Cuca

Galleta redonda y morena de sabor dulce que el pueblo bautizó con el mismo coloquialismo con que se conoce el órgano reproductor de la mujer. No seremos nosotros quienes sucumbamos a la fácil tentación de hacer chistes de doble sentido con tan obvia coincidencia. Como sea, la cuca tiene un aspecto áspero por fuera pero suele ser suave por dentro (no, nos negaremos a hacer el paralelo). Y se consigue en diversas consistencias y tamaños (no, señor: ya dijimos que no haríamos relaciones obvias). Y en más de un caso se han detectado pelos en medio de ellas (lo advertimos desde un principio y cumpliremos). Célebre es la frase “esa plata me la como en cucas”, cuya autoría se la disputan Jairo Andrés Valencia, goloso taxista natural de Palmira, y Silvio Berlusconi, primer ministro italiano.

Fruna
Es la pariente pobre del chicle bomba. Confite maleable de regusto lechoso, la fruna deja blanca la lengua y es culpable, en buena medida, de que la mayoría del presupuesto de infraestructura del país se vaya en sanar a quienes se entregan a su pegajoso placer: no en vano, hay estudios de la Cámara Colombiana de Infraestructura que demuestran que las únicas dobles calzadas del país son las muelas de quienes se han atrevido a comer frunas después de los 30 años.

La chocolatina Jet
Pequeña barra de chocolate de cuatro pastillas que sirve para todo: de regalo, de postre y de emblema nacional. Alguna vez tuvo una rival: la chocolatina Mú. Pero cuando esta, la Mú, cambió su textura ingeniosa por la planicie de los chocolates ordinarios, se quedó completamente sola en el mercado. Ha querido diversificarse: traer maní, pasas, coco. Ha querido explorar: ser esponjosa, rellena, mini. Pero su destino es ser simple: la misma de siempre. Quien la ha probado alguna vez, sabe que es la verdadera: que todo lo demás son arandelas. Suele venir con una mona coleccionable —esto es, una lámina— que hace parte de un álbum que vio la luz en 1810 y que nadie, desde entonces, ha logrado llenar. Dichas monas constan de unas lindas ilustraciones que dan testimonio de la riqueza de nuestra fauna y flora: desde el gorrión reciente que se ve en los parques, hasta mamíferos prehistóricos como el brontosaurio o el mismo Enrique Gómez.
Brazo de reina
La inventora del brazo de reina es doña Lidia Manotas, a quien en la elaboración de este plato su hija le echó una mano. El punto de partida de doña Lidia era superar los tradicionales deditos, una galleta que despierta interés en toda la población colombiana: desde el jornalero humilde del campo, como Juan Manuel Dávila, hasta representantes de la clase dirigente, como Germán Vargas Lleras, cuyo interés por los deditos ha ido in crescendo. Doña Lidia lo logró: el brazo de reina superó con creces a los deditos sin distingos de raza o sexo, y se entrega a su placer —al del postre, no al del sexo— personal de distinta índole, como Yidis Medina. Se trata de un enorme rollo de carbohidratos relleno de glucosa, que debe conservarse en un lugar cerrado y fuera del alcance de los niños. El brazo de reina también. 

Cuajada
Usted busca la leche, la calienta (o, por qué no decirlo, la cuaja) y, sin hacer mayores preguntas, recoge la parte caseosa y crasa para hacer la cuajada. Que es un queso blancuzco, acuoso, gelatinoso, pero sabe mucho mejor de lo que suena. Vale la pena advertir, sin embargo, que, no obstante ser un queso según los organismos internacionales, en los menús de restaurantes de comida típica encontrará la cuajada en la sección de los postres. Dirá: “Cuajada con melao”. Y, si la pide, tendrá este problema: que, aunque siempre (óigase bien: siempre) tendría que ser la cuajada muy fría y el melao —una viscosa salsa de panela— muy caliente, siempre llegará a su mesa justo al revés: cuajada muy caliente y melao muy frío, que de todos modos debe despertar su agradecimiento, porque cuando la panela llega caliente produce quemaduras en la garganta. Según la Asociación de Laringistas Colombianos, el melao es la principal causa del boquetismo en el país.

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