Siempre he creído que no puede ser viable un país en donde todo el mundo sabe de todo. No es sino que uno se encuentre con un abogado penalista para acabar preguntándole cómo liquidar a la muchacha del servicio y, lo peor, es que el penalista contesta sin ruborizarse, como lo hace el gastroenterólogo cuando uno le pregunta sobre una pepita que tiene en la oreja. Ni para qué hablar del electricista que sin vergüenza se ofrece para arreglar la estufa de gas y hasta el computador. "Es que hice unos cursitos en el SENA" afirman para darle a uno confianza y como premonición a la tragedia que se avecina.

Esa falta de especialización o, mejor dicho, creer que sabemos de todo, es lo que hace que en este país uno tenga que tener mucha fe para atreverse a que alguien le haga algo. Recuerdo que en alguna oportunidad le pedí a un urólogo que me mirara porque tenía un dolor en una bola. Sin mayores problemas me dijo que era un cálculo renal que bajaba y que tomara buscapina y cerveza. A la semana el dolor seguía ahí por lo que decidí volver a donde el genio, quien decidió que lo mejor era operarme. Ante la expectativa de que me abrieran las bolas mi familia optó por enviarme a los Estados Unidos para que nos dieran una segunda opinión. Después de varios exámenes los médicos gringos diagnosticaron que yo tenía un dolor psicosomático producido por estrés, por lo que, en vez de caparme, me dieron un ansiolítico que me quitó el dolor. ¿Cómo puede ser viable un país en donde eso pasa?

Tan solo en estos días vi dos cosas en el canal RCN que me reconfirmaron que este paisito es inviable: la primera, el hecho de que todos los colombianos estemos sufriendo por cuenta de El Capo, Pedro Pablo León Jaramillo, a quien todos estamos admirando, mientras odiamos a las autoridades legítimamente constituidas. Es decir que la moral de los colombianos finalmente cambió en ese sentido; por eso no nos sorprende que el presidente se reelija. Y cómo no hacerlo si lo vimos en la TV durante el bautizo del hijo del noble y leal Roy Barreras; se sacó del bolsillo la peinilla que compró hace 30 años en el LEY y peinó al bebé después de que el cura que lo bautizó lo dejara empapado e igualito a Fanny Mikey.

Hablando de Fanny, en estos días viajé a Cali gracias a la seguridad democrática que ahora nos deja parar en la Línea a tomar kumis de tapa de tusa, que de kumis solo tiene el nombre, y pensé que no puede ser viable un país que tiene que esperar más de 60 años para tener el túnel que une Cajamarca con Calarcá y en cambio adjudique una mal llamada segunda calzada entre Bogotá y Girardot que, además de peligrosa, tiene algunos peraltes al revés, como si los ingenieros hubieran calculado sus cifras asesorados por el Pincher Uribito y su Agro Ingreso Seguro. Me imagino que como en este país no hay corrupción, estamos solo frente a unos pequeños errores de cálculo. Sí, los mismos errores que aparecerán en el censo electoral cuando se trate de aprobar el referendo reeleccionista.

Ahora bien: no puede ser viable un país que tiene entre sus líderes espirituales al cardenal Rubiano, que con su fina y delicada voz opina sobre lo divino y lo humano, como si los colombianos no tuviéramos suficiente con una clase política parlanchina y descarada. Es que a este país ya no lo salva ni dios, y que conste que menciono su nombre, no porque crea en él, sino porque estoy persuadido de que ni un milagro sacaría a Colombia adelante.

Pero de todo lo que hace inviable a este país, hay una cosa que puede ser superior a las demás. Y es que el científico más famoso, el científico de fiar, sea Manuel Elkin Patarroyo. Alguno de mis antepasados, citando a Borges, solía decir que "ser colombiano es un acto de fe". Y Fe, ese don divino que a unos nos fue negado y a otros se les dio en exceso, como a José Galat, es lo que se necesita para pensar que no puede ser viable un país cuyo científico de cabecera es el médico Patarroyo, cuya vacuna para la malaria está más cerca que el grupo Prisa del tercer canal de televisión.

Uno ve a Patarroyo en mucho coctel, en mucha entrevista, pero, según algunos recortes de prensa, su vacuna goza de más fama que de efectividad. A pesar de que descubrió la vacuna en 1986, aún en 2009 científicos e investigadores del mundo estudian la forma de hacer que la vacuna evolucione para contrarrestar los casos en niños entre cero y cinco años en África, donde se presenta el 90% de apariciones de la enfermedad. Se estima que hasta dentro de cinco años se podrá aplicar la vacuna en todo el mundo, mientras los estudios avanzan. Hasta ahora, es eficiente en el 58% de los casos cuando la enfermedad está en su momento más grave. Además, hay informaciones que sostienen que la creación de Patarroyo estaba destinada para la población adulta y no para los niños, que son los más amenazados por la enfermedad. Mientras nuestro científico estrella sea este señor, no hay país posible.

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