Diosa es una divinidad absorbente: generosa, maternal, cariñosa, pero también terrible, vengativa y, para los ateos, manipuladora. Diosa lo puede todo, lo sabe todo, tiene un consejo y un consuelo para todo. Eso sí, hay que hacer lo que ella dice, o si no, nos exponemos a su cólera, y a los continuos reproches: nadie me hace caso, ya te lo advertí, me dejáis aquí sola, en el templo, me vais a matar a disgustos, sin acordaros de venir a verme... A Diosa no se le puede llevar la contraria, ni tampoco a sus sacerdotisas. Pero, a cambio, la felicidad que promete es absoluta.

Diosa es un misterio, muy especialmente para sus seguidores hombres, a los que no se les permite ser sacerdotisas, por mucho que en los últimos siglos un clamor cada vez más frecuente suplique que los varones no queden excluidos de los ritos secretos de su templo.

Para las sacerdotisas conservadoras, la razón por la que los hombres no pueden ser más que servidores de orden inferior es muy clara: ellos no pueden parir hijos, no transmiten la vida. Por lo tanto, no son de fiar, mariposean de un lado a otro esperando que una mujer los mantenga y les dé hijas que los conviertan en seres respetables a los ojos de la sociedad. Siempre al acecho de una mujer, no puede una fiarse de un hombre.

Para aquellas autoridades religiosas menos estrictas, los hombres merecen respeto; han abogado durante años para que obtengan los mismos derechos que las mujeres y, de hecho, gracias a su labor los hombres han conseguido el privilegio de votar en las asambleas familiares. Obviamente, queda mucho trabajo por hacer, y la opinión de un hombre no pesa, por muy políticamente correcto que sea decir lo contrario, lo mismo que la de una mujer.

Al fin y al cabo, el hombre puede pensar solo en una cosa a la vez, es capaz de un único orgasmo, tienen esa ridícula propensión a acicalarse demasiado y a competir como animalitos, y viven ridículamente poco. Se ha intentado de todo para que los varones se alimenten de manera adecuada, coman menos carne y más verduras, consuman menos alcohol y conduzcan a una velocidad sensata. Salvo algunas excepciones que son bien conocidas, con la mayor parte de los hombres esas medidas continúan siendo un fracaso.

Gracias a la mediación de las mujeres que creen en la igualdad, la situación de los varones ha mejorado mucho en los últimos años. Por ejemplo, se han abierto residencias para que cuando envejezcan y no sean capaces de conseguir la erección tengan algún sitio donde sean cuidados, alimentados, y donde puedan contar sus batallitas de juventud: allí juegan al fútbol, hacen golf, hablan de mujeres, beben y se dedican a sus absurdos hobbies masculinos. También la situación de los estériles y de los homosexuales ha cambiado, y ahora ya nadie pensaría en sacrificarlos, como antes. La sociedad ha madurado, y no considera ya que la labor principal del hombre sea fecundar mujeres. Los cazadores y los reproductores están relativamente bien valorados. Claro es que resulta preferible que no interfieran en el gobierno de la familia y de las naciones.

La Biblia de Diosa no fue dictada por ella, sino más bien recopilada a lo largo de muchos siglos. Hay algunas leyendas muy antiguas que dicen que en realidad, Diosa heredó la Biblia de Su Madre, y que ella la completó y mejoró. Luego se la entregó a las mujeres, con todas las enseñanzas necesarias: El manual para ser Madre, La receta del Guiso Divino, Trucos para borrar todas las manchas, Remedios para esos días difíciles, y, el libro más sagrado de todos: Preparación al parto sin dolor.

Las estudiosas de la Biblia han encontrado en ella la solución para gran parte de los problemas de la existencia. No hay nada que quede sin especificar. Las leyes para vivir dentro de la Ley de Diosa son sencillas: las mujeres tendrán cuantos hijos deseen sin arriesgar su salud, los tendrán cuando deseen y transmitirán su apellido a las niñas. Cuidarán de los niños con amor, también, aunque cuando tengan edad suficiente los entregarán a sus padres, para que se encarguen de ellos. Comulgarán con chocolate cuantas veces deseen, incluso varias al día. Solo los varones son valorados por su aspecto físico, porque las cualidades requeridas en una mujer son muy distintas: la inteligencia, la capacidad de gestión y de trabajo, la habilidad para el cuidado... Un hombre no puede negarse a acostarse con una mujer, si es elegido por ella, y lo cierto es que raras veces lo hacen. Un hombre debe bajar la tapa del retrete, y recoger su ropa mientras esté en la presencia de una mujer.

La inmensa mayoría de las mujeres viven en comunidades, aunque reciben la visita de los varones muy a menudo. Resulta mucho más práctico así: las tareas de la casa y del trabajo se comparten, las niñas están cuidadas y protegidas, y el mandamiento principal de Diosa, Hablarás de lo que sientes, puede llevarse a cabo sin ningún problema. Las sesiones de cotilleos, de belleza compartida, de risas y de lágrimas son, en eso coinciden todos los expertos, una de las razones por las que las mujeres tripliquen en esperanza de vida a los hombres.

Algunas mujeres han preferido llevarse a vivir con ellas al hombre con el que en ese momento se acuestan. Ese gesto, visto antes como una indignidad, y como una manipulación del hombre, al que de pronto se le solucionaba la vida, se recibe ahora con algo más de tolerancia. Ya se sabe que los hombres poseen mil tretas para salirse con la suya. Se enfurruñan, se comportan como niños, montan escenitas de celos, se pelean entre sí. Incluso (aunque Diosa lo dejó bien claro, los niños son de sus madres) pueden llegar al extremo de reclamar que los hijos que paren las mujeres les pertenecen a ellos, porque fueron quienes en ese momento donaron el esperma.

Algunas mujeres se encaprichan de sus hombres y defienden su derecho a vivir con todos sus descendientes, niños y niñas, en la misma casa. Creen que los niños deberían educarse como las chicas, que deberían aprender a leer y a escribir, en lugar de dejar que sus instintos se impongan. La mayor parte de la sociedad cree que formar en estudios a los varones los apartaría de su verdadera misión en la vida, y los feminizaría.

Diosa es una maravilla, la creadora del Cielo y de la Tierra, de toda la vida, de las Cuevas del Culto, de la palabra. Es quien nos ha dado los frutos, los animales, los ríos, que fluyen para saciar nuestra sed. Es la señora de la sangre, de la leche, de los seres pequeñitos. Nos ha enseñado compasión. Sabemos que Diosa no terminará con nuestro mundo, sino que observará con generosidad cómo el mundo, cada vez más fértil y más rico, más verde y más limpio, continúa creciendo y fortaleciéndose.

Respecto a los hombres, es cuestión de tiempo: sin duda, Diosa no puede ver con malos ojos que sus hijas e hijos se amen, se entiendan, se reproduzcan. Solo es la sociedad la que tiene que cambiar, porque en la Biblia, en las interpretaciones más abiertas, Diosa nos pide que nos amemos las unas a las otras.

PROHÍBESE EL EXPENDIO DE BEBIDAS EMBRIAGANTES A MENORES DE EDAD, EL EXCESO DE ALCOHOL ES PERJUDICIAL PARA LA SALUD.