La avalancha de la quiebra financiera en los Estados Unidos no respeta ni pinta ni profesión. Es un hecho: el cine gringo está quebrado y en Hollywood los dueños de los estudios, directores, productores y actores empezaron a empacar.

Spielberg se reunió con Hanks, este a su vez con Clooney y Cruise, y entre todos decidieron venderle el negocio a un grupo de inversionistas de una nación llamada Colombia. "¿The people of Columbia Pictures?", preguntó el cienciólogo de Tom Cruise. "Yes, Colombia", le contestaron los dos personajes que hicieron el negocio. El protagonista de Top Gun se sintió tranquilo porque todo quedaba en buenas manos.

Lo primero que se hizo fue darle ‘identidad‘ a la nueva plaza y para eso emplazaron unas letras gigantes en las laderas de Monserrate: CRIOLLYWOOD relucía de blancura durante la primera semana. Al siguiente lunes, una O había desaparecido, al jueves dos y al domingo, la W. Mientras, en algunas casas del barrio de invasión de al lado ponían puertas nuevas y sostenían sus tejas con las letras del maltrecho aviso.

Poco a poco la gente colombiana entendió que en el cine estaba el futuro y el dinero fácil. Así se crearon las grandes productoras como DMG, de la que era dueño David Metro Goldwyn, Paracamount Picture, Gente de Universal y Bellavista, la heredera de Disney, manejada por los reclusos de ese centro carcelario.

A las sedes de las productoras empezaron a llegar los portafolios de lo mejor del talento nacional. Kathy Sáenz buscaba el papel de un libreto que dejó a medio hacer Demi Moore (a ambas les decían ‘sarampión‘, ya que solo atacaban a los niños), Fernando Solórzano quería el de Liam Neeson para la segunda parte de la Lista de Schindler, y Rafael Novoa llevó un casco de piloto para hacer más realista su interpretación de Top Gun 2. Todos extrañaron a Naren Daryanani, pero el programa 20/20, que renació de las cenizas con Yady González como presentadora, informó que había sido encanado por tratar de robar en una tienda de ropa, en complicidad con Wynona Ryder.

Los paparazzis se hicieron más fuertes. Un tipo de apellido Varela junto a un enano vestido de negro al que apodaban el ‘Paparazzito‘ eran el terror de los actores. Este último se colaba por cualquier inodoro y fue el responsable de grabar videos sexuales de Lully Bossa y Ana Karina Soto, mientras que Varela fue encarcelado por grabar a Robinson Díaz depilándose los pelos de la espalda, a Marlon Moreno poniéndose canas y a Nicolás Montero con un pote de tintura roja que le sostenía Coraima Torres.

La vida frugal de la nueva meca del cine tenía su lado triste. No era raro ver a Virginia Vallejo competirle en escándalos a Elizabeth Taylor y a Rodrigo Obregón como inepto gobernador del Magdalena tras filmar Terminator VI.

Al frente de Unicentro, en el callejón que divide dos edificios donde funcionaban las oficinas de Jorge Barón, fue erigido el Hall de la Fama al lado de las huellas de Jimmy Salcedo, Claudia de Colombia e Isadora. Dicen que los restos de Luis Chiappe reposan bajo su estrella: el viejo se puso en cuatro patas, cayó en el cemento fresco y no hubo poder humano que lo sacara de ahí.

Esa misma noche, en el remodelado Teatro Patria se entregaban los premios India Catalina. Todo estaba a reventar y por primera vez Colombia era el verdadero centro de atracción mundial. Curiosamente, Íngrid Betancourt hizo su arribo en un flamante helicóptero blanco para entregar el premio a mejor actriz.

Al final no pasó mucho con Criollywood. El dueño de una de las productoras se voló con las estatuillas del premio India Catalina y la plata del sindicato de actores. Dicen que regresó a Los Ángeles, que se mueve en un Lamborghini y que hizo una alianza con Oliver Stone para contar su vida. Mientras tanto en Colombia todo volvió a la normalidad, y los mismos con las mismas asistieron a la première de Karma II con sus vestidos de Hernán Zajar, en taxi, y en medio del aplauso de los indigentes del centro de la ciudad.

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