Oblea con todo

La primera vez que el famoso pintor René Magritte observó una de estas “obleas con todo” en la tienda de José A, parafraseó la famosa frase que aparece en su ya célebre obra de la pipa y le dijo a su traductor: “C’nest a oblea. Cest a pizza” (“esto no es una oblea: es una pizza”). Pero esto no es una pizza, queridos amigos: es una oblea. Contiene un inventario de productos hipercalóricos dentro de los que, a vuelo de pájaro, se distinguen: una capa de arequipe, medio litro de crema de leche, un pote de mermelada, dos libras de queso rallado, un litro de suero costeño, otro litro de suero clínico, tres rodajas de salami, dos de jamón, tomate, una cerca, cuatro cabezas de ganado, entre otras. Si se encuentra haciendo dieta, pídala con todo lo anterior más Stevia.

El quesadillo

Su nombre viene de esa inveterada costumbre nacional de fusionar palabras, al mejor estilo de ‘venpermuto’ (vendo o permuto), ‘tapintamos’ (tapizamos y pintamos) o ‘divibaños’ (divisiones para baño). Si se llamara bocadillo cubierto de queso crema no sería tan colombiano como la yidispolítica, la narcoparaguerrilla y los furibistas. Es importante aclarar que, merced a la consistencia líquida del bocadillo, basta un mordisco para untarse la barbilla, mancharse la ropa y embadurnarse la mano.

Bon Bon Bum

Chupeta con aproximadamente un 678% más de azúcar que un galón de Red Bull. Contiene una coraza de dulce que recubre una bola de chicle supremamente duro, probablemente el residuo industrial de alguna fábrica de chanclas. El Bon Bon Bum tarda un promedio de cuatro horas y media en deshacerse. Por nada del mundo se le ocurra hincarle el diente, pues esta golosina, junto al chicharrón de Andrés Carne de Res, es la principal causante de ruptura de calzas e implantes dentales.

Brevas con arequipe

Nada como el delicioso contraste entre las brevas, que son muy dulces, y el arequipe, que es aún más dulce. Postre típico en todo el país, generalmente se deja servido con horas de antelación, de tal manera que la breva se seca y empieza a convertirse en una gran ciruela pasa, mientras que el arequipe se vuelve cauchudo y por poco deviene chicle bomba. Este postre es el epílogo suicida de una bandeja paisa: si esta ya suscitaba graves riesgos al intestino, las brevas con arequipe actúan como acicate de pavorosas y a veces letales consecuencias.

El Chocoramo

De ‘Chocolate’, producto derivado del cacao, y ‘Ramo’, ponqué que ronda desde hace años y años la canasta familiar colombiana, el Chocoramo es un ponqué de vainilla cubierto de una consistente capa de chocolate que, más que alimentar la barriga del comensal colombiano, alimenta su nostalgia por la niñez. Etimológicamente, el Chocoramo ha dado paso a toda una terminología que comienza con el prefijo ‘choco’, como ‘chocoloco’ o ‘ChocQuibTown’, grupo musical que, cuando se pone “chocoloco”, entona otro derivado del Chocoramo, que es la canción que sustituye el extranjero y burdo Happy Birthday por el nacionalista y glorioso Feliz cumpleaños, amiguito, te desea ponqué Ramo.

Postre de natas

No se sabe exactamente qué hizo que una cocinera colombiana optara, no por tirar la nata que flotaba en la taza de un frío café con leche, sino por retirarla delicadamente, sumarla a otras natas, saturarla de azúcar y servirla en un plato junto con algunas uvas pasas. Es un verdadero misterio. Pero lo hizo, para la desgracia abdominal de la población colombiana, que, a pesar de su deplorable aspecto (el del abdomen, no el de las natas), sucumbe irremediablemente a este manjar de los dioses.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.