Título original: E.T., el extraterrestre (1982)

Segunda parte: Alf, el estratomedio (2008)

Dado que en su planeta no le es viable volar en bicicleta ni emborracharse con cerveza, E.T., el marciano cabeciplano que conmovió a la humanidad, decide que es hora de regresar al planeta que le dio la fama. Para ello toma un curso acelerado de inglés. Algo fácil la tiene, pues ya se sabe dos palabras: Phone y home.

Su intención es volver a ver a Elliott, su amigo de aventuras. Pero Elliott ha crecido siendo una pequeña estrella de Hollywood, es decir que está involucrado en drogas, tiene más de dos entradas a la cárcel por conducir ebrio y su familia se ha lucrado a costillas suyas. Decepcionado, aterriza de emergencia en el patio de una familia norteamericana de clase media de apellido Tanner. Allí lo reciben con cordialidad el líder del clan, Willie, su esposa, su hija adolescente, su pequeño hijo y un gato de nombre Suertudo.

Corre el final de la década de los ochenta y, como lo dicta la moda, E.T. se deja el copete Alf y se rebautiza Alf.

El nuevo inquilino da a conocer todas sus destrezas, incluyendo la de estirar y encoger a su antojo su regordete dedo índice, lo que provoca eternas disertaciones científicas entre los hombres de casa y curiosidad morbosa entre las mujeres.

Un día, después de haberles dejado grandes enseñanzas y enormes satisfacciones a los Tanner y a las Tanner (respectivamente), decide que es hora de regresar a su planeta. Repara su nave y despega, pero de nuevo se ve obligado a realizar un aterrizaje forzoso. Se descubre en mitad de una plaza enorme, con un gigantesco edificio blanco al frente. Hombres vestidos con faldones blancos y crucifijo al cuello se le acercan con curiosidad, hablando en italiano.

Entre la multitud se adivina el que parece ser el perfil de Willie Tanner, su querido anfitrión terrestre. E.T., o Alf, se abraza a sus piernas, con la tranquilidad de nunca haber dejado el hogar.

Pero Willie no es Willie sino su gemelo idéntico, Juan Gómez Martínez, embajador colombiano ante el Vaticano. El diplomático hace uso de las facultades que le proporciona la seguridá democrática y extradita al extraterrestre. La razón: hace poco su jefe directo, en un discurso, le sugirió a los líderes de una organización terrorista de su país que "vayan pensando en una nave espacial que los conduzca a un escondite a donde no les podamos llegar". Gómez Martínez asume que los guerrilleros le han hecho caso y que se están fugando del planeta. "¿Creíste que te nos ibas a volar, Jojoy?", sentencia el funcionario. Y es que, por desgracia, E.T. también tiene un gemelo idéntico en la Tierra.

Título original: Una propuesta indecente (1993)

Segunda parte: Una prepago indecorosa (2008)

Cansada de escuchar a media humanidad desgañitándose frente a las pantallas gritándole: "¡No sea boba, mija! ¡¡¡Es un millón de dólares!!! ¡¡¡Cómaseloooo!!!", la otrora abnegada esposa Demi Moore descubre una interesante y lucrativa alternativa laboral en la aceptación de propuestas indecentes. Por eso decide instalarse en el país con más prepagos por cabeza en el mundo —y no hablamos de celulares—, usando su mismo nombre pero traducido al español, es decir, Deme Más. Más que un nombre, una insinuación.

Así se inicia la exitosa carrera de modelo, actriz, presentadora y "otras cositas" de la atractiva Deme. Su profesión la lleva a ser requerida (y re-querida) en recónditos lugares como el Urabá antioqueño, Santa Fe de Relajito y el Valle del Sinú completo. Se recorre medio Magdalena y el Magdalena Medio, es solicitada en San Vicente del Caguán, en Pradera y Florida; en Santa Marta, en Barranquilla y en Cartagena, pero del Chairá. Y ni hablar la de veces que cruza por tierra y río las fronteras con Ecuador y Venezuela...

Pero los buenos tiempos llegan a su final. De la comodidad de sus fincas expoliadas, la clientela de siempre pasa a vivir a cárceles en Estados Unidos. Así, intenta hacer su agosto con la literatura reflexiva, escribiendo sus memorias bajo el seudónimo de Madame Chochí. Lo magro del éxito la lleva a buscarse la vida en otros negocios. Siempre a la vanguardia de lo que está de moda, decide que lo suyo son las pirámides y monta la organización "Demi Moore Gains" o "Deme Más Ganancias".

Desafortunadamente la sigla de esa empresa, DMG, es confundida con otra y la agraciada dueña termina con sus huesos, piernas, culo y tetas en la cárcel.

Título original: Titanic (1997)

Segunda parte: Titanic II, la venganza... ¡Esta vez es personal! (2008)

¡Leonardo di Caprio no ha muerto! Está vivo, y a sus 96 años se precia de haber pasado por altos puestos ejecutivos en empresas como el Grupo Grancolombiano, la Caja Vocacional, Inscredial, Idema, Inravisión, Telecom y el Instituto de Seguros Sociales. Todo ello porque, desde la experiencia del Titanic, se ha hecho experto en hundimientos.

Quienes lo han conocido reconocen en él una mirada dispersa y una extraña adicción por asomarse al balcón con los brazos abiertos, gritando "¡¡Soy el rey del mundooooo!!" cada vez que suena una horrible balada de Celine Dion.

Un día de 1997 va a cine. Allí se da cuenta de que su amada también sobrevivió al naufragio y que ahora se ha hecho millonaria poniendo a llorar al mundo entero con el relato de lo acaecido aquella noche de 1912. Que no haya sido tenido en cuenta para participar de las ganancias, pone furioso a Leo. Desencajado, resuelve que es hora de que ocurra lo que debió haber pasado hace casi un siglo: ella debe morir ahogada. Su plan: hacer que trague un tarro entero de panderitos vallunos.

Pero antes de que eso ocurra, llega Rambo y los mata a todos.

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