Está demostrado que hombres y mujeres no somos iguales. Nuestros cerebros hacen las mismas cosas, pero están cableados en forma diferente y por eso pensamos, sentimos y actuamos distinto. Por esto mismo y a pesar de que hablemos el mismo idioma, nuestros lenguajes son diferentes. Esa es la causa de tantos desencuentros.

El tamaño de sus cerebros es mayor que el nuestro y aunque nosotras usamos regiones más vastas y por eso los aventajamos en habilidades verbales —de ahí la lora y la cantaleta—, en motricidad fina y en velocidad perceptiva, el de ellos está más capacitado para la concentración, para no distraerse en los detalles y encontrar prontas soluciones a los problemas.

Los hombres son más prácticos, más racionales, van directo al grano —o a la presa— y como las emociones afectan menos sus cerebros, tienden menos a la depresión. Si la novia los bota o la esposa los deja, hacen zapping rápidamente y calman la tusa de cama en cama o de bar en bar. No se echan sal en la herida, no se tiran a morir ni creen que llegó el final de sus vidas. El fútbol y la televisión son también una buena terapia de reemplazo.

Al fin y al cabo, desde el vientre materno, entre las dos y las cinco primeras semanas de vida, han recibido su programación biológica y un baño de testosterona que explica no solo por qué son más agresivos y competitivos, por qué tienden a buscar la satisfacción inmediata o rápida de sus deseos, sino por qué resuelven los problemas con mayor rapidez y se inclinan más por las actividades físicas.

Para acabar de completar el cuadro donde son evidentes las ventajas, la naturaleza los ha premiado con una exención vitalicia: no les toca pagar como a nosotras, condenadas a parir hijos con dolor desde que el mismo Dios expulsó Adán y a Eva del paraíso, la aburridora cuota mensual por cuenta del pequeño mordisco a la manzana prohibida. ¿Qué pasaría si cada mes, además de pagar la cuota de la hipoteca, debieran pagar esta otra? ¿Se imaginan lo que harían nuestros machitos con los síntomas del llamado PMS (síndrome premenstrual por sus siglas en inglés)?

Su fama de gallinas para el dolor y la enfermedad es legendaria. Convierten una taquicardia en síntoma de infarto, una gripa en neumonía, un dolor de estómago en cáncer, un dolor de cabeza en derrame cerebral… Imaginemos ahora un escenario masculino con regla incluida.

Si el cuerpo retiene líquidos y se hincha como un globo, galanes de telenovela como Diego Cadavid y Manolo Cardona obligarían a suspender las grabaciones. Si el humor cambia como cambian los semáforos, en cuestión de minutos, y la irritabilidad puede convertir en pantera al más manso, la doctora Elsa Lucía Arango no tendría más remedio que aumentarle la dosis de goticas de Rescate al presidente Uribe y el Comisionado de Paz , el psiquiatra Luis Carlos Restrepo, se vería en la obligación de ponerle una camisa de fuerza y de recluirlo en la Clínica Monserrat. De esta manera y además con las reservas de energía en cero, el Presidente les daría un respiro a sus colaboradores algunos días al mes.

Y si el PMS se caracteriza también porque la sensibilidad se exacerba y está tan a flor de piel que cualquier motivo es suficiente para aflojar la lágrima, Jorge Alfredo Vargas tendría que llevar muchas cajas de pañuelos al programa Nada más que la verdad, para secar los torrentes que produce oír tanta miseria humana. Pero además, en esos días, el organismo se convierte en una verdadera bomba hormonal y por eso se pierde el equilibrio físico y emocional, ¿se imaginan lo que les pasaría a los periodistas que trabajan bajo la dirección de Julio Sánchez en La W? Volaría m… al zarzo. Definitivamente, la naturaleza es sabia.

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.