No sé quiénes serán los beneficiarios de los milagros que se le atribuyen, pero las primeras que deben estar muy agradecidas son las hermanas de su congregación, porque tener una santa de su lado siempre será buena plata. No importa que hayan hecho años de lobby, muchas gracias, madre Laura.

No me gusta el Vaticano, pero en estos días de TLC es bienvenida cualquier inversión extranjera que no venga de privatizaciones o corporaciones que hacen a la vez la semilla y el pesticida. Siendo que gracias al turismo es que la gente de a pie tiene la posibilidad de ver algo de la plata que viene del extranjero, gracias, madre Laura, por lo que significa su presencia en términos de peregrinaciones, que no es otra cosa que turismo de camándula.

Gracias también, santa Laura Montoya, por haber respetado la vida de los pueblos indígenas en los que realizó sus misiones, a diferencia de tanto evangelista armado. En un país al que poco le importan los dueños originales de la tierra, ya es un valor agregado saber de una persona importante que buscó además respetar su idioma y costumbres. Su religión no, pero a fin de cuentas ese es el trabajo por el que se le premia, y no sería santa madre Laura si no fuera por su labor de evangelización. Ya que estamos en esas, gracias porque por usted me están publicando un artículo en SoHo; pagado, por supuesto.

Le agradecemos también, santa Laura Montoya, porque de todos los santos y Santos que hay en este país usted es la única verdadera, la mejor de todas y la primera en importancia. No importa que Juan Manuel y Pachito se la pasen peleando, no importa que tanto inquisidor y boato autonombrado se la pasen ocupando el espectro de las noticias día tras día, siempre será usted entre los santos (y los Santos) la única con derecho al cielo. Por ser la primera Montoya en importancia en el país, le agradecemos de corazón. Es meritorio, además, que lo haya logrado sin ser tan bonita como la Toya Montoya o tan rápida como Juan Pablo.

Le traigo además una serie de agradecimientos que vienen de afuera: Juan Manuel Santos le agradece porque tenía ganas de visitar el Vaticano, y por intercesión suya tuvo la oportunidad de sentarse en puestos reservados para la realeza. O Julio Sánchez Cristo, que también le agradece porque tuvo un día entero, o más, dedicado a hablar de usted y no hay nada que más agradezca un periodista colombiano que los temas fáciles, que no requieran más que una pasada por Wikipedia. Gracias le mandan los comerciantes del centro, que ahora tienen la oportunidad de vender más estampitas, y los tuiteros que, al igual que los periodistas colombianos, aman los temas fáciles que les permiten abusar del sarcasmo y los hashtags, pero no pasan por Wikipedia.

Pero gracias sobre todo, y esto se lo digo de corazón, por haberle ganado en la carrera hacia el santoral al padre Marianito. No dudo de que él tuviera también su lado bueno, pero ya se había convertido en una franquicia de Álvaro Uribe y todos los miembros de su santa inquisición. Gracias, de verdad, porque cualquier triunfo sobre el Puro Centro Democrático es una victoria de Colombia entera.

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