Debo decir que uso manillas porque me gustan, porque las he tenido desde que me conozco, porque hacen parte de lo que soy, porque sin ellas me sentiría desvestido y porque con ellas recuerdo un poco mis orígenes indígenas.
No veo por qué las personas se extrañan o incomodan con las manillas y no lo hacen con los aretes o con las corbatas, prendas igual de primitivas y subdesarrolladas. La corbata es equivalente en la fauna a tener la cola por delante.
Por fortuna, en Colombia, la Constitución no obliga a cómo vestirse o a qué ponerse, lo que salva los turbantes de Piedad, las boinas de Petro, los cuellos tortuga de Garzón, las bufandas de Poncho y las flores de Julito.
Manillas tienen el presidente Santos, el Pibe Valderrama, el expresidente Clinton, Mandela, Manzur y aquellos que las prefieren y no se dejan oprimir por imposiciones sociales. Cuando nací, me abrocharon la primera para no confundirme. Tengo una que me regaló Jaime Garzón, otra que me dio Pacheco, varias tejidas por los niños wayúu y la que advierte sobre el cáncer de seno. ¡Ah! y la argolla de matrimonio no fue un anillo sino una manilla que todavía llevo soldada a mi mano, aunque me separé.
Me encantan de muchos colores, elaboradas a mano, sacadas de lo que da la tierra o las que me ofrecen personas especiales. Es un gusto personal como el que se tiene por el sancocho o el caviar, por las camisas blancas o azules. Las manillas no develan preferencias, ni inclinaciones, ni perversiones. Tampoco hacen a la gente más o menos que otros, mejor o peor persona; solo identifican una manera de ver la vida y el mundo. Prefiero estar atado a un hilo tejido en la muñeca que a una religión, a un dogma o a una militancia política. Me hacen libre y desprejuiciado.
Muchas causas sociales en el mundo se han simbolizado con una manilla. El día que todos utilicemos una con algún distintivo de Colombia y adquiramos el compromiso de hacer de esta tierra una mejor nación, nos sentiremos realmente orgullosos.
La ropa muestra lo que queremos ser y las manillas lo que somos. Entre usar manillas artesanales o corbatas Hermès prefiero las primeras, porque las segundas sirven con traje para disfrazarnos de inteligentes y las manillas para desnudarnos como los primates que somos.

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