El alcohosensor RBT- 4 es uno de los implementos indispensables para los agentes de tránsito y la causa de la desgracia de miles de conductores que regresan a sus casas después de beber. Después de tomarme cinco cervezas (cantidad más que suficiente para activar el mecanismo), probé tres de los trucos más ensayados para engañar a la máquina.

1. Comiendo tomate. Aunque muchas personas me dijeron que el tomate quitaba el tufo, nunca supe de dónde salió el mito. Es todo un misterio, pero un misterio bien difundido. Soplé, soplé y soplé, y el alcohosensor marcó 0.66 grados de alcohol, lo suficiente para perder el pase por más de un año.

2. Comiendo pan. Después de embutirme una baguette entera, volví a soplar en el aparato, pero no se dio el milagro; 0.64 grados de alcohol, medida todavía suficiente para joderme la manejada.

3. Chupando una moneda. Llegué a la más esperada. Ponerse una moneda bajo la lengua, dicen, es la verraquera para contaminar la boca y matar el tufo. Saboreé 500 pesos por un rato, y volví a ‘rumbearme‘ con mi amigo RBT- 4. Nada de nada, tuve que devolverme a pie.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.