La cita era en la sala de redacción de SoHo. El viernes 16 de enero de 2015, Karl Troller y yo llegamos a la hora estipulada para ver a cuál de los dos le iba mejor al solicitar un móvil un viernes en hora pico para ir hasta el aeropuerto. Él, en Uber; yo, en taxi. Como si se tratara de una competencia olímpica, los cronómetros se ponen en cero, a las 6:10 de la tarde, para arrancar ambos al tiempo.



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Mi primer intento, pedirlo por teléfono. Llamo al 2222111, que es uno de los números del Telecoper, que se pronuncia telecúper. Contesta una máquina con una voz masculina muy entusiasta, como de recreacionista, que me da la más cordial bienvenida y me dice que en un momento atenderán mi llamada. Como la dirección que identifica el aparato no era la correcta, pido que me comuniquen con una operadora que toma el dato exacto de la dirección, y me dice que espere. Acto seguido comienza a sonar una de las canciones que más veces he oído en mi vida. Aún más veces que Yesterday. Dice así: “Dos doscientos veintidós ciento once/ dos doscientos veintidós ciento once/ dos doscientos veintidós ciento once/ Telecúper/ El taxi de Bogotá”. Y luego, el motivador: “¡No pida un taxi! ¡Pida un Telecúper!”. Y dale otra vez “Dos doscientos veintidós ciento once…”.

Oigo (padezco) once veces el loop y ratifico lo que ya sé de antemano: solicitarle un servicio a Telecoper en hora pico puede llegar a ser más exasperante que el propio Sheldon Cooper, el insoportable protagonista de The Big Bang Theory. A los 9 minutos y 56 segundos de espera, la señorita me informa que no hay taxis disponibles en el sector.

Muy bien, entonces el plan B. Pedirlo por medio de una aplicación de celular. Es el turno de Tappsi. Son las 6:20. (Troller, que se fue en su Uber casi ahí mismo, ya debe estar abordando el vuelo a Fráncfort). En la pantalla del celular aparece un letrero poco esperanzador, aunque más que esperado un viernes después de las 6:00 de la tarde. “Hora pico. Pero hacemos lo posible por conseguirle un taxi”.

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A las 6:25, un anuncio más contundente: “Lo sentimos, nadie respondió a su solicitud. Es difícil que respondan en hora pico”. (A esta hora, Troller ya debe estar sobrevolando Cúcuta). A las 6:27, ensayo con Easy Taxi. Por un error de conexión el pedido sube a la nube a las 6:28. Da la misma. Dos minutos más tarde, y haciéndole honor a su nombre, Easy Taxi se va por la fácil: cancela el pedido.

Viene entonces el plan C, que consiste en pedir taxi en ambas aplicaciones, pero todavía sin ofrecer propinas ni señalar que es una carrera al aeropuerto. A las 6:33 me conecto. A las 6:36 cancela EasyTaxi, un minuto después cancela Tappsi.

El plan D, o penúltimo, el que antecede al último —que consistiría en tratar de parar un taxi en la carrera 11—, utiliza las dos aplicaciones y una llamada, las tres al tiempo. Ya son las 6:41 de la noche. (Troller ya debe estar sobrevolando la isla de Antigua). Vuelvo a llamar (esta vez al 5999999) y me conecto a las dos aplicaciones, pero esta vez le inyectamos alguito de doping: 2000 pesos de propina.

A las 6:42, antes de que contesten en el PBX del 5999999, confirma Andrés Pulido Ángel, de Tappsi. Anuncia que llega en cinco minutos. Sus placas son TUN 359. El GPS de la aplicación de Tappsi indica que está muy cerca y llega a la sede de Semana a las 6:45.

Para qué mentir o inventar, una vez en el taxi las cosas comienzan a marchar de manera normal. Tal vez porque es mitad de enero, porque a las 7:00 de la noche la intensidad de la hora pico baja bastante, o por ambas razones. La siguiente bitácora da cuenta de ello:

6:45. El conductor traza la ruta en Waze, una aplicación que muestra el estado del tráfico en calles y carreteras de todo el mundo. El programa calcula que llegaremos al aeropuerto a las 7:36. El taxi toma la carrera 11 hacia el sur, baja por la calle 73 y por la carrera 13 dobla al sur.

6:49. Llega a la esquina de la 13 con 72. La avenida Chile (o sea la 72), a pesar de sus semáforos y de ser hora pico, permite avanzar rápido.

6:53. El taxi llega al primer semáforo que se demora un largo tiempo en rojo, el de la carrera 24. Waze sugiere tomar la carrera 27C hacia el sur y luego bajar al occidente por la calle 68, que yo todavía recuerdo con horror, pues en mi infancia y juventud era una verdadera pesadilla de buses de Sidauto, Flota Blanca, Empresa Vecinal de Suba…

6:58. Don Andrés llega a la carrera 60 a las 6:58 y dobla hacia el sur.

7:00. Ya estamos en la avenida 63 con 60, en el Museo de los Niños. Waze cambia su pronóstico: llegaremos a las 7:26. Tomamos la avenida 68 al sur

7:04. El taxi debe detenerse en el acceso que comunica la avenida 68 con la avenida Eldorado. Es el primer trancón del recorrido. Dura tres minutos en recorrer los 200 metros que separan la 68 de la avenida 26 propiamente dicha.

7:10. Pasamos por el puente sobre la avenida Boyacá. El tráfico es lento, pero se mueve

7:14. Pasamos por el Puente Aéreo.

7:15. Llegamos a la puerta de salida número 7, donde Troller nos recibe con un caluroso saludo. En ese momento entra al terminal la tripulación del vuelo de Lufthansa.

Valor total del viaje, 25.000 pesos, propina de 2000 pesos incluida.


Vea aquí el video de UBER Vs un taxi en hora pico 

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Durante el recorrido le pregunté a Andrés si esa espera de casi una hora por un taxi y buscándolo mediante una combinación de todas las formas de lucha no se resolvería si se quita el pico y placa. Esperaba que contestara que sí, con una diatriba contra las autoridades competentes, y no. Contestó que debe mantenerse el pico y placa. “Sería tal la congestión de taxis que las vías colapsarían completamente. Bogotá sería una fila interminable de carros amarillos detenidos”.

Tampoco se declara enemigo de Uber. “Mientras no se legalice no son competencia. Uno los ve sin nada que hacer en las horas valle. Serán competencia cuando los legalicen, porque tendrán muchas ventajas, como no pagar el cupo tan alto que le exigen a un taxi amarillo”.

Andrés, por lo general, trabaja de día, desde la madrugada hasta las 10:00, 11:00 de la noche.

El experimento dio como resultado global un viaje de una hora y cinco minutos de duración. Troller había llegado apenas diez minutos antes, así que lo que se ahorró en la espera lo padeció en el recorrido.
 En taxi

- se demoró 32 minutos en conseguir taxi, llamando a dos pbx y usando dos aplicaciones diferentes.

- el taxi llegó en menos de tres minutos.

- consiguió taxi después de ofrecer propina de 2000 pesos.

- la carrera duró 30 minutos.

- valor de la carrera: 23.000

- cobro adicional: 2000 de propina

- valor total: $25.000

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