicamente.

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