Los noventa: época complicada, en la que tuvimos que aguantar cosas tan terribles como la música trance, los tamaguchis y las presidencias de Samper y Pastrana. Tampoco fue una época del todo feliz para el cine, especialmente el infantil.

En los setenta, Hollywood nos alimentaba el miedo a la naturaleza con películas como Tarántulas y Tiburón. Pero en los noventa llegó lo políticamente correcto, y empezó toda una doctrina mediática de amistad con los animales que tuvo su punto mas bajo en la muy conocida Free Willy, traducida acá como Liberen a Willy.

Aquella historia de un niño y una ballena, que se hacen amigos debido a que los dos perdieron a su familia (!), es la culpable de varios daños irreversibles en las generaciones venideras. Veamos por qué.

Primero que todo está la cursilería. En esos años Hollywood hizo que aguantáramos momentos imperdonables como Leonardo DiCaprio gritando "¡Soy el rey del mundo!" en un barco, o Liv Tyler tocando una pantalla de televisión mientras su padre muere en la Luna. Pero todo arrancó con esa escena azucarada hasta la diabetes de la ballena saltando por encima del niño. Tan ridícula es, que programas como Los Simpson la han recreado de la mejor manera, haciendo que la ballena caiga sobre el niño.

Otro problema fue el engaño que esa película generó. El gancho para que el público infantil fuera a verla era un supuesto mensaje ecológico, que disfrazaba un product placement de todos los parques y acuarios norteamericanos. Algo así como "cuida la naturaleza, pero ven a Sea World".

Su tercer problema: Michael Jackson. La banda sonora de la película (la cual debieron comprar miles de niños en el mundo) incluye la canción Will You Be There del desaparecido cantante, cuya letra en un pedazo dice: Abrázame / Recuesta tu cabeza humildemente / suavemente después, valientemente /Llévame ahí.

Una movida de la que debieron arrepentirse los productores cuando un par de meses después a Michael lo acusaron de querer llevar "ahí" a varios infantes.

Pero tal vez lo más dañino de Free Willy es el hecho de tratar de decirles a los niños que pueden ser amigos de una orca y que nada les va pasar. Es cierto que las orcas no tienen un gran prontuario comiendo humanos, pero tampoco debe recomendarse a los niños que jueguen con ellas, y mucho menos convencerlos de que la ballena va a saltar sin problema encima de su humanidad.

Los niños que crecieron viendo Free Willy fueron engañados, pues les hicieron creer que todo ser viviente con apariencia tierna puede ser su amigo y es confiable, sin tener en cuenta que ese ser tierno puede traicionarlos en cualquier momento. Tal vez por eso la gente se estremece oyendo la dulce voz de Juan Lozano o viendo la pequeña presencia de Andrés Felipe Arias y vote por ellos cuando hay elecciones.

Yo me quedo con aquella película setentera llamada Orca, la ballena asesina: me parece mejor mostrarles eso a los niños y que de entrada sepan que en el mundo en el que van a vivir se van a encontrar animales peligrosos, cantantes que aunque tengan una suave tonada les pedirán que lleguen "ahí". Y a Juan Lozano. Si van a vivir horrorizados, que lo sepan de una vez.

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