No se propone el humor corregir o enseñar, pues tiene ese dejo de amargura del que cree que todo es un poco inútil.
Gómez de la Serna


Primero que todo han de saber que no es nada fácil pararse ante el público uno solo, con el riesgo de que los de la primera fila rían de últimos. El público es un monstruo de mil cabezas (cuenta a los espectadores). En realidad de veintisiete cabezas. Lo cierto es que hay que estar muy necesitado de billete para hacer esto.

Pero precisamente el stand up comedy surgió en la pobreza, durante la gran depresión económica de los Estados Unidos (1929), cuando los norteamericanos se vieron tan empobrecidos que algunos de ellos, acosados por el hambre, se pasaban para México… por el hueco.

Estos gringos ilegales en México obtenían los peores trabajos, casi siempre lavando platos, labor que debían cumplir de pie. Era tanta la pobreza en la USA que no tenían ni en qué sentarse: de ahí su nombre stand up comedy, que traduce literalmente "comedia parada". No era raro que estos humoristas sufrieran de várices.

Los comediantes parados (o standaristas) hablaban de sus vivencias cotidianas: de la lucha diaria por conseguir un mendrugo de pan, de las peleas domésticas por una cobija rota… O sea, el standarista habla de sí mismo, de su propia vida.

De modo que el comediante podría empezar su rutina de esta manera. A propósito, el tema que desarrolla el standarista durante su intervención se denomina ‘rutina‘, pues consiste en contar la vida rutinaria. Ojo: una persona con una vida extraordinaria no sirve de standarista porque la gracia de este tipo de comediante es que cuenta bobadas. No podemos imaginar, por ejemplo, a Osama Bin Laden desarrollando una rutina que empiece: "Esta mañana me dirigía a perpetrar un atentado…".

Decía que el stand up comedy emanó de la pobreza y la pobreza es su esencia: todos los grandes comediantes han tenido un origen humilde. No le veríamos gracia a un humorista que diga: "Ahora venía en mi auto Lamborghini y al mirar mi reloj Rolex…". Además el stand up comedy se presentó originalmente en bares, lo que permitía que el comediante redondeara su salario con las propinas por cuidar los carros.

La pobreza y la desgracia son pues la materia prima del standarista. Vale decir que si además de pobre es casado, tiene una cantera inagotable. El standarista va a la fija cuando toca el tema de la pareja y el ingrediente sexual. El público se desternilla de la risa cuando por ejemplo se habla de la situación poscoito, después de que la pareja acaba de "tupirle al miriñaque"*: la mujer quiere hablar… y el hombre también, pero no con ella.

Pero el auténtico standarista se refiere a tonterías: "Esta mañana cuando me desperté tenía una pierna dormida… Muy dormida, prácticamente mi pierna dormía a pierna suelta… ¿Cómo despertarla sin traumatizarla? ¿Le toco el hombro? Lo peor es que tenía cita temprano con mi psicólogo que me está tratando mi cleptomanía. Es muy interesado en el pago mi psicólogo: cuando no tengo dinero para la consulta me recibe objetos… sin preguntar su origen".

Antes de terminar esta breve digresión sobre el stand up comedy, debo advertir que no podemos confundirlo con el unipersonal, que como lo indica su nombre "uni", se refiere a una pieza teatral interpretada por un solo actor. Esta modalidad dramática está actualmente en todo su apogeo debido a la crisis económica de los grupos teatrales, que han venido despidiendo un actor, otro actor... hasta quedar un solo actor.

Conclusión: la principal diferencia entre stand up comedy y unipersonal es que el actor del unipersonal toca un tema trascendental, como por ejemplo la diferencia epistemológica entre standarista, cuentachistes y recreacionista.


*Tupirle al miriñaque: término inventado por la famosa cuentachistes, que no standarista ni recreacionista, ‘la Nena‘ Jiménez.

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